ARGENTINA TIENE UNA SELECCIÓN GRANDE

DI MARÍA. La gran figura argentina en Düsseldorf. Fue el desequilibrio perfecto sobre la endeble estructura alemana.

DI MARÍA. La gran figura argentina en Düsseldorf. Fue el desequilibrio perfecto sobre la endeble estructura alemana.

Recuerdo haber escrito antes de la final del Mundial (ver “El Corazón Tiene Razones”), que Argentina había presentado un equipo a la altura de las circunstancias y que, ganara o perdiera la final con Alemania, había hecho un excelente torneo. Reforcé la idea cuando, después de la pena por la derrota, vi el desarrollo de la final.

En general, hay un análisis, arrollado por la hipocresía y marcado por ciertos discursos edulcorados, fáciles de comprar. No hay casi ni qué pensar. “Agarrá la pelota y jugá”. Genial. No dicen dónde hay que “agarrarla”, no dicen dónde tenés que pararte para “agarrarla”, no dicen cómo jugar cuando la tenés. Te dicen “hacé circular la pelota” (¿Hacia dónde? ¿Por dónde?¿Con quiénes?), “jugá” (???), “rompela”, “tenela”, “metela”. Pero son fanáticos del resultado, aunque digan lo contrario. “Había que ganar la final”, repiten. “Hoy no sirve”, sentencian. Justamente, son los que más hablan del “juego” y llaman “resultadistas” a quienes creemos que a este deporte se juega con arcos. Y con dos arcos: el que tengo detrás y el “de enfrente”. Sólo eso. A partir de ahí, que cada uno escoja su manera de jugar y que lo haga lo mejor que pueda. La historia del fútbol demostró cientos de veces que todas las formas, bien hechas, sirven. Sólo que algunos, a veces, repiten fórmulas setentistas muy gastadas y otros repiten discursos también setentistas que son de gran impacto, pero tienen la consistencia de un flan.

Otro de los problemas serios es que hay muchas opiniones sobre un hecho supuesto, nunca real. “Con Tévez éramos campeones del mundo”. No digo que no, pero tampoco que sí porque eso no pasó. Tévez no jugó el  Mundial, Argentina lo perdió y recién en cuatro años, Carlitos podría tener (podrííííía tener) la posibilidad de jugar la Copa del Mundo. Pero este hecho no sólo es incomprobable, sino que saltean –dejemos claro que Tévez es un jugador notable, de elite– que el futbolista de Juventus ya jugó dos Mundiales y que la Argentina en ambos no pasó Cuartos de Final. No es que Tévez haya sido culpable, pero su presencia no evitó el fracaso. Y que jugó una Copa América y no sólo no la ganamos, sino que Tévez la jugó mal y se quitó responsabilidades en el naufragio del conjunto. O sea, no sabemos si con Tévez hubiésemos ganado el Mundial. Tal vez sí, tal vez no. Es incomprobable. Sin embargo, hay periodistas e hinchas que siguen analizando el fútbol sobre las ausencias y lo que ellos creen que pudo haber pasado.

LAMELA. Festeja su primer gol en la Selección Mayor. A su lado, sufre Ginter. Coco es uno de los jugadores de mayor proyección del equipo, pensando en su desarrollo de aquí al Mundial 2018.

LAMELA. Festeja su primer gol en la Selección Mayor. A su lado, sufre Ginter. Coco es uno de los jugadores de mayor proyección del equipo, pensando en su desarrollo de aquí al Mundial 2018.

El primer tiempo de Argentina fue estupendo. Es cierto que compartió la posesión, que sufrió llegadas profundas del equipo alemán, pero tuvo un carácter, un nivel de compromiso y una salida en velocidad que asombraron. Di María está emperrado en jugar todos los partidos como el de ayer porque tiene cierta herida en el corazón que tarda en cerrar. Fideo acaba de ganar una fortuna en una transferencia record y, sin empargo, reacciona por su orgullo herido por una salida del Real Madrid en la que fue destratado. Entonces, jugó el partido contra Alemania atacando dos frentes: 1, resarcir –al menos en parte– la pena de no haber podido jugar la final por lesión, pese a haber hecho un esfuerzo más allá de lo posible en el último entrenamiento antes del partido de Maracaná del 13 de julio, llevado a cabo en el estadio Sao Januario la tarde anterior. Di María se esforzó al máximo para poder jugar, pero notó que no estaba ni siquiera mínimamente en condiciones y se corrió. 2, demostrar en todos y cada uno de los partidos que juegue que el Madrid se equivocó en dejarlo ir, más allá de las cifras de su transferencia. No se trata de plata este asunto.

En la noche maravillosa de Düsseldorf, las cosas estuvieron claras de entrada. Como con furia, el número 7 argentino se lanzó como un león enjaulado sobre las últimas posiciones de Alemania. Curiosamente, Argentina volvió a hacer diferencia sobre el sector izquierdo de la defensa local. Esta vez, no hubo ningún Lavezzi ganándole a Howedes, pero el camino que el cambio erróneo de Sabella (Agüero por Pocho) en Maracaná dejó trunco, lo retomó Di María, cargándose a Erik Durm, joven lateral izquierdo del Borussia Dortmund al que la prensa alemana trituró con las críticas.

Los jugadores de la Selección fueron llegando entre el domingo 31 y el martes 2 a la madrugada, cuando llegó Mascherano a las casi 3 de la mañana desde Roma, por el “Partido de la Paz”. O sea que recién el martes a la tarde Martino pudo juntarse con la totalidad de los futbolistas citados, incluídos los llamados de urgencia Nico Gaitán y Erik Lamela.

MARTINO. Debut absoluto en la Selección, escasisísimo tiempo de entrenamiento. Así y todo, pudo darle cierta pincelada propia a un equipo que, en el primer tiempo y comienzo del segundo, barrió con Alemania.

MARTINO. Debut absoluto en la Selección, escasisísimo tiempo de entrenamiento. Así y todo, pudo darle cierta pincelada propia a un equipo que, en el primer tiempo y comienzo del segundo, barrió con Alemania.

Pese a todo, el equipo tuvo cierto dibujo “tatesco”. Los cuatro del fondo, los dos cincos, los tres volantes – delanteros, el punta que se junta con esos tres volantes – delanteros. Es un esbozo de lo que el Tata Martino propuso en Newell’s. Un 4-2-3-1 muy elástico, con gran movilidad. Empezó con Lamela (derecha), Enzo Pérez (centro) y Di María (izquierda), pero la indicación fue clarísima: “Si aparecen en lugares cambiados, no importa. Sigan así. Sólo pido que el que vaya por el medio tome al volante más defensivo de ellos, que es Kramer y que el de la derecha vaya con Kroos”. La indicación de Martino fue cumplida al pie de la letra en el primer tiempo, cuando el partido fue partido y la Argentina vibró al compás del brutal ritmo de Di María. Justamente, Fideo se cambió de lado y se instaló en la derecha, mientras que Lamela (jugador de condiciones increíbles que comenzará a crecer y se irá ganando un lugar en el equipo) fue del otro sector. En el primer gol, Di María puso un pase de ciencia ficción para que el Kun Agüero metiera el famoso “gol de goleador”. El segundo tuvo a los dos juntitos en la definición. A Angel frenando, levantando la cabeza, mirando, eligiendo a Lamela con un pase milimétrico y a Erik metiendo el pie con enorme categoría y derrotando a Neuer.

A Martino le gusta salir jugando, que el cinco –Mascherano o Biglia, que cometió algunos errores en la salida– se meta entre los centrales para recibir (lo hacían Bernardi o Mateo en “su” Newell’s), que los volantes aseguren el destino de la pelota, que tengan movilidad y dinámica y que,a la hora de recuperar, no dejen solos a los del medio. También avisó en la conferencia de prensa del día anterior, cuando –a sabiendas de los bueyes periodísticos con los que ara– coqueteó con que iba a jugar 4-3-3. Al conocer la formación, entendimos que Martino dio ese esquema para que no lo fastidiaran con preguntas de otro tiempo. Era un 4-2-3-1 que, entre tanto movimiento, podía convertirse en un 4-3-3 o en algún esquema aún más atrevido. Además, hay que pensar que no estuvo Messi (“lo quiero jugando en la derecha. Se lo dije en una conversación que tuvimos hace tres semanas. Es ahí donde me gusta que juegue Lío”, me dijo el Tata) y que aún resta recuperar a Higuaín.

También quedó clara una sentencia de Martino que a muchos les pasó por alto: “Cuando uno presiona muy arriba, las consecuencias suelen ser fatales. Trataremos de aprovechar el potencial, pero con equilibrio”. En Düsseldorf no presionó “muy arriba”, pero tampoco marcó bien cuando el equipo atacó y sufrió con algunas réplicas veloces de los alemanes, esencialmente cuando el ataque lo manejaba Reus. 

Del segundo tiempo quedan los primeros cinco minutos y el golazo de Di María. En ese momento, era un 4-0 tremendo. Pero Augusto Fernández entró por Enzo Pérez, enseguida se contracturó y terminó desgarrado. El equipo de Martino jugó casi todo el complemento con uno menos. De ahí el dominio alemán y el achicamiento de la diferencia.

Al que pensó que los alemanes “tienen la copa y no les importa nada”, no sabe cuán errado estuvo. Cuando apareció el equipo nacional, el estadio lo aplaudió de pie. El reconocimiento del público alemán fue muy emocionante para los pocos argentinos que estábamos en el Esprit Arena. Otro dato de la cordialidad con que nos recibieron fue el silencio impactante en el minuto de homenaje a Julio Grondona, sólo cortado en algún grito argentino lejano.

Toda esta cortesía para quienes nos sumamos a su fiesta terminó en el segundo tiempo, cuando Argentina ganaba 4-0 y amenazaba con un quinto. Silbaron a los jugadores argentinos que caían, abuchearon el cambio de Andujar por Romero por entender que era una pérdida de tiempo, insultaron mucho a Mario Gómez por los goles que erró, vibraron con los ingresos de Müller y Götze y se fueron enojados con sus jugadores. El diario Bild, en su sección deportes, tituló: “Lo único bueno es que somos campeones del mundo”. Y en el desarrollo de la nota del partido fueron durísimos con los jugadores y hasta con el técnico Joachim Low.

3-0. La cara del arquero Weidenfeller lo dice todo. Primer minuto del segundo tiempo. Acababa de entrar y Augusto Fernández le metió el tercero. Después, Augusto se lesionó, siguió jugando y terminó desgarrado.

3-0. La cara del arquero Weidenfeller lo dice todo. Primer minuto del segundo tiempo. Acababa de entrar y Augusto Fernández le metió el tercero. Después, Augusto se lesionó, siguió jugando y terminó desgarrado.

El partido estaba pactado desde hacía mucho tiempo y hubo que jugarlo. Con Alemania en Alemania. Jugar representando a la Selección Argentina es cosa seria, es lo más importante para un futbolista nacido en nuestra tierra. Es cierto que hay partidos más importantes que otros y no menos cierto es que la derrota del 14 de julio en Maracaná es una herida que todos los días tratamos de cerrar, pero tomar a la ligera un partido con los alemanes de visitantes hubiese sido una gran irresponsabilidad. Afortunadamente, desde la pata argentina en la organización del encuentro, Guillermo Tofoni (presdiente de World Eleven) hasta el último empleado vinculado con la Selección trabajaron a la par de los alemanes y con el cuadro argentino para que todo fuera hecho con la seriedad del caso.

Los que tenemos 50 o más años valoramos mucho el acceso a la final y el haberla jugado. Habría que valorar también del modo en que se jugó. Argentina puso tres veces un jugador vestido de azul frente a Neuer. Alemania dispuso de una muy clara y ganó el partido. Es fútbol. Jugábamos con la Alemania que venía de hacerle 7 a Brasil y pudimos haberle ganado. Nos ganaron con un gol convertido en el minuto 117.

Gracias a ese acceso a la final y a la convivencia de estos jugadores en Brasil, se armó un grupo compacto, con una idea de pertenencia y compromiso admirable. Di María es el más claro ejemplo. Se había quejado de la disputa del partido (“estos partidos son al pedo”), pero lo jugó como si le dieran la Copa del Mundo. Argentina tiene un equipo confiable y grande. En la previa, escribí que este partido con Alemania era un arma peligrosa: si Argentina lo ganaba –aún con la autoridad con que lo ganó– el discurso era “hubiese ganado en el Mundial, no ahora”. Y si perdía, lo de siempre: “Fulano no sirve, jugaron sin ganas, era Alemania, Messi no quiere venir más”.

Desde aquí, se pide equilibrio. Así como alguna vez el reclamo a grito pelado de algunos fue para Sabella y sus “4 Fantásticos” –equipo veloz y asesino, pero sin posesión ni regreso– ahora se pide para todos nosotros. El ciclo anterior fue exitoso. Argentina perdió la final porque el fútbol no siempre nos da lo que nosotros queremos. Pero el ciclo, el equipo y el plantel que se formó durante esos maravillosos días de Brasil 2014, son la base para un futuro aún mejor.

Empezamos bien: 4-2 a Alemania en Alemania es un inicio como para afirmar que tenemos la Selección que hace tantos y tantos años veníamos buscando.

Tenemos una Selección grande. Disfrutémosla. Las buenas ya van a venir.

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