

Si algo no encaja en la ganadora y puntera actualidad de Boca, es el deficiente funcionamiento del equipo del Vasco Arruabarrena. Tiene claros los once apellidos titulares, tiene clara la idea de juego, tiene perfectamente decidido quiénes ocuparán los once casilleros. Acaso haya uno con dudas: cuando el Vasco piensa un cuadro con mayor posesión y más volumen de juego, el titular es Nicolás Lodeiro. Cuando piensa en un equipo más vertical, el titular es Sebastián Palacios. Da la sensación de que la idea de que juegue Lodeiro está latente. Todos creímos que esta variante –la de Lodeiro por Palacios– iba a darse en la formación inicial del partido contra Godoy Cruz, sobre todo porque no iba a estar Pablo Pérez. El DT se decidió por Meli para reemplazar al ex jugador de Newell’s y mantuvo en el equipo a Palacios.
Boca tuvo diez minutos (sólo diez) de su idea teórica llevada a la práctica. Fueron los primeros del partido. En ese lapso, Boca mantuvo la posesión de la pelota, presionó muy alto, rompió por afuera, buscó a Tevez, Erbes se plantó más allá del punto del medio de la cancha, Gago y Meli merodearon el área rival, Palacios y Calleri se movieron por todos los sitios posibles por los que se mueven los delanteros y Colazo y Peruzzi fueron dos torres de ajedrez que hicieron sus columnas por la izquierda y la derecha respectivamente. Para Arruabarrena, esos minutos fueron mágicos. Se acomodó en su pose típica de cruce de brazos y mano en la pera y se dispuso a disfrutar. Cruzó miradas con Diego Markic y sonrió.

Pero Boca no tiene demasiados recursos para retroceder y hacerse sólido y esto le genera muchos problemas. Aquel dominio de los primeros diez minutos, no fue acompañado por profundidad. No era grave. Uno vive pidiendo que los equipos tengan paciencia, que no hay que divertir a nadie, sino jugar bien y ganar. Y que para ganar los partidos, hay varios caminos. El tema está en hacer bien el camino que uno elija. Arruabarrena eligió un camino de riesgo, porque los dos interiores –Gago y Pablo Pérez, ayer Meli– tienen poca capacidad de recuperación y la característica mas saliente de los laterales es la proyección y no el regreso o el combate mano a mano. El equipo tiene alguna intención de posesión larga. Esto podría explicar cierta tendencia a la horizontalidad y al pase lateral. Carlitos Tevez sería el primer encargado de meter el pase filtrado, seguido por Gago y Perez. Meli tiene más vértigo, a veces demasiado, nunca cambia la velocidad. Y esto, reiteradamente, lo condena a la intrascendencia. Ese pase filtrado no llegó en esos primeros diez minutos. Lo peor, es que ya no llegaría. Y lo pagaron los dos puntas: Calleri casi no participó del juego y a Palacios lo cambiaron por Lodeiro, cuando el segundo tiempo sólo había cumplido su primer cuarto de hora.
En un momento, este pobre Godoy Cruz del Gringo Heinze pudo tener la pelota. El zurdo Gastón Giménez, el veloz Fabrizio Angileri y el dinámico Fernando Zuqui dominaron el medio y lograron, en tres minutos, lo que Boca no pudo en esos diez iniciales en los que dominó el desarrollo. Gracias a un (otro) rebote corto de Sara, Leandro Fernandez hizo un centro y el zaguero Esteban Burgos cabeceó desviado con el arco libre. Iban trece minutos y medio del primer tiempo. Boca se llenó de preguntas. Y un partido que pintaba para dominio claro, se convirtió en un palo y palo del que, claramente, saldría beneficiado Godoy Cruz. Pero en ese palo y palo, Boca siguió sin generar peligro y, como contrapartida, Cata Díaz sacó sobre la línea un zurdazo de Giménez que entraba por encima de Sara. Boca y Tevez se asomaron, recién, un poco antes de la media hora, cuando Carlitos metió un derechazo frontal y esquinado que el arquero Rey echó a un costado.

El del 2-0 contra Godoy Cruz debe haber sido el partido de mas bajo nivel de Tevez desde su regreso. Pero su influencia en generar una falta a treinta metros del arco, poner el tiro libre en el lugar ideal –a mitad de camino entre el punto penal y la línea que marca el área chica– para que Meli se zambullera y la clavara en el ángulo, lo convierten, una vez más, en hacedor importante de estos tres puntos que Boca logró en condiciones adversas. De todos modos, y más allá de que Pichi Erbes hizo un buen partido, los problemas de Boca no son cuando va, sino cuando regresa. Godoy Cruz le dio demasiados problemas en el primer tiempo, cuando el cuadro del Vasco parecía tener todo controlado. Algunos creen que Gago –sobre todo– tiene que bajar hasta una posición paralela a la de Erbes y ayudar en la recuperación, pero eso sería perder a un jugador esencial en la creación de juego para un equipo que juega sin un enganche clásico. Tevez no lo es, Lodeiro tampoco, Gago y Pablo Pérez menos.
El segundo tiempo fue diferente. Godoy Cruz está enojado con la vida porque contrató a un entrenador que está en el primer año del curso y los reglamentos le impiden entrar al campo y a su ayudante lo expulsaron por regresar tarde. Los once titulares se fundieron y en el banco nadie se atrevió a hacer los cambios. Todo fue muy poco serio. Pero eso no es culpa de Boca. Lo que si es responsabilidad del cuadro azul y oro es llevar la pelota a empujones, es no haber sabido (o no haber podido) darle opciones a un Tevez cansado y marcado hasta por tres rivales. Una patriada de Pichi Erbes terminó en un foul de Jerez Silva en el área y en una ejecución – trámite de Carlitos. Eso puso a Boca a cubierto de cualquier accidente que le quitara la victoria, pero la actuación fue muy pobre, la más floja desde que Tevez regresó a su amado club.

Ya quedó dicho que Arruabarrena tiene la complicada misión de armar un equipo que gire alrededor de Tevez, pero, también, de armar una estructura que respalde a Carlitos cuando esté tan marcado como ayer o, simplemente, esté con las luces bajas. El camino es largo y difícil y Boca no espera, pero tendrá que hacerlo porque se vienen partidos bastante más complejos que el de Godoy Cruz y al equipo todavía no se le ven demasiadas señales de confiabilidad. Boca es un equipo que llega poco a posiciones de gol y es lastimado cuando el rival supera la línea de volantes. El entrenador decidió correr algunos riesgos y es por eso que Erbes queda muy solo para recuperar la pelota. Pero los laterales pierden los mano a mano y los centrales no tienen buen juego aéreo.
El Vasco debe corregir rápido estos defectos. Se viene fin de año y Boca tiene que estar arriba de todos. Al menos, eso es lo que nos dicen cuando hablamos de Boca.
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