FUNDAMENTALISMO QUE MATA

FRENTE MARCHITA. La cara de Mascherano, Tevez, Di María y Lavezzi describen perfectamente lo que acaba de ocurrir. Argentina perdió 0-2 con Ecuador. Pero, mas que eso, el problema es que no sabe o no quiere cambiar cuando el rival logra neutralizar la idea inicial.

Gerardo Martino está perdidamente enamorado de su idea. Habla de ella con un entusiasmo que da envidia. En esto también se parece al Loco Bielsa. Explica todo con minuciosidad. Oculta o dibuja lo que tiene que ocultar o dibujar ante la prensa (los motivos de la ausencia de Gonzalo Higuaín, por ejemplo), pero, en general, contesta las preguntas con lujo de detalles. Ningún profesional del periodismo puede decir que se va de las conferencias de prensa sin haber sido respondido con respeto y rigurosidad.

Pero ese amor por las idea es también una parte decisiva del problema (o los problemas) que Argentina tuvo ante Ecuador. Se repitió el defecto: el equipo no supo cambiar el plan inicial cuando el rival le tomó la mano. Ya le había pasado en la final de la Copa América. Chile salió a hacer el “partido especial ante Argentina” y Argentina salió a hacer “el partido de siempre”, a “imponer las condiciones”. No se discuten aquí los preceptos iniciales de Martino. Jugar “siempre de la misma manera” e “imponer las condiciones” son hechos futbolísticos que nos gustan a todos. “La pelota la tengo yo” y “se juega como quiero yo” serían los slogans de una imaginaria campaña futbolera de convencimiento del Tata. Y nos sería casi imposible resistirnos. Tener la pelota y manejar un partido es algo que quieren todos los entrenadores del mundo, desde Guardiola hasta Caruso Lombardi. Todos. Lo que está en discusión es el no cambiar jamás de esquema, ni siquiera cuando el equipo está desbordado y el rival repite una y otra vez con llamativa facilidad los argumentos básicos que preparó para jugar contra nuestro equipo. Ahí es donde el amor por la idea se transforma en fundamentalismo. Y el fundamentalismo mata cualquier idea, le quita peso, la disminuye.

A LOS PIES DE VALENCIA. Mascherano va abajo para intentar controlar al extremo derecho de Ecuador. Fue una tarea inútil. Tonio fue figura excluyente. Argentina le permitió jugar mano a mano con Mas y, por allí, empezó a perder el duelo.

En relación a la final contra Chile, el cuadro empeoró frente a Ecuador. En aquella fría tarde de Santiago, hubo un partido parejo, un árbitro que permitió una cacería de Messi y un claro penal contra Rojo no sancionado. Chile casi no pateó al arco de Romero y entre Lavezzi e Higuaín despilfarraron el gol de la consagración. Es decir, el equipo –pese a que no pudo “imponer las condiciones”— dio alguna respuesta. Tampoco cambió ante un rival mañero y corredor que le tapó todos los caminos. Otra diferencia con aquel partido fue que en el Estadio Nacional estuvo Messi. Y Leo, en medio de la nada, inventó una corrida y un notable pase – gol a Lavezzi en el minuto final. Contra Ecuador no estuvo Leo. Pastore no parece tener la misma rebeldía. Nadie le pide al Flaco que juegue como Leo porque nadie en el mundo lo hace, pero Martino pensó en él como organizador de juego, como ese famoso centro de todo. Una vez mas, Pastore demostró que es una excelente segunda guitarra. Está para acompañar. Como en Los Beatles: todos reconocen a George Harrison como un excelente guitarrista y todos disfrutamos de bellas canciones como “Something” o “Here comes the sun”. Pero lo hizo dentro del contexto de Los Beatles. Cuando fue solista, su obra –salvo por un par de canciones- es casi tan desconocida como descartable. Messi seria Lennon o Mc Cartney, siguiendo con la analogía beatle. Y ahí si, Pastore podría funcionar lujosamente. No tiene que ver con la personalidad ni con temores que el futbolista pueda tener. Pastore es un gran acompañante y el jueves no tuvo a quién acompañar. El equipo, en realidad, no existió como tal. Todos estuvieron solos.

PASTORE. El volante del PSG en pose dominante, perseguido por Noboa. No fue una constante. La presión ecuatoriana lo eliminó con facilidad y el equipo lo abandonó a su suerte. Fue quien mas sintió la ausencia de Messi.

Pero el problema grande no es Pastore, sino el fundamentalismo, la idea hasta por encima del sentido común. Martino dijo en la conferencia de prensa del miércoles que “Ecuador nos esperará en su primer cuarto de cancha” y se equivocó. Sabiendo que Argentina sale jugando siempre y siempre igual (los centrales se abren a los bordes del área, Mascherano baja a recibir el pase del arquero y, una vez con la pelota, abre hacia un lateral) fue a presionar bien alto. Llegó un momento en el que presionaban a Mascherano y el juego de pases quedaba tan forzado que se producía el efecto contrario. Apretados hasta la asfixia, Garay u Otamendi la tiraban arriba y ahí ganaban los ecuatorianos. Uno podría pensar en la “segunda pelota”, que tan mala prensa tiene. Pero para eso la tiene que aguantar uno de los nuestros o ganar en la disputa del medio con el rival. Eso no pasó nunca. Y ante este panorama, Pastore, Biglia y Di María vieron pasar la pelota por arriba (justo en un equipo que “sale jugando”) y los de arriba –Agüero/Tevez y Correa– siempre recibían de espalda aguantando y perdiendo con los forzudos volantes y zagueros ecuatorianos.

MONTERO. Otra de las grandes explicaciones de la victoria ecuatoriana y, por supuesto, otra de las grandes defecciones argentinas. Una vez mas, Jefferson Montero supera a Roncaglia. Ocurrió todo el tiempo. Desde el banco, Argentina nunca recibió alguna modificación para cambiar esta situación.

A este panorama, se agrega el hecho de que no parece que se tomen recaudos particulares ante las características del adversario. Aquí no se habla de subestimación. En el fútbol de hoy, eso ya no sucede. Pero hay una apuesta a un pleno y si el número no sale, perdés. Así como Martino pensó y dijo equivocadamente que Ecuador lo iba a esperar diez metros adelante de la linea de su área grande, Gustavo Quinteros, el entrenador rival, afirmó que iba a jugar “de igual a igual”. Esta frase es otra de las tantas remanidas y sin sentido que tiene el fútbol, pero Quinteros dio a entender que su plan no sería el que imaginaba Martino, sino el que vimos: presión alta y mucha pero mucha agresividad por los costados. O sea, algo que haría cualquier entrenador si tuviera a Antonio Valencia a la derecha y a Jefferson Montero a la izquierda y un grandote como Felipe Caicedo como faro referente de ataque.

Me consta que Martino estaba avisado. En algún momento de la previa, mencionó su preocupación por “el desequilibrio individual de Valencia y Montero”. Lo inexplicable es por qué el equipo salió a jugar con el mismo esquema de siempre. Cuesta creer que se hable de “salida prolija” como un mérito. El arquero se la da al 5, el 5 al 3 o al 4, el 3 o el 4 vuelve al medio y se la da al 6. Los rivales presionan, el 6 la revolea o se la da al arquero y entonces es el arquero la revolea. Nos dicen “hay que salir jugando”, “que la pelota llegue redonda desde atrás”. Y nos hablan del Barça de Guardiola como paradigma de esta historia del “buen fútbol” y de “morir con la nuestra”. Guardiola jamás moriría con la suya y, seguramente, hubiese extremado los recursos para controlar las virtudes del rival. Lo hacía en el Barça, cuando ganaba la Liga Española caminando, como gana hoy la alemana con el Bayern Munich. Usa las ligas locales como entrenamiento para el desafío internacional. Pero nunca dejó de fijarse en el rival ni en el daño que podrían hacerle. Siempre se cuidó de las virtudes del adversario y trabajó para neutralizarlo. Y nunca sus equipos dejaron de ser prolijos en la salida y en la forma de jugar. Nunca abandonaron su estilo. Pero Pep no es un fundamentalista. Si bien sus equipos tienen un sello y un estilo, dentro de ese sello y ese estilo hizo modificaciones cuando el rival lo ameritaba y obtuvo resultados extraordinarios. Siempre recuerdo la final del Mundial de Clubes que Barcelona le ganó al Santos de Ganso y Neymar 4-0, en 2011. Vio 27 (¡27!) videos de Santos y resolvió hacer un equipo sin referencia de área, sin delanteros visibles. Notó que los tres centrales brasileños –Edú Dracena, Bruno Rodrigo y Durval– formaban un tejido que atrapaba al futbolista mas adelantado del rival. Entonces, los dejó sin la presa, les quitó la razón de su existencia. Armó una defensa de tres (Puyol – Piqué – Abidal) y al resto (Dani Alves, Busquets, Xavi, Thiago, Iniesta, Cesc Fábregas y Messi) los puso en la mitad a manejar la pelota. Hizo 4 goles, pudo haber hecho 10 mas y dio una exhibición. Esa noche en Yokohama, Barcelona cambió su estrategia sin perder el estilo. Tuvo en cuenta al adversario, pensó como neutralizarlo para poder hacer su juego sin que el rival lo impida.

CARLITOS. Entró por el Kun Agüero a los 24 del primer tiempo y no fue el mismo de Boca. Fue uno de los que mas padeció la mala noche del equipo. Así y todo, fue el único que, en un rapto individual, pudo haber llegado al gol. Será titular en Paraguay.

Esto es lo que Argentina no hace. Falla en la estrategia, no en el estilo. Ya quedó dicho que cualquier estilo bien hecho sirve. La historia del futbol lo demuestra todo el tiempo. Argentina salió a jugar contra Ecuador como en todos los partidos de la Era Martino. Y Ecuador, sabiendo que el DT no se aparta ni un milímetro de su idea, hizo un partido cómodo, compacto, intenso, con presión alta y con dos extremos que le dieron un baile histórico a Roncaglia (Montero) y Mas (Valencia). Es cierto que ninguna individualidad pasó los 5 puntos de calificación y no menos cierto es que con ese nivel individual es complicado sostener al conjunto. Pero Argentina, desde su formación, nunca contempló que Ecuador podría dañarlo como lo dañó por los costados y, peor que eso, jamás lo corrigió.

De los niveles individuales y colectivos bajos se vuelve. Se pueden corregir, mejorar y/o reemplazar. Ahora, el fundamentalismo que gobierna a la forma de jugar que eligió el equipo no tiene retorno. No cambiar nunca trae muchos problemas y muchas derrotas. Aferrarse a una idea y a un modo de jugar a como de lugar es un error grave que se paga con fracasos. Ecuador nos encendió las alarmas. Habrá que prestar atención a los rivales y hacer algo para que el cuadro nacional no sea tan fácilmente anulado.

Ecuador nos dijo, con dos ruidosos cachetazos, que el fundamentalismo mata.

2 comentarios

  1. Marcos

    Excelente la crítica del partida. Coincido en todo. No se puede creer que el cuerpo Tecnico de la sel Arg no sepa que Valencia está entre los 3 jugadores más rápidos del planeta y no hizo nada para evitarlo, entre otras cosas. Pareciera que hay un desconocimiento del rival. Lo veo muy por debajo de Sabella y cia. Segundo partido que es superado tácticamente. Vamos Tata!!! A levantar!!! Labure que se puede!!!

  2. johann castro

    Hoy escuche en 90 minutos de futbol que argentina no juega bien porque martino no tiene tiempo de trabajr y sin las condiciones son iguales como ecuador gano y tenia un estilo de juego lo de martino es escusa no es entrenador para un equipo grande como argentina ni para el barcelona martino es un entrenado para equipo chico como paraguay con paraguay le fue bien se defendia y contragolpeaba y amarraba el partido y le fue bien asi llego al mundial asi casa le gana a españa en el mundial , porfavor que lo boten de una vez

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