MUERTE EN LA PUERTA 12

HORROR. La policia custodia un sector del Estadio Monumental convertido en depósito de cadáveres. El 23 de junio de 1968, se produjo la mayor tragedia de la historia del fútbol argentino. Nunca se encontraron culpables ni fue sancionado nadie.

HORROR. La policia custodia un sector del Estadio Monumental convertido en depósito de cadáveres. El 23 de junio de 1968, se produjo la mayor tragedia de la historia del fútbol argentino, a la salida de un River – Boca. Nunca se encontraron culpables ni fue sancionado nadie.

 

El 23 de junio de 1968, se produjo la mayor tragedia de la historia del fútbol argentino. 71 hinchas de Boca se asfixiaron en el Monumental. ¿Qué pasó, realmente?

 

Es el 23 de junio de 1968.
Amadeo Raúl Carrizo tiene 42 años, todavía es el arquero de River y lleva cinco partidos completos sin goles en contra. Usa una gorra como cábala, un buzo celeste con cuello y puños blancos, tan blancos como una buena parte de su cabello. Es un prócer, es “El Maestro”, aunque alguna vez llegó Gatti y le sacó el puesto, aunque Gatti siga en el club y River le haya comprado a Newell’s a Alfredo Gironacci. Carrizo es el titular y encabeza la formación de River el 23 de junio de 1968, en el Estadio Monumental, cuando un nuevo River y Boca llena de pasión la 17ª fecha del Metropolitano.
Los Millonarios llevan muchos años sin títulos. Boca no tantos, pero 1968 no es una buena temporada. River trajo al Zurdo López, al Chamaco Rodríguez y apuesta a la continuidad de algunos productos de las divisiones menores, como Morcillo, Dominichi y Montivero. Boca compró a algunos jugadores, como el brasileño Lima y el centrodelantero de Atlanta Jorge Fernández, pero juegan los de siempre: Madurga, Rojitas, el Pocho Pianetti, Gonzalito, el Negro Meléndez, Marzolini, Rattín, el Chapa Suñé, el Loco Sánchez y Roberto Rogel, ya definido como titular.
Por ahora es fiesta. Sale River y vuelan los papelitos de un lado y los silbidos del otro. El cuadro que dirige Angel Labruna posa para los fotógrafos, mientras Boca se asoma con Rattín a la cabeza. Las cargadas a Carrizo quedan por cuenta y orden de Rojitas, porque su viejo socio, el Beto Menéndez, se fue a Colón de Santa Fe a principios de temporada.
Rojitas corre, pasa por detrás de la formación fotográfica de River y le roba la gorra cabulera a Carrizo. El delantero de Boca corre como un poseído. Amadeo se ríe nerviosamente y le exige la devolución inmediata. Rojitas se mezcla con sus compañeros y, a esta altura, ya nadie sabe quién la tiene. Carrizo se desespera, Rojitas se burla. Está solo, nadie se engancha porque las burlas a Carrizo eran en medio de festejos boquenses. Y ahora, en 1968, Boca no tiene mucho para festejar. Tiene un equipo de buenos jugadores, pero no juega bien. Finalmente, un chico que alcanza la pelota le saca la gorra a Rojitas y se la devuelve a Amadeo. Ahora, el que posa para la posteridad es Boca. El árbitro Miguel Comesaña llama a jugar. Se mueve la pelota del medio y empieza el partido.

DOS GRANDES. Amadeo Carrizo es ayudado por Angel Clemente Rojas. Esa tarde, el grandioso arquero de River jugó por última vez el SuperClásico.Fue la figura del empate 0-0.  Tenía 42 años. Rojitas, en cambio, estuvo un tiempo más. En la cancha, había 90.000 personas. Nada hacia suponer la tragedia posterior.

DOS GRANDES. Amadeo Carrizo es ayudado por Angel Clemente Rojas. Esa tarde, el grandioso arquero de River jugó por última vez el SuperClásico.Fue la figura del empate 0-0. Tenía 42 años. Rojitas, en cambio, estuvo un tiempo más. En la cancha, había 90.000 personas. Nada hacia suponer la tragedia posterior.

Boca es mejor y Carrizo, con su gorra y su buzo celeste, juega un partido descomunal. Lo exige Madurga tres veces: primero, con un derechazo infernal que Amadeo saca volando sobre su derecha; después, el Muñeco llega por el medio y el gran arquero millonario le gana gracias a un vuelo hacia atrás. La última es la mejor: Madurga queda mano a mano con Carrizo. Amadeo levanta la mano y grita “!offside!”. Madurga compra y saca un tirito que Carrizo resuelve con un leve movimiento de su pie izquierdo.

Amadeo sólo se equivoca una vez: corta un pelotazo largo a Madurga y lo gambetea. En lugar de sacarla, la para y piensa en dársela a Guzmán. Pero está marcado y la opción es Zywica. En ese momento, Madurga llega a presionar al arquero, así que el pase sale largo y con destino incierto. Zywica queda corto y la recibe Pianetti, con Carrizo volviendo desesperado. El remate de Pocho se va alto. No hay más fútbol. Termina 0 a 0. Es el último clásico de Amadeo Carrizo. A fines de 1968, quedará libre y se irá a Colombia, a 23 años de su debut en la primera de River.
Llega la hora de irse. Se abren las puertas del estadio, se quitan los molinetes y la gente sale presurosa para tomar el colectivo. Hay algunas avalanchas, pero nada anormal. Es decir, nada que no ocurriera habitualmente en un estadio repleto.
La tribuna Centenario del Monumental, la que da a la avenida Figueroa Alcorta, está colmada de hinchas que inician el rito de la vuelta a casa. La escalera es empinada y tiene un descanso cada diez escalones. Por allí bajan muchas personas. Los molinetes no están desde los diez minutos del segundo tiempo, dice una versión. Se supone que la puerta está abierta. Es una puerta de las que hay en los ascensores, esas que se abren y cierran con un movimiento de acordeón.

“En un principio era una avalancha normal, pero después se acrecentó. Iba por el aire, sin tocar el piso. Algo empezó a salir mal. La avalancha se detuvo. Cada vez estaba más apretado. Había gritos de pánico, de mucho miedo. La gente que estaba abajo quería subir. Estábamos uno arriba de otro bajo una terrible presión que no dejaba respirar. Me caí y después me desmayé. ¿Cuál fue el motivo de la tragedia? Nunca lo conocí. Yo me salvé de milagro. Quizá gracias a la gente que me ayudó porque era el más joven de todos y porque la avalancha se detuvo cuando yo estaba en un recodo de la escalera. Apenas tenía 14 años. Nunca más fui a ver a Boca.”
Miguel Durrieu, 52, sobreviviente.

Los que bajan son hinchas de Boca. Cuando los primeros llegan al final del camino, ven que la puerta 12 del Estadio Monumental está cerrada, según esta misma versión. Muchas otras la contradicen. Juran que la puerta estaba abierta, pero que nadie retiró los molinetes. Intentan el regreso, pero los que llegan no pueden parar y los que están más arriba no saben lo que pasa allá abajo, entonces siguen bajando. Es una masacre. Los cuerpos que bajan aplastan a los de los que intentan subir. Hay gritos, hay llantos, hay colores humanos que empiezan a cambiar. Los gritos de algunos se transforman en lamentos y, posteriormente, en silencios. Algunos logran volver a la tribuna Centenario. Son los menos. Cuando la policía llega y abre la puerta (o quita los molinetes o deja de golpear con sus machetes), muchos cuerpos caen inertes, sin vida. Los escalones están pintados de blanco, pero ahora están manchados de sangre. La voz se corre, las radios hablan de una tragedia similar a la del Estadio Nacional de Lima de 1964. Y es igual. Gente que sale bajando por una escalera y una puerta que está cerrada y mata de asfixia.
Llegan Alberto J. Armando, el presidente de Boca y William Kent, el de River. Armando levanta a un conscripto vestido con el uniforme provisto por el Ejército y apenas respira. Es más, deja de respirar en los brazos de Armando. Kent habla por la radio. Jura que la puerta estaba abierta y que “la salida simultánea provocó un amontonamiento y al tropezar los primeros, se produjo una montaña humana”. Está equivocado. Alguien dejó la puerta cerrada (u olvidó de quitar los molinetes) y ese “alguien” es empleado de River. Kent sabe que en su club acaba de producirse la mayor tragedia del fútbol argentino.

HUELLAS. Esta montaña de zapatos quedó como mudo testigo de la tarde más sangrienta del futbol nacional. Se cumplen 47 años de "La Tragedia de la Puerta 12". Jamás se halló un culpable. Nadie fue sancionado.

HUELLAS. Esta montaña de zapatos quedó como mudo testigo de la tarde más sangrienta del futbol nacional. Se cumplen 47 años de “La Tragedia de la Puerta 12″. Jamás se halló un culpable. Nadie fue sancionado.

Contra la puerta, ahora abierta, quedan zapatos, sacos y bolsones como testimonio del drama. Y, también, como elementos que sirven para el penoso desfile de familiares.
La policía entrega un informe, que es el primero, único y definitivo: 71 muertos, todos por asfixia, y 66 heridos. Los cadáveres están en el patio de la Comisaría 33 para su reconocimiento. Los heridos son repartidos en los distintos hospitales de la Capital Federal. Los jugadores de Boca se pasan la noche recorriéndolos y dando apoyo a los heridos y a sus familiares. Para los otros, para quienes esperaban en casa a los 71 que murieron, no hay consuelo.
Comienzan a tejerse historias. Que los molinetes estaban colocados, que no, que la puerta estaba cerrada, que no. que la policia de Onganía reprimió a los xeneizes porque “cantaron la marcha peronista”. Nada de esto importa ya. Ni siquiera un River – Boca en una invernal tarde de sol y multitud. Tampoco el 0-0 ni el record de Carrizo.
Apenas la sonrisa de un chico de 13 años que se había colado en la tribuna Centenario y que, aburrido, decide irse a la popular. Salta hacia otra tribuna jugándose la vida, porque debajo de él hay sesenta metros de caída libre. Pero lo consigue y alienta a Boca con la gente de Boca. Cuando todo termina, mete las manos en los bolsillos y se va por una salida distinta a la que le había servido de entrada al estadio. No sale por la puerta 12, sale por otra. Más tarde, se entera por los diarios de que se había salvado de morir sin que lo supiera.
Después, se saben los nombres y el apellido del pibe de 13 años que saltó a la vida.
Se llama René Orlando Houseman…

VICTIMAS DE LA TRAGEDIA DE LA PUERTA 12

(Entre paréntesis, la edad que tenían en el momento de la muerte)

Acosta, Omar Adolfo (18); Aguirre, Juan Domingo (17); Alanís, Jorge Roque (21); Albarracín, Pedro (17); Alderete, Roberto César (18); Arce, Eduardo (13); Bonfanti, Héctor Horacio (20); Brancato, Gustavo Aurelio (17); Burgo, Hugo Marco (17); Bustamante, Héctor Segundo (17); Cadera, Carlos (20); Caruso, Néstor Daniel (15); Cuader, Fernando (18); De Luca, Luis Alberto (20); Durán, Rubén Oscar (17); Espinoza, Jos‚ A. (19); Fernández, Paulino (27); Fernando, Juan Horacio (31)Ferni, Julio (15); Ferraril, Julio César (17); Gaete, Irineo (35); Galindo, Néstor (nunca se suministró la edad); Gallo, Julio César (14); García, Luis Alberto (15); Gianolli, Herminio Francisco (32); Goiello, Juan Ricardo (17); Gómez, Carlos Alberto (24); Gómez, José Martín (nunca se suministró la edad); Greco, Benedicto (15); Gugini, Carlos Alberto (15); Iderman, Jorge Hugo Chana (20); Jara, Juan Carlos (14); Landrini, Antonio (18); Ledesma, Ramón Sorpicia (17); Leguizamón, Juan (24); Lezcano, Ramón Esteban (16); Luna, Agustín Cándido (nunca se suministró la edad); Mansilla, Jorge Ernesto Rubén (21); Martini, Alberto Osvaldo (18); Mercurio, Eduardo Oscar (nunca se suministró la edad); Messitti, Roque (26); Mojica, Angel Daniel (nunca se suministró la edad); Montalva, Jorge Alberto (20); Morando, Luis Alberto (23); Moreira, José Ismael (22); Morel, Pedro Ricardo (16); Muñiz, Ricardo Oscar (15); Ochoa, Rubén (17); Paillini, Rodolfo Antonio (nunca se suministró la edad); Pereyra, Domingo (20); Quintana, Alfredo Aldo (31); Quintero, José Ramón (nunca se suministró la edad); Quirós, Delfino o Rufino (26); Raggi, Omar Miguel (20); Ranello, Héctor Omar (23); Ruiz, Raúl Oscar (15); Santoro, Mario Héctor (23); Silva, Rubén Eduardo (15); Simón, Jorge A. (17); Sittner, Juan Aurelio (18); Soria, Rubén (20); Sosa, Elio Baldemar (24); Suárez, Luis Crescendo (nunca se suministró la edad); Sueldo, Delfo Jes£s (26); Tamburello, Antonio Omar (25); Toledo, Nicasio Antonio (24); Toledo, Francisco (19); Treppini, Juan Francisco (27); Troppini, Antonio (29); Von Bernard, Guido Rodolfo (20); y Zugaro, Leopoldo Fernando (35)

 

1 comentario

  1. enrique BARATTA

    Hay una versión , ne la que debe haber un error de tipeo , la edad de sergio, 52 que dijo tener 14 años, debe ser 62, porque yo tenia 16, tengo 64 y los molinetes estaban abiertos y la puerta también, es mu y detallada la sintesis pero la pelea desigual de la policia con la gente de Boca que bajó primero, la amenaza de un oficial supongo hacia la popular de boca minutos antes de la tragedia, haciendo señas y gestos con la mano hacia la gente que afuera les cortaban la garganta fuern el primer eslabon, sumado a avalanchas por querer salri repido d gente que venia detras, yo estaba en el medio con un compañero de colegio que gfallecio asfixiado, ocurrio que la primera parte de lagente agredida huyó mucha hacia arriba de la misma escalera y la que quedamos en el medio fuimos hechos sanwiches por la deseperacion entre ellos y los que empujaban de arriba.

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