ES LA HISTORIA DEL PODER

DON JULIO. Su omnipresencia impidió la aparición de nuevos dirigentes con capacidades superlativas. Pero justo es decir que los dirigentes se sintieron cómodos así y que no movieron un dedo para cambiar esa situación. Ahora vendrán tiempos de cambio.

 

Era 1985. La Selección Argentina se entrenaba en un camping que el Sindicato de Empleados de Comercio tiene cerca del Centro Atómico. Eran días difíciles. La Selección estaba en plena preparación y disputa de las Eliminatorias para el Mundial 86. Todo estaba por hacerse. No había predio, traer a Maradona, a Passarella o a cualquier figura argentina que jugara en el exterior era una lucha. En esas luchas, Grondona se hizo conocer fronteras afuera.  Era un Grondona más cercano al fundador de Arsenal que al poderosísimo vicepresidente de la FIFA que acaba de ser sepultado en el viejo Cementerio de Avellaneda de la calle Agüero. Recuerdo una frase, sacada de una breve conversación: “La Selección Argentina no puede alquilar un predio donde los fines de semana hacen asado y corren pibitos. No voy a morirme sin antes hacer un lugar de entrenamiento para la Selección. Vas a ver”. Y lo hizo. Hoy, ese predio está a la altura de cualquier club o liga europea.

Ese Grondona, el de la pelea por la repatriación de nuestros futbolistas, el del sostén a la gestión de Carlos Bilardo ante el embate y el intento de golpe del gobierno de Raúl Alfonsín a través de sus emisarios  Rodolfo O’Reilly, Osvaldo Otero y Federico Storani, explica las razones por las cuales llegó a dónde llegó en 1979, era un Grondona más artesanal, por buscar una definición que lo distinga del Grondona que falleció el 30 de julio.  Grondona (aquél Grondona) evitó lo que hubiese sido el peor antecedente de la historia de nuestro fútbol. Tal vez esta sea una buena muestra de lo que fue una parte de Julio Humberto Grondona. Hay otras, de las que más adelante daremos cuenta. Hay más muestras de “aquel” Grondona, para algunos desconocido a punto tal que, entre las cientos de necrológicas, alguien dijo en TV:  “No había hecho demasiados méritos para llegar a la presidencia de la AFA”.

Grondona fundó Arsenal de Sarandí con un grupo de amigos cuando apenas pisaba los 24 años y fue su presidente hasta 1976. Eran varios y se dividían las simpatías por Racing e Independiente casi por partes iguales. De ahí la camiseta celeste y roja que se le ocurrió al joven Julio para el cuadro del Viaducto. A mediados de los 60, llegó a la comisión de fútbol profesional de Independiente (sin dejar nunca la presidencia de Arsenal), el cuadro de su familia, el cuadro que el pibe ulio seguía a los 7 u 8 años asombrado por las cabriolas de Arsenio Erico, las gambetas de Capote De la Mata y por el “hombre – orquesta” que representaba el Cuila Sastre cada domingo. Desde esa comisión de fútbol del Independiente de las primeras apariciones internacionales, mostró su gusto por un fútbol más desarrollado a partir de haber conocido al Inter de Helenio Herrera en las dos finales que el cuadro neroazzurro le ganó al del Colorado Giúdice. Pensó que el fútbol venía por ese lado y se le ocurrió contratar a Antonio Faldutti, hombre muy ligado a Osvaldo Zubeldía, enemigo acérrimo del Rojo en las Copas Libertadores de fines de los 60. Más allá de que Independiente fue superado en esos años por el gran equipo de Estudiantes, se produjeron dos episodios que marcaron el gusto de Grondona casi de por vida: su admiración por el trabajo de Zubeldía (alguna vez dijo “me encantaba, pero no lo podía llevar a Independiente. En cambio, pude llevar a Brandao –DT brasileño– que laburaba adelantado 30 años”) y el haber conocido a Bilardo, el mejor intérprete de Osvaldo, en 1968.

MALAS COMPAÑÍAS. A poco de asumir, en 1979, presentó el partido homenaje al 1er Aniversario de la obtención del título del Mundial 78. Era auspiciado por Clarín y contó con las presencias de Ernestina Herrera de Noble y el dictador Jorge Rafael Videla. Julio Grondona, como flamante presidente de la AFA, compartió palco.

MALAS COMPAÑÍAS. A poco de asumir, en 1979, presentó el partido homenaje al 1er Aniversario de la obtención del título del Mundial 78. Era auspiciado por Clarín y contó con las presencias de Ernestina Herrera de Noble y el dictador Jorge Rafael Videla. Julio Grondona, como flamante presidente de la AFA, compartió palco.

Un año más tarde, Julio Grondona –ya eran célebres sus patadas a las puertas de los vestuarios de los árbitros– llegó a agredir a José Filacchione (árbitro de larguísima trayectoria en el ascenso que dirigió 328 partidos en Primera B entre 1957 y 1971) después de un partido en el que, una vez más, entendió que Arsenal había sido perjudicado. Ya estaba siendo observado por la AFA. La agresión fue demasiado grave y lo suspendieron por 18 meses. Grondona estaba preparando su campaña para las elecciones en Independiente de 1970 y la sanción le impidió toda actividad política en cualquier club afiliado a la AFA. Ese acto eleccionario fue uno de los más importantes de la vida del Rojo, porque el final de los 60 no fue bueno para el entonces Bicampeón de América. La Lista Roja –su fracción política de toda la vida en Independiente– sabía que la Agrupación iba a quedarse con el gobierno de la institución si no presentaba una figura de peso. A esas alturas, Grondona ya era un apellido directamente vinculado con el fútbol. Héctor se convirtió en el goleador histórico de Arsenal y Julio era el presidente del club celeste y rojo que, con inmensa modestia había arrancado en Aficionados (hoy Primera D) en 1957 y ahora estaba dos categorías más arriba.

Pasó lo esperado: El doctor José Cortés, representando a la Agrupación Independiente, ganó las elecciones. Dicen los historiadores rojos que con Grondona representando a la Lista Roja no hubiese cambiado el signo político en la conducción del club. En el lapso 70/76, Independiente ganó 4 Libertadores, una Intercontinental y dos Interamericanas. Grondona recién representó a la Lista Roja en las elecciones de 1976 contra José Epelboim, legendario dirigente de Independiente que fue el presidente de la Comisión de Fútbol Profesional durante los dorados años coperos. Y ganó. Tal vez en esos tres años de gobierno de Independiente, esté el gen de lo que después pasó con la vida de Julio Grondona dirigente de fútbol. Pero este recorrido por la previa de su llegada a la AFA explica, en parte, por qué llegó y por qué actuó como actuó en determinados casos hasta el mismísimo día de su muerte.

Cuando Julio Grondona asumió la presidencia de la AFA en 1979 sucediendo en el cargo a Alfredo Cantilo, empezó otra historia. Empezó la historia más grande, más discutida, más vinculada a los grandes negocios a los que el fútbol se acostumbró en estos años. Tal vez, su última acción con hilo conductor entre “aquel” Grondona de Arsenal e Independiente con el de la Selección haya sido la historia que contamos, en la que el gobierno de Alfonsín pretendió dar un golpe contra Bilardo y él lo sostuvo contra viento y marea, contra una gran movida de Clarín para instalar a Menotti y contra la mayoría de la opinión pública, que muchas veces compra discursos fáciles, de gran corrección política y sin demasiada elaboración.

JULIO Y EL NARIGÓN. Mantuvieron una estrecha relación desde 1968, cuando Grondona lo conoció y le preguntó por el trabajo de Zubeldía. De allí en más, Grondona siempre buscó DTs de determinada característica. El Bilardo del 86 representó su ideal. Después, Don Julio nunca estuvo satisfecho plenamente con ningún técnico, hasta que contrató a Sabella.

JULIO Y EL NARIGÓN. Mantuvieron una estrecha relación desde 1968, cuando Grondona lo conoció y le preguntó por el trabajo de Zubeldía. De allí en más, Grondona siempre buscó DTs de determinada característica. El Bilardo del 86 representó su ideal. Después, Don Julio nunca estuvo satisfecho plenamente con ningún técnico, hasta que contrató a Sabella.

En 1988, su relación estrecha con Joao Havelange se tradujo en cargos y un inmenso poder: fue designado Vicepresidente Primero de la FIFA y responsable directo de los departamentos de Finanzas, Marketing y Televisión, los tres ítems en los que la Federación más evolucionó en las últimas dos décadas y media. La fortuna de la FIFA creció de manera imposible de mensurar, paralelamente con el patrimonio personal de Julio Grondona. Nunca nadie explicó nada, jamás nadie investigó seriamente esto. A tal punto, que tampoco Grondona se molestó demasiado jamás por justificar semejante crecimiento de su fortuna personal.

En el único sitio en donde Grondona volvía a ser “aquel” era en la AFA. Ahí se sentaba, por ejemplo, media hora con el presidente de Justo José de Urquiza y le solucionaba los problemas que lo acuciaban. Siempre me sorprendía el presidente de Dock Sud cuando me decía “estuve con Julio y me dijo… y me dio…”. Era cierto. Grondona no delegaba. Atendía en persona. Seguramente, quienes más lamenten su ausencia sean los dirigentes de los clubes más modestos del ascenso. No hay dirigentes entre los posibles sucesores que entiendan tan a fondo los problemas de los más chicos ni tampoco dirigentes con la debida idea de lo que significa que las bases estén conformes y se pongan en fila para apoyarte.

Por un lado, imagino que en alguna parte Grondona se sentía “Don Julio” cuando ayudaba con plata o con algún modo de influencia a un cuadro del ascenso. Por el otro, esa era su forma de construir poder. Su manera de mantenerse en el poder era generando una deuda en el otro. Deuda de dinero, como en el caso de los clubes o deuda de gratitud, como en el caso particular de los dirigentes. Su idea de construcción de poder era esa. Sentía que la AFA le pertenecía e hizo que los demás dirigentes sintieran eso. Su figura fue creciendo con el paso del tiempo hasta convertirse en un gigante, en un monstruo grande que pisa fuerte. Se sentía cómodo en ese rol. Se veía a sí mismo como único, irrepetible, irreemplazable. Trabajaba para ser irreemplazable. Se enojaba mucho cuando le mencionaban la palabra “poder”. Decía que era “capacidad”, no poder. Seguramente, el poder le era tan familiar, lo respiró durante tanto tiempo, que se le hizo invisible. Cuando alguno de nosotros –los que no detentamos ningún tipo de poder– tenía enfrente a Julio Grondona sabía que estaba hablando con alguien muy poderoso. Se notaba mucho. Se notaba en cada cosa que él decía, en cada acto que uno tenía la ocasión de ver.

Ese poder inconmensurable también le hizo cometer errores graves. Alguno dirá “no seas ingenuo, no son errores”. Prefiero pensar que lo fueron. Tener como frase de cabecera “Todo Pasa” fue un error. El “Todo Pasa”, muchas veces, fue pensar que los problemas iban a arreglarse solos. No existe en la memoria cercana alguna medida que la AFA haya tomado para erradicar la violencia. No hay registros de alguna declaración o alguna idea que Julio Grondona haya emitido sobre muertos en los estadios o barras o algún episodio bochornoso de los cientos que nublaron la escena del fútbol argentino en los últimos 25 años. Nunca las personas que concurren a los estadios se sintieron protegidas por la AFA de Grondona. El fútbol fue quedándose sin público. Ahora, directamente, no hay hinchas visitantes. Pero la cantidad de gente fue disminuyendo a medida que fue creciendo el negocio de la televisión –gestión directa de Grondona, primero con Clarín, después con el Estado Argentino– y, también, en la medida que la violencia y la desprotección fueron creciendo en cada estadio de la Argentina.

DEBILIDAD. Era lo que tenía Grondona por Messi.  El presidente de la AFA estaba molesto con Martino por unas declaraciones críticas para con él y, sin embargo, iba a llamarlo para conducir la Selección para que Messi estuviera contento y cómodo.

DEBILIDAD. Era lo que tenía Grondona por Messi. El presidente de la AFA estaba molesto con Martino por unas declaraciones críticas para con él y, sin embargo, iba a llamarlo para conducir la Selección para que Messi estuviera contento y cómodo.

Grondona fue la imagen del poder concentrado en una sola persona. Su sola presencia impuso esa mezcla de respeto y temor que imponen algunos personajes de dimensión difícil de establecer. Esa omnipresencia y esa manera de conducción impidieron el crecimiento de viejos dirigentes y la aparición de nuevos. Esto no sólo es culpa de Don Julio. Muchos de esos dirigentes se sintieron seguros, protegidos, arropados por Grondona y prefirieron seguir así, temerosos de represalias, pero cómodos porque recibían beneficios que de otro modo le serían absolutamente esquivos.

Estuve casi diez años sin hablarme con Julio Grondona por cuestiones que no vienen al caso, en su hora final. Por supuesto, tienen que ver con críticas y la no aceptación de esas críticas, en momentos en los que casi no existían opiniones negativas sobre Julio Grondona. Eran tiempos de la sociedad AFA – Clarín, en los que el poder de Grondona era acompañado por un periodismo que sólo observaba en silencio, eran acompañantes y hasta beneficiarios de negocios que favorecían casi siempre a los mismos equipos, a las mismas empresas y a los mismos señores. Cuando se rompió la sociedad Clarín – AFA, muchos periodistas se sintieron libres  e hicieron gran uso de ese espacio que antes no tenían, que antes los sofocaba.

Esta imagen gigantesca de Grondona preocupa ahora, que ya no está. Sus modos de conducción se fueron a la tumba con él. No se ve un reemplazo claro, no se ve a nadie con capacidad de arreglar los problemas estructurales y organizativos que tiene el fútbol argentino. No hay una cabeza clara que logre la presencia que Grondona tenía en la FIFA y que sea el hombre de consulta de las decisiones más importantes en el fútbol del mundo. No hay nadie entre nuestros dirigentes, que se cargue al hombro las finanzas, el marketing y la televisación del fútbol.

No hay ningún dirigente porque todos vivieron a la sombra de Don Julio. No hay ninguno destacado porque Grondona fue, durante 35 años, la cara, el cerebro, los brazos y las manos del fútbol argentino y esto hace inimaginable pensar en qué vendrá.

Para bien y para mal.

https://www.youtube.com/watch?v=LoTpWQa5zq4

 

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