25 de noviembre de 2020

¿CÓMO NO QUERER A MASCHERANO?

¿Cómo no querer a Mascherano?

Cuesta mucho entender como, todavía, hay resistencia a Mascherano. Esa resistencia no cesó ni siquiera a la hora de su adiós. Cuesta poner en algún lugar más o menos serio los pedidos de reemplazo en sus últimos años de Selección. Musto, Ascacíbar, Marcone, Ponzio, Kranevitter son sólo algunos de los apellidos que se tiraron como con un salero para suplir al jugador más importante que tuvo la Selección Argentina –junto con Messi, claro está– entre 2003 y 2018. Nadie vio ni ve, nadie quiso ni quiere ver que ya no hay jugadores de esa estirpe. No los hay porque durante más de una década, Argentina no trabajó para tener jugadores de la estirpe de Mascherano. El Jefecito –apodo heredado de su antecesor, Leo Astrada– es un futbolista de “se pone la camiseta y juega“, pero de la Selección. Se pone la camiseta de la Selección y juega. Es difícil entender tanta saña por un tipo que dejó la piel por los colores, que jugó en condiciones adversas, que jamás filtró una información interna que fuera negativa para un entrenador o un compañero. No se puede tomar en serio a quienes, en el momento del adiós, hablaron de Mascherano como un futbolista común y corriente. Es una pena, no saben lo que se perdieron.

¿Cómo no querer a Mascherano?

Siempre que hablo con Ruggeri llegamos a la misma conclusión: el Cabezón jugó en Boca, River, Real Madrid, América de México, Vélez, San Lorenzo y salió campeón con casi todos. Pero la primera camiseta que se nos viene a la mente cuando hablamos de Ruggeri, es la de la Selección Argentina. Fue un fenómeno, podría tranquilamente integrar un podio con Passarellla y Perfumo como los mejores defensores de la historia del fútbol argentino. Pero su camiseta es la celeste y blanca. Nosotros vemos a Ruggeri siempre vestido de Argentina. Por él, por Bilardo, por Diego. Ruggeri es, siempre, jugador de la Selección Argentina.

Mascherano también. Ni siquiera su inicio con el poderoso River lo identifica con la Banda Roja. Javier jugó en River, Corinthians, West Ham, Liverpool, Barcelona, Hebei Fortuna y Estudiantes, pero Mascherano es jugador de la Selección, de principio a fin. Es el capitán con o sin brazalete, es la voz de mando, es el sostén de compañeros bajoneados, es la palabra justa, el aliento contenedor, la mirada profunda, la sonrisa cálida, la carcajada cómplice, el pulgar arriba de la confianza, la indicación que permite corregir el error. Pero siempre con los bastones celestes recorriendo el blanco de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo. Mascherano salió campeón 21 veces, entre River, Corinthians y Barcelona. 21 veces. El que había que sacar para poner a Ascacíbar/Musto/Marcone/Kranevitter, Javier Mascherano, ganó 2 Champions. Y es el único deportista argentino con dos medallas de Oro en Juegos Olímpicos. Mascherano, el que acaba de anunciar su retiro porque “no soporta el ritmo del fútbol argentino“. Es un disparate. Mascherano jugó de taquito en nuestro torneo. Todos los números que entregan los programas que analizan futbolistas dan números positivos en los 11 partidos que jugó en Estudiantes. Analizar a Mascherano porque le tocó o eligió un equipo como el Pincha, que está pagando el esfuerzo titánico de construir un estadio maravilloso en un país cuya economía te tira para abajo todo el tiempo, es ridículo, es injusto.

¿Cómo no querer a Mascherano?

Verlo cruzar a Arjen Robben, verlo putearse en algún idioma intermedio con Axel Witsel y Marouane Fellaini en medio de un partido caliente como fue el de Argentina contra Bélgica en el Mundial 2014, nos devolvió el orgullo que teníamos en los tiempos en los que nos emocionábamos con los goles de Kempes y Bertoni o las atajadas de Fillol o la jerarquía todavía inalcanzable de Passarella o las genialidades de Maradona o el inviolable amor por la camiseta de Ruggeri o las redes levantadas por los sablazos de Batistuta. Mascherano nos regresó a todo eso. Nos devolvió imágenes archivadas de viejos caudillos, pero lo hizo con un envase moderno, aggiornado, con la comunicación correcta como bandera, con otra forma de ascendencia sobre sus compañeros. El propio Messi lo reconoce como referencia ineludible en sus años de Selección. Fuimos al Mundial de Brasil con la sabiduría sin libros de Alejandro Sabella y el botín zurdo de Leo como consignas fundamentales para intentar el sueño y resulta que estuvimos en las puertas de conseguirlo con la inteligencia superior y el contagio de Mascherano. Era “El equipo de Messi” y fue “El Equipo de Mascherano“. Fueron los memes, la recepción en la Argentina, los abrazos, las lágrimas. Mascherano fue nuestro superhéroe, fue el tipo que nos representó como los de antes, fue el que nos devolvió aquella pasión de Kempes, Fillol, Passarella, la sangre en la camiseta del Conejo Tarantini, Diego, Burruchaga, Ruggeri, el Checho, Cani, Batistuta. Javier nos llevó a soñar que habíamos vuelto a los tiempos en que la Selección Argentina se presentaba en cualquier parte del mundo y sus chances de ganar eran las mismas que su rival, no importa quién fuere. Con Masche en el equipo, nos animábamos a todo. Como con los de antes, como con Mario y Diego, como con el Pato y Nery, como con Daniel y el Cabezón. No salió por las malditas tres finales. por la que perdimos en el minuto 113 con Alemania después de haberla podido ganar nosotros y por las que perdimos por penales con Chile, en Santiago y en New Jersey. Mascherano, junto a Messi y Otamendi, estuvo en “El Equipo Ideal” del torneo. Volvió a ser uno de los mejores. Pero lo alcanzó el argentino frustrado, el que cree que ganar es la única razón de respeto y no el intento por alcanzarlo ni la cercanía al logro. Buscaron muchos reemplazantes, todavía no hay uno igual.

¿Cómo no querer a Mascherano?

Mascherano se puso la camiseta de la Selección Argentina mayor antes que la de la Primera de River. Fue en un amistoso contra Uruguay en una especie de inauguración del Estadio Ciudad de La Plata, en 2003. Cuando la tele hizo la recorrida por las caras durante el himno, la carita de pibe de Masche transmitía una seguridad poco frecuente en un chico de 19 años, como Mascherano tenía en ese momento. Bielsa habló con Manuel Pellegrini –que en River lo tenía en el último lugar de una fila de cinco volantes centrales– y le dijo que lo iba a poner de titular en la Selección. Ahí nació una gran historia que fue encontrando sus finales. Primero en el Barcelona, cuando sus compañeros, que lo amaron y lo respetaron desde el primer día hasta el último, lo invitaron a ejecutar un penal y despedirse con un gol. Finalmente, cuando decidió decir adiós, en una tarde de derrota y sin público, con un equipo que no lo acompañó como soñaron de entrada. El fútbol todo, sin embargo, le rindió un homenaje inolvidable.

¿Cómo no querer a Mascherano?

Ya está, ya pasó todo. Pasaron 644 partidos en clubes, 147 en la Selección Argentina mayor (4 mundiales), 18 en la Selección Olímpica (2 Juegos, ambos con medalla dorada), 22 en la Selección Juvenil Sub 20 y 6 en la Sub 17. Habría que agregar algunos partidos jugados con la Selección Sub 15, en la que estuvo desde sus 13 años. Mascherano fue un futbolista de excepción al que vamos a extrañar cuando el tiempo se aleje y nos de una perpectiva mejor. Serán días hostiles cuando no encontremos voz de mando, brillantez intelectual, sentido de pertenencia, liderazgo, respeto desde y hacia él, evolución permanente, perseverancia y amor por los colores.

Javier Alejandro Mascherano dijo adiós y una puerta muy grande se cerró.

Diego Chavo Fucks

Diego Chavo Fucks

Me llamo Diego Fucks, pero me dicen Chavo. Soy periodista de medios gráficos, radiales y televisivos desde 1982 y mi especialidad es el fútbol. Me encontras en: TELEVISIÓN Conductor de Tarde Redonda por FOX SPORTS de Lunes a Viernes de 17hs a 19hs. Columnista de 90 Minutos de Futbol por FOX SPORTS de Lunes a Viernes de 13 a 15hs RADIO Conductor de Rezo Por Vos de Radio Nacional AM 870 y Nacional Folklorica FM 98.7 de Lunes a Viernes de 9 a 12hs. LIBROS Eliminatorias 98, un camino largo y sinuoso (1997) Editorial Alfaguara El Libro de Boca (1999) Editorial Alfaguara El Libro de River (1999) Editorial Alfaguara Duelo de Guapos (2005) Distal Libros y Pensado Para Televisión. Tévez, La verdadera historia (2016) Ediciones B. Jugados (2000) EUDEBA -coautor- Esta página la he creado para que podamos comunicarnos mas asiduamente, para poder compartir mi trabajo con vos y que podamos, vos y yo, disfrutarlo. Podes opinar, sugerir y hacer consultas desde aquí. ¡Gracias por estar… una vez mas!

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