29 de octubre de 2020
EL LLANERO SOLITARIO. Leo Messi llega a la pelota y ejecuta el penal que nos dio la victoria 1-0 ante Ecuador. Fue la única vez (dato, no opinión) que Messi pisó el área rival. Independientemente de la victoria –necesaria, valiosa– el partido contra los de Alfaro nos dejó con la certeza de que la Argentina, por ahora, es un cúmulo de futbolistas que no son cracks (salvo Leo, claro), que no tiene identidad y que la resolución de este dilema está en manos de un Cuerpo Técnico inexperto. Ojalá el camino a Qatar sea más llano que el de Rusia.

Las Eliminatorias son históricamente traumáticas para Argentina. Tal vez, lo eran mucho más cuando la ida o no a un Mundial se resolvía en un mes y en cuatro o seis partidos. Y si en ese mes los futbolistas no estaban en su mejor versión, el viaje al máximo certamen podía ser un sueño frustrado. Nos quedamos afuera del Mundial 70, sufrimos horrores para ir a los del 86 y 94. A partir de las Eliminatorias para el Mundial de 1998, es un torneo de todos contra todos y en dos ruedas, como no quieren hacer el torneo local los dirigentes del fútbol argentino y, si bien parece más accesible para las Selecciones más poderosas, la realidad es que también tiene su complejidad. Al durar 18/20 meses, las Selecciones mutan sus composiciones según el nivel de los futbolistas, lesiones o edades. Entonces, armar un equipo definitivo, al comienzo, parece una utopía.

Sin embargo, y a diferencia de otras camadas, los tiempos de los “dos o tres por puesto” han terminado. Salvo el caso puntual de Angel Di María (por ahora, el Kun Agüero no entra porque se está recuperando de una operación) o, acaso, Enzo Pérez o Nacho Fernández, no hay futbolistas afuera que generen discusiones acaloradas, como en su tiempo fueron el Beto Alonso, Ramón Díaz, Caniggia, Riquelme, Saviola o Tevez. Ningún jugador seleccionable que no sean los mencionados está viendo las eliminatorias por televisión. Los que tienen que estar, están en el predio de Ezeiza esperando el lunes 12 para viajar a Bolivia. No sobra nadie. No nos sobra nada.

De ningún modo esto es condenatorio –y, mucho menos, pretende serlo– para los futbolistas actuales, pero si es un llamado de atención para nuestras estructuras. La conformación (o reconstrucción, depende de dónde partamos para el análisis) de una base de trabajo en juveniles para que, como ocurrió en tiempos de Pekerman, los futbolistas lleguen a ponerse la camiseta de la Selección Absoluta después de haber hecho la escalera correspondiente que comenzó no hace mucho con el Bocha Batista, Diego Placente y Pablo Aimar, si el trabajo es bueno, deberíamos empezar a ver las primeras señales recién después de Qatar 2022. Antes, sería acelerar procesos inútilmente, excepto que haya un Maradona o un Messi.

CARRERA INVERTIDA. Contrariamente a lo aconsejado, Leonel Scaloni comenzó su carrera de entrenador donde el resto de los entrenadores la culmina o llega a su pico. Fue muy hábil para salir indemne del desastre de Rusia 2018 y se acercó en silencio a Chiqui Tapia. Se quedó con el cargo, hizo una limpieza del ciclo anterior, tuvo problemas personales con Agüero y Di María y todavía no logró darle identidad al equipo. Durante las eliminatorias, tratará de construir su perfil de entrenador y un equipo confiable.

También es un llamado a la realidad para periodistas, ex jugadores, entrenadores y demás actores periféricos que siguen creyendo que en la Argentina aparecen grandes fenómenos en cada potrero y que, con eso, ya estamos bien. Del estupendo trabajo de Pekerman y Tocalli, sólo quedan Messi (sin Tocalli y Vivas, estaría jugando para España), Di María y el Kun. Los que llegan ahora no tienen trayecto en juveniles, salvo Tagliafico. Siempre exceptuando a Leo de cada consideración, en este caso a los futbolistas de River y Boca, a Leandro Paredes y a Paulo Dybala, Argentina no tiene en su Selección futbolistas en los clubes más importantes de Europa. Y, en algunos casos, ni siquiera son citados por los entrenadores para los partidos del fin de semana.

En la lista confeccionada por Scaloni para este turno de Eliminatorias ante Ecuador y Bolivia, están, por ejemplo, Nehuén Pérez, Exequiel Palacios, Alexis Mac Allister y Juan Foyth. Ninguno de los cuatro jugó en lo que va de la temporada. Buscando alguna continuidad, Pérez fue dado a préstamo del Atlético de Madrid al Granada y Foyth pasó del Tottenham al Villarreal. A Mac Allister le está costando más de lo pensado hacerse un lugar al menos en el banco del Brighton y a Palacios, le ocurre lo mismo que a Alexis en el Bayer Leverkusen. La pregunta (y con mucho temor a la respuesta) de por qué dos futbolistas que se destacaron mucho en los dos clubes principales de la Argentina, como Mac Allister y Palacios, no tienen lugar en clubes de segundo y tercer orden de ligas importantes como la alemana y, sobre todo, la inglesa. Paulo Dybala tampoco tiene minutos en la temporada, pero esto es por lesión, no entra en el casillero que contiene a los cuatro anteriores.

EXTREMOS QUE NO CIERRAN. Lucas Ocampos (arriba, en disputa con Pervis Estupiñán) y Marcos Acuña (abajo, marcado por Alan Franco) fueron los extremos del equipo de Scaloni, en el 4231 o 442 que pretendió llevar adelante el entrenador argentino. Ocampos, diestro, fue a la derecha y Acuña, zurdo, a la izquierda. Jugar sobre los sectores coincidentes con sus piernas hábiles les quitó posibilidades al equipo de tener juego interno para unirse a Messi y Lautaro Martinez y de abrir espacios para Montiel y Tagliafico. Ocampos podría haber ido sobre la izquierda, aunque Acuña no acostumbra jugar sobre el sector opuesto a su condición de zurdo. Claramente, el DT equivocó el camino.

Nicolás Otamendi tiene una experiencia invalorable en la Selección, pero tuvo muy pocos minutos en sus últimos tiempos en Manchester City y llegó al partido con Ecuador recién debutado en Benfica, su nuevo destino. Esto se notó en la inusual cantidad de malos pases que dio en el segundo tiempo, sobre todo. Germán Pezzella pasó de capitán a suplente en la Fiorentina, pero la buena noticia fue el nivel de Lucas Martínez Quarta, recientemente transferido al club violeta de la ciudad de los Médici y recomendado por Daniel Passarella a Giancarlo Antognoni. Otros suplentes en sus clubes son Giovanni Lo Celso (Tottenham), Lucas Alario (desde siempre, Bayer Leverkusen) y Nico Domínguez (Bologna, en las últimas dos fechas no fue opción de ingreso para el DT Sinisa Mihajlovic). Como contrapartida, el tucumano Joaquín Correa es una de las puntas del 442 que juega la Lazio y Marcos Acuña está recién llegado al Sevilla desde el Sporting de Lisboa a cambio de 12 millones de euros, en lo que es un estupendo salto de calidad en su carrera. Lucas Ocampos está en Europa desde 2012 y tiene gran presente en el Sevilla. Otro de excelente actualidad es Alejandro “Papu” Gómez, referencia absoluta del histórico Atalanta de Gian Piero Gasperini.

Leandro Paredes parece ser el jugador fetiche de Leonel Scaloni. Estuvo en 21 de los 23 partidos que lleva el ciclo del bisoño entrenador. El ex volante de Boca y la Roma es un futbolista de notables condiciones: tiene excelente pase hacia adelante, prodigiosa pegada, amplio panorama. En su trayecto europeo, fue a préstamo al Empoli en la temporada 2015/16. Allí, el entrenador Marco Giampaolo (hoy DT del Torino), viendo que para ese fútbol le faltaba intensidad para jugar entrelíneas, optó por retrasarlo y ponerlo de frente. “Tiene todas las condiciones para ser un creativo con marca y razonamiento, como Pirlo”, dijo Giampaolo alguna vez. Fue decisivo en su carrera. Paredes pasó de ser un enganche criollo (o trequartista italiano) a convertirse en un volante más completo, ocupando lugares y cumpliendo funciones que no le eran habituales y que fue resolviendo, aún con dificultades. Si bien en el Paris Saint Germain es habitual suplente del talentoso Marco Verratti, la lesión que arrastró el italiano en los tramos finales de la Champions permitió que Paredes ocupara un sitio entre los once. Aquí hay un punto de discrepancia con Scaloni, no ya conmigo, sino con Thomas Tuchel, el entrenador del PSG. Paredes no juega como único volante central, sino que tiene el respaldo de Marquinhos, futbolista con amplias capacidades de recuperación aprendidas en su origen de defensor central. Marquinhos libera a Paredes, el pibe argentino no se ve obligado a disfrazarse de Mascherano o del Tolo Gallego para arrastrar la cola por el pasto y salir airoso de una dura disputa de pelota. Cada vez que se pone las ropas de los viejos “cincos”, lo amonestan, golpea, se mete en líos o, como le ocurrió en el clásico con el Olympique de Marsella, termina expulsado. El inconveniente que tendría Scaloni en caso de intentar imitar la idea de Tuchel es que la Argentina no tiene volantes de contención como Marquinhos. No los tiene en la lista y habría que buscar con una lupa gigante en el menú. Aquí es donde surge el nombre de Enzo Pérez con luces de neón. El futbolista de River tiene gran experiencia en Europa, en Selección y maneja el puesto de volante central con gran capacidad y muchas variantes. Podría ser un gran respaldo para Paredes, aún con sus 34 años.

En la Selección Argentina, Paredes jugó muchas veces de único volante central —mediocentro, como le gusta decir a la cátedra, a pesar de que “medio” y “centro” es la misma cosa– y, si bien contra rivales chicos sirve porque nos atacan poco, a la hora de pararnos frente a un adversario con ciertos kilates (Alemania y Brasil, por caso) su falta de capacidad de recuperación queda demasiado expuesta. Debe ser por esto que Scaloni decidió inventarle un esquema y un socio, Rodrigo de Paul. Durante el período de transferencias, se habló de pases de De Paul a la Juventus de Pirlo y al Leeds de Bielsa, pero nada sucedió y se quedó en el Udinese derrotado en las tres primeras fechas de la Serie A. En la caída de su equipo 0-1 ante la Roma del sábado 3 de octubre, De Paul fue interno derecho en una línea de cinco volantes. Buscándole parentesco a la posición de doble interno que ocupó en el debut de la Selección Argentina ante Ecuador, se podría decir que jugó de lo mismo, pero hubo dos cuestiones fundamentales que dejaron al equipo nacional sin juego y muy espeso, sin trascendencia. El primero de estos errores fue la altura de los internos. Paredes y De Paul jugaron a la misma altura, a diferencia de lo que hicieron Marquinhos – Paredes o, más atrás en el tiempo, Frings – Ballack en la Alemania del Mundial 2006 y Braña – Verón en el Estudiantes Campeón de América 2009. Es uno detrás –el más combativo– y otro un poco más adelante, el que puede generar juego y dar pases hacia adelante.

Hubo un sector desierto, a la derecha de Carlos Gruezo, el volante de contención ecuatoriano, que la Argentina no ocupó jamás. Paredes no abandonó su posición central, De Paul se estacionó sobre la derecha, los extremos nunca se cerraron, Tagliafico se encimó con Acuña, Messi se ubicó cerca de De Paul casi hasta la sobreposición y todo esto junto derivó en un andar ineficaz de principio a fin que el entrenador no pudo o no supo resolver. En esta falta de juego asociado, en el error de que jugara Acuña y no un diestro, en el dislate de que los extremos jamás se cerraran para abrirle caminos a los laterales o para tener juego interno y que Lautaro Martinez y/o Messi no fueran víctimas de todo esto, estuvieron las razones de una actuación que no levanta la aguja en el sobrevalorado ciclo de Scaloni. En el Atalanta, Papu Gómez (32 años, pura actualidad, Campeón Mundial Juvenil 2007 en Canadá con el Kun Agüero, Di María y Banega) es el enlace, pero su punto de partida es las izquierda. Su condición de diestro hace que ese sea el inicio del juego interno del muy buen equipo de Bérgamo. Pero, a pesar de ser uno de los mejores futbolistas del torneo italiano, es difícil obtener similar rendimiento en la Selección si lo que hay alrededor no es un funcionamiento tan armónico y aceitado como tiene el Atalanta. Generalmente, no pueden trasladarse piezas sueltas de una maquinaria exacta a una que está en pleno armado, pero el ex volante de Arsenal y San Lorenzo no tuvo minutos con Ecuador y nos quedamos con la intriga sobre si Papu pudo haberle dado cierto desahogo a las incomodidades de Lautaro Martínez y Messi. Hubo muchas pruebas, un tercer puesto en la Copa América de Brasil que fue vendido como la gran cosa y no superó los cinco puntos de rendimiento y, todo esto, con jugadores que no brillan y un entrenador debutante. El fútbol entrega muchas cuestiones ilógicas y, tal vez, de todo esto salga un equipazo. Sería cuasi milagroso, pero está Messi y se lo ve, por lo menos hasta ahora, comprometido, sin berrinches y empático con la conducción técnica y sus nuevos compañeros.

ARMANI ES EL ARQUERO. Si bien en la conferencia de prensa el DT Scaloni dijo “el arquero siempre fue Armani”, la verdad es que hasta el día anterior tenía pensado que jugara Emiliano Martínez y, de hecho, fue el titular en los trabajos con pelota quieta. Al día siguiente, apareció jugando el arquero de River. Nada hizo Armani para perder el puesto. Hubiese sido injusto que quedara relegado. Acaso le juegue en contra su edad (cumple 34 años el 16 de octubre), pero es un arquero confiable y en gran nivel.

El comienzo fue con victoria y eso está bien, acaso sea lo único para resaltar. Llega un partido con Bolivia en El Techo del Mundo, los 3.500 metros de altura de La Paz y, por un enojo de Scaloni, no está Di María, finalista de la Champions hace un par de meses y con una adaptación a la altitud como ningún otro futbolista argentino en la historia. Nos damos un lujo insólito en un momento en el que juntamos las monedas para llegar a fin de mes.

La camiseta de la Selección Argentina es muy grande y, a pesar de que las estrellas sobre el escudo son sólo dos, su historia es gloriosa. Todos debemos entender esto y, a partir de ahí, construir con humildad, sabiendo que no nos sobra nada, ni siquiera para ganarle a Ecuador o jugar contra Bolivia. Tenemos un Cuerpo Técnico inexperto y pocos futbolistas que tengan el nivel de los que supimos tener del 78 al 2016. Hace falta idoneidad, trabajo, paciencia, humildad, adaptación de sistemas a los jugadores que hay y no al revés.

Todos queremos que gane la Selección Argentina, pero también deseamos que sus victorias lleguen de la mano de un buen trabajo y un entrenador lúcido. Todavía no ocurrió nada de esto y las Eliminatorias ya empezaron. Es hora de abrir los ojos y darse cuenta dónde y cómo estamos.

Diego Chavo Fucks

Diego Chavo Fucks

Me llamo Diego Fucks, pero me dicen Chavo. Soy periodista de medios gráficos, radiales y televisivos desde 1982 y mi especialidad es el fútbol. Me encontras en: TELEVISIÓN Conductor de Tarde Redonda por FOX SPORTS de Lunes a Viernes de 17hs a 19hs. Columnista de 90 Minutos de Futbol por FOX SPORTS de Lunes a Viernes de 13 a 15hs RADIO Conductor de Rezo Por Vos de Radio Nacional AM 870 y Nacional Folklorica FM 98.7 de Lunes a Viernes de 9 a 12hs. LIBROS Eliminatorias 98, un camino largo y sinuoso (1997) Editorial Alfaguara El Libro de Boca (1999) Editorial Alfaguara El Libro de River (1999) Editorial Alfaguara Duelo de Guapos (2005) Distal Libros y Pensado Para Televisión. Tévez, La verdadera historia (2016) Ediciones B. Jugados (2000) EUDEBA -coautor- Esta página la he creado para que podamos comunicarnos mas asiduamente, para poder compartir mi trabajo con vos y que podamos, vos y yo, disfrutarlo. Podes opinar, sugerir y hacer consultas desde aquí. ¡Gracias por estar… una vez mas!

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