GALLARDO LA ROMPIÓ

GENIO Y FIGURA. Conviven en Teo Gutiérrez varios jugadores distintos. Su año no fue bueno, salvo aquellos 5 minutos finales en Monterrey. Anoche, en Belo Horizonte, el colombiano fue aquel delantero fino y filoso que conocimos en Racing y que admiramos en la segunda mitad del 2014.

GENIO Y FIGURA. Conviven en Teo Gutiérrez varios jugadores distintos. Su año no fue bueno, salvo aquellos 5 minutos finales en Monterrey. Anoche, en Belo Horizonte, el colombiano fue aquel delantero fino y filoso que conocimos en Racing y que admiramos en la segunda mitad del 2014.

Es muy complicado armar un equipo de fútbol que funcione. Hay que juntar egos desparramados, hay que modificar humores complejos y diversos, hay que hacerles entender a tipos que ganan muy buen dinero y que todo el tiempo piensan en una transferencia –o sea, estar en un lugar diferente al que están– que el objetivo es aquí y ahora y, sobre todo, que el objetivo es el mismo para todos, para el que juega siempre o para el que no juega nunca. Que un equipo “funcione” no está referido únicamente por el modo y el estilo de juego. Un entrenador no es bueno sólo porque salga y diga “me encanta que mis equipos salgan jugando”, “me encanta que mis equipos jueguen buen fútbol” o “si perdemos jugando bien, me voy tranquilo a mi casa”. Un entrenador es bueno –bueno de verdad– cuando consigue que sus jugadores le respondan sin dejar un sólo lugar a la duda.

Marcelo Gallardo armó varios equipos, con lo difícil que es hacerlo estando en River y teniendo un corto número de futbolistas, en relación a las exigencias y la cantidad de partidos nacionales e internacionales que el club tiene en esta primera mitad del año. A pesar de tener un plantel reducido, Gallardo tuvo el talento de construir formaciones diferentes, de funcionamiento, idea y estilo distintos. El 3-0 con el que River despachó anoche al Cruzeiro acaso haya sido la perfección de esta idea plural con la que el entrenador millonario se manejó en tiempos no tan felices como los actuales.

El 3-0 con el que River trituró a Cruzeiro fue la perfección, dentro de este concepto de versatilidad que Gallardo maneja desde siempre. Hubiese sido la perfección incluso con un resultado más exiguo, menos estruendoso. Y la verdad es que los números pudieron haber sido mayores. La eficacia de River, hasta el comienzo de la maravillosa noche de Belo Horizonte, estaba sospechada. Es más, Mora desperdició dos chances increíbles a dos metros de la línea de sentencia por controlar defectuosamente el balón.

Esa perfección la consiguió Gallardo, tras una obsesiva búsqueda. El DT fue el primer gran responsable de la victoria de River. Hizo una lectura impecable del partido. Supo qué cambiar, conocía todo sobre el rival y sus virtudes, entendió claramente en qué lugar de la cancha debía jugar River. Y, esencialmente, entendió en que lugar de la cancha no debía estar Cruzeiro. Si uno compara las formaciones de la ida con la vuelta, encontrará que Gallardo sólo hizo una variante. Sacó a Pity Martínez –todavia tierno para estas batallas– y puso a Ariel Mauricio Rojas. Ahora, si uno observa la expresión colectiva que River presentó ante Cruzeiro, los cambios fueron un montón. La mayor parte de esa mutación tiene que ver con el único cambio individual, el de Rojas por Pity.

UNO PARA TODOS. Esta imagen refleja lo que River entrega como equipo en cada situación límite. Esto también es obra de Gallardo, aunque sea la parte menos vistosa de su trabajo.

UNO PARA TODOS. La imagen refleja lo que River entrega como equipo en cada situación límite. Esto también es obra de Gallardo, aunque sea la parte menos vistosa de su trabajo.

Rojas regresó a su antiguo lugar de volante izquierdo y allí fue un ariete que rompió cualquier cerco que Cruzeiro le puso por delante. Esto es un enorme mérito de Gallardo. Rojas está en una situación enojosa con el club porque no se puso de acuerdo en la renovación y está a 45 días de la libertad de acción. Es muy probable que esta coyuntura haya alejado a Rojas de su mejor rendimiento y, por ende, de la continuidad entre los once titulares. El entrenador pensó en el ex volante de Vélez y Godoy Cruz en esta situación límite, la segunda o tercera que tiene River en lo que va de la Copa Libertadores. Pero, como todos los técnicos del mundo, cuando uno entrenador piensa en un futbolista lo hace tomando como medida a su mejor versión, esa que Rojas no mostraba desde hacía tiempo. Gallardo se sentó con él y lo convenció de que ese partido era decisivo para la historia reciente de River. Rojas es un futbolista inteligente dentro de la cancha, pero en este caso, mostró inteligencia fuera de ella. Entendió el momento, pensó en sus compañeros, Gallardo le machacó hasta el hartazgo el asunto del bien común y lo colectivo que es este juego y salió a la cancha. En sus dos primeras apariciones, Rojas dejó a Mora de cara al gol. En el resto del encuentro, cubrió una zona de la cancha que tuvo 120 metros de largo. Le sirvió para llegar al fondo y, también, para doblar la marca junto a Vangioni cuando Cruzeiro intentó perturbar con la velocidad de Marquinhos. Esto puede parecer algo superfluo, pero no lo es. Marquinhos fue un gran problema en el Monumental. Tal vez, los hinchas no recuerden esto porque van “a ver a River”. Pero el número 30 de Cruzeiro fue lo mejor de su equipo. Gallardo pensó en en el mejor Rojas, de recorrido mayor que Martínez. Y Rojas le devolvió un actuación soñada, digna de esa excelente versión que el DT fue a buscar cuando pensó en él como titular.

ARIEL ROJAS. Está muy difícil su continuidad en River por falta de acuerdo en temas económicos. Su nivel no estaba a la altura del año anterior. Sin embargo, Gallardo apostó por él en un partido decisivo, sin margen de error. Rojas respondió jugando en un nivel extraordinario.

ARIEL ROJAS. Está muy difícil su continuidad en River por falta de acuerdo en temas económicos. Su nivel no estaba a la altura del año anterior. Sin embargo, Gallardo apostó por él en un partido decisivo, sin margen de error. Rojas respondió jugando en un nivel extraordinario.

Teo Gutiérrez es un caso diferente al de Rojas. Cuando el delantero colombiano bajó su rendimiento no salió. Esto tiene que ver, ante todo y nobleza obliga, con que Gallardo no ve bien a Cavenaghi. A tal punto es así, que cuando Teo se hizo echar en el superclásico del Monumental y fue suspendido, el sucesor no fue Cavenaghi, sino Pity Martínez. Esa decisión en la noche del frustrado partido con Boca fue una declaración de intenciones. El Muñeco no confía en el nivel del Torito, no lo ve todo lo bien que pretende. Siempre que lo pone, se parece más a un homenaje al ídolo que a una necesidad.

Teo es tres jugadores en uno. Hay un Teo que es indolente, perezoso y fastidioso. Ese Teo es el que juega para “Sportivo Teófilo Gutiérrez”. Otro Teo es un gran “errador de goles”. El colombiano fue gran responsable de las angustias que River vivió en la ronda de grupos. Basta con recordar su feroz ineficacia en los partidos contra Tigres y Juan Aurich en el Monumental. Y hay un tercero que es el de los cinco minutos finales contra Tigres en Monterrey (gestor de un gol, autor del otro) y el de la noche mágica del Mineirão. Teófilo Gutiérrez tiene notables condiciones y esas condiciones –técnicas, tácticas, estratégicas y de carácter– son inmanejables para cualquier rival, si el contexto del partido ayuda y si el equipo lleva el partido por caminos en los que el equipo se siente más cómodo. Anoche fue un lujo. Pero Teo no sólo fue un lujo por su tremendo gol, sino por sus movimientos. Metió dos pases – gol geniales y en ambos estuvo ubicado detrás del volante central y levemente recostado a la izquierda del ataque millonario. La sabiduría del Pandillero Colombiano hace que, cuando sale del área y tiene tiempo y perspectiva para hacer una lectura correcta del juego, puede resolver en un segundo, a fuerza de talento. El pase que le dio a Carlitos Sánchez para que el uruguayo convirtiera el primer gol, fue digno del mejor Beto Alonso. Mora le distrajo a los centrales, Teo amagó dáresela y dejó al volante derecho de cara al gol tan deseado. Era un momento bravo para River. Mora había perdido dos goles y el partido estaba 0-0. O sea, el que estaba clasificado para Semifinales, en ese instante, era Cruzeiro. Con todo eso jugando en el partido, Teo abrió los ojos, pensó todo y resolvió maravillosamente. Más tarde, con las cosas 1-0, dejó a Ponzio solito con Fabio, con un extraordinario toque de sobrepique. El volante millonario desvió el remate por poco, pero la categoría del pase quedó marcada a fuego. El tercer gol de River, el de Teo, no fue más que cierta reivindicación por tantos y tantos goles que erró el colombiano.

DADO VUELTA. Maidana se va festejando el segundo gol de River, después de clavar un frentazo en el ángulo. Lo sigue Mercado, a quien Gallardo le devolvió el lugar entre los 11.

DADO VUELTA. Maidana se va festejando el segundo gol de River, después de clavar un frentazo en el ángulo. Lo sigue Mercado, a quien Gallardo le devolvió el lugar entre los 11.

El resto, lo vio todo el mundo. El doble pivote Kranevitter – Ponzio es una trituradora de ilusiones ajenas. Corta y juega con una autoridad que recuerda a los mejores tiempos de Zapata y Astrada, los Pac Man que Passarella puso a comienzos de los 90 para que presionen y metan a los rivales contra los palos. Cuando Gallardo debutó en Primera, Passarella era el entrenador y Zapata y Astrada respaldaban el talento inagotable del Muñeco. Capaz que el DT pensó en eso para armar esta fortaleza media que va moviéndose de modo tal que el rival no tiene recovecos en donde edificar su juego. Sánchez jugó uno de sus grandes partidos, uno de esos que Carlitos hizo aún cuando el equipo no funcionaba como ante Cruzeiro. Podríamos seguir toda la noche citando apellidos riverplatenses, apellidos que estuvieron entre los 11 y apellidos que apuntalaron desde afuera, entrando inmediatamente a abrazar a los que jugaron y ganaron.

Pero de los entrenadores pocos se acuerdan, a la hora de las grandes victorias. Este 3-0 a Cruzeiro en Mineirão será inolvidable por muchas razones.  Algunas históricas –Cruzeiro había eliminado a River las 5 veces que se habían enfrentado– otras actuales. Este 3-0 a Cruzeiro en Mineirão deberá tener la marca Gallardo en el orillo. El DT de River logró algo bastante parecido a lo que Sabella hizo en el Mundial: les metió en la cabeza el sentido de pertenencia, el objetivo común, “el yo es nosotros”, les hizo entender que todos los sistemas sirven y que si Pisculichi no está bien, entonces juega Ponzio. Y que si Ponzio no tiene características similares a las de Pisculichi,se arma un esquema en el que Ponzio pueda rendir al ciento por ciento. Kranevitter preguntará “¿yo de qué juego?” y le contestarán “de 5″. Si, de 5. Detrás de Ponzio, el pibe tucumano será el recuperador ordenado que necesitan todos los equipos del mundo. Gallardo trabajó con Kranevitter y todo salió. Y recuperó a Mora y convirtió a Sánchez en insustituible y le dio rodaje a Mammana y logró que Maidana – Funes Mori sean una pared cuando River no podía flaquear ni una sola vez. Y se apoyó en Barovero cuando hubo que poner el pecho ante una noche bochornosa como la de la Boca.

Gallardo armó un River 2014 y ahora, un River 2015.

Dicen que en el fútbol moderno, los técnicos juegan. Si esto es así, Gallardo la rompió.

 

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