¿HAY VIDA DESPUÉS DE MESSI?

¿CON O SIN ÉL? El último paso de Messi por la Selección Argentina fue una tortura para todos. Para el entrenador, porque le dinamitó la autoridad. Para los compañeros, porque los que dejó sin su enorme talento en los peores momentos de la Copa del Mundo y para con él mismo, porque no logra sobreponerse en tiempos de crisis. Necesitamos descansar, él y nosotros. El próximo DT de la Selección Argentina debería hacer el recambio de futbolistas sin convocar a Messi e insertarlo, llegado el caso, en un equipo que funcione, dentro de un par de años.

El futuro de Messi no será definido aquí. Ni siquiera lo harán los dirigentes, sino el propio Messi. Pero, ¿cuán saludable es para Leo y para el equipo que vuelva inmediatamente, que el futuro entrenador lo convoque en su primera nómina? ¿No convendría dejar descansar su argentinidad un par de años y probar a jugadores nuevos de entre 20 y 25/26 años? ¿Es sano, otra vez, que el nuevo entrenador arme una estructura a su alrededor si en el pasado no resultó? Son demasiadas preguntas. Alguno se confundirá y pensará “¿cómo vamos a privarnos de semejante jugador?”. Tal vez el problema haya sido no haberse privado nunca, haberle tirado por la cabeza todas nuestras frustraciones, toda nuestra desorganización. En el caos, Maradona funcionaba bien. A Messi, el caos lo demuele, se lo devora, lo anula.

No se sabe aún qué hará Leo y este es un asunto que tiene varias aristas. Hay una que casi todos quienes discuten si sí o si no obvian y no deberían obviar, que es la económica. El cachet de Argentina sin Messi es sensiblemente inferior a si el equipo se presenta con el 10. Hay mucha diferencia y esto es algo que no escapa a los dirigentes de la AFA. La AFA está pagando las salidas de Martino y Bauza y ahora abonará la de Sampaoli. O sea, el ingreso de dinero es un asunto prioritario para la conducción del fútbol. No debería serlo, en cambio, a la hora de evaluar la continuidad de Messi. Tirarle el asunto del cachet al próximo entrenador sería cargarlo de una presión que no le corresponde cargar. El próximo DT debería imponer las condiciones y, entre esas condiciones, debería estar la de convocar a quien quisiera sin restricciones.

ALMA EN PENA. Salvo en la concentración y con determinados compañeros, Messi no la pasa bien cuando se viste de Selección y vive en la argentinidad. Fue criado de otro modo, tiene costumbres que no son las mismas que quienes vivimos acá. Entonces, le cuesta mucho cargar con nuestras frustraciones, nuestras contradicciones y nuestra manera de vivir el fútbol. Deberá definir si su ciclo está agotado o todavía tiene algún resto para Qatar 2022.

La historia de la Selección entrega algunas respuestas. En 1983, Bilardo se fue hasta Barcelona para decirle a Diego Maradona que iba a ser capitán y líder del equipo a partir de ese momento, que en el Mundial 86 él sería titular y después vemos quiénes son los otros 21. Pero Maradona no jugó inmediatamente en el equipo de Bilardo. Primero, tuvo que recuperarse de una hepatitis del tipo B que lo atacó en diciembre de 1982. Cuando logró recuperarse y volver, el 24 de septiembre de 1983 un golpe criminal de Andoni Goikoetxea –defensor del Athletic de Bilbao– lo sacó de las canchas por otro largo rato. En 1984, Diego pasó al Napoli y no le era sencillo irse para jugar en la Selección. Recién pudo contar con Maradona el 9 de mayo de 1985, casi dos años después de haber asumido. Mientras tanto, Bilardo hizo partidos amistosos, le dio rodaje a jugadores que brillaban en el fútbol local, acudió a futbolistas de Estudiantes que lo conocían, pero también de Independiente, que se suponía estaba en las antípodas de su pensamiento. Entrenó, convivió, convenció, compitió, jugó mal, perdió, jugó bien, ganó, empató partidos opacos. Pero estuvo y armó el equipo que terminó jugando dos finales mundiales.

BUENOS TIEMPOS. Acaso Alejandro Sabella haya sido quien mejor se comunicó con Messi y a quien mas respetó Leo. Sabella le dio la capitanía, como primera decisión de su mandato, tal como Bilardo hizo con Maradona en 1983. Creía que de ese modo, con la cinta rodeando su brazo izquierdo, le forjaría el carácter y le generaría pensamientos e ideas más plurales. Sin embargo, este lugar de líder y de respaldo a los compañeros y de poner la cara en los peores momentos siguió perteneciéndole a Mascherano.

No habría que convocar a Messi por un tiempo. Habría que liberarlo de las presiones, sacarlo del foco de conflicto eterno que será la Selección Argentina en estos años que se vienen. Dejemos que este tramo se lo lleven los jugadores nuevos, que se pongan la camiseta y jueguen. Que jueguen mal y pierdan y que jueguen bien y ganen. Que vayan haciéndose a la idea de jugar en la Selección, que sea cotidiano, que sea costumbre. Tagliafico, por citar un caso, llegó al Mundial con 3 partidos amistosos, Lo Celso sólo jugó con Haití y poco más, Dybala tiene 12 0 13 presencias sin gran suceso, pero nunca se le dio la oportunidad de encajar en algún esquema de los tantos que preparó Sampaoli. Hay que darles rodaje, hay que ponerles la camiseta y mandarlos a la cancha enmarcados en un proyecto serio que los contenga. “Passarella nos llevó a amistosos, Copas América, Juegos Olímpicos, Eliminatorias… Así, llegamos al Mundial 98 con 25/30 partidos internacionales y 24/25/26 años de edad”, dijo Matias Almeyda en Fox Sports. De esto se trata. Passarella, a mediados de los 90, hizo un gran recambio de jugadores y tuvo que empezar de cero, como hay que empezar ahora.

De ninguna manera esto es un intento de eliminar a Messi de la Selección. Si, en cambio, de darle y darnos un respiro. Messi tuvo mucho que ver con el desgaste de la relación Sampaoli – plantel y ya habia tenido que ver con la caída de Bauza. ¿Todo que ver? No, por supuesto. Porque los entrenadores, lejos de corregir o imponerse, eligieron rendirle pleitesía, cholulearlo, reunirse con el padre de Leo (Sampaoli), decir que “es el equipo de Leo”, “es el mejor del mundo”, “Leo elige como jugar”. Todo fue una gran locura. Y esa locura debe terminar si queremos algo serio de aquí en más.

Esa locura debe terminar con o sin Messi.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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