LA BALADA DE PASTORE Y BANEGA

EL FLACO Y EVER. Pastore y Banega son dos estupendos jugadores. Martino duda entre ellos porque, tal vez, el planteo que presente Paraguay necesite mas de Banega que de Pastore. Algo tan simple es difícil de entender por el fundamentalismo despertado por algunos enunciados del Tata. Baena entró muy bien frente a Colombia y Pastore no hizo un buen partido. Sin embargo, Pastore es una bandera que Martino levanta cuando habla de su "estilo".

EL FLACO Y EVER. Pastore y Banega son dos estupendos jugadores. Martino duda entre ellos porque, tal vez, el planteo que presente Paraguay necesite mas de Banega que de Pastore. Algo tan simple es difícil de entender por el fundamentalismo despertado por algunos enunciados del Tata. Banega entró muy bien frente a Colombia y Pastore no hizo un buen partido. Sin embargo, Pastore es una bandera que Martino levanta cuando habla de su “estilo”.

El Tata Martino despertó a un montón de bestias dormidas que escupen fundamentalismo, como aquel vómito verde de Linda Blair en El Exorcista. Bestias dormidas y agazapadas, que salieron a la luz cuando la Selección de Sabella perdió la final del Mundial. Tenemos claro que no hubiesen salido si Argentina hubiese ganado el Mundial. Los que llevamos dignamente algunas canas cincuentonas, ya conocemos esta historia: cuando Argentina fue Campeón del Mundo de 1986, muchos de estos mismos “amantes del buen fútbol” –más viejos o más jóvenes, siempre con el mismo discurso prestado por Menotti/Valdano/ahora (no antes) por Bielsa– se llamaron a silencio porque no podían explicar, por ejemplo, como un DT defensivo como se supone era Bilardo tuvo en su equipo a tres jugadores ultratalentosos como Ponce, Sabella y Trobbiani (y los puso juntos, además) en el Estudiantes de 1982 y, en el 86, Maradona le funcionó como no le funcionó a Menotti en el Mundial de España. Aparecieron varios años después, pero sin gran vuelo y sin decir grandes cosas. Cantaron la misma vieja canción de los riesgos y “el buen futbol”. Nada serio. Recién en el 90, regresaron para caerle a un cuadro que jugaba muy mal, a un plantel mal armado por Bilardo, pero que jugó la final. La perdió, obviamente. La Selección Argentina que jugó el Mundial 90 no debía ganar el torneo. Jugó tan mal, tan equivocada –salvo la semi con Italia– que una victoria en la final nos hubiese puesto en un camino indebido. Porque, a diferencia de lo que dicen los fundamentalistas, el cómo es muy importante. Es esencial.

CARA INTERNA. Pase preciso, buen remate de media distancia y buen retroceso. Todo eso le aporta Ever Banega a la Selección.

CARA INTERNA. Pase preciso, buen remate de media distancia y buen retroceso. Todo eso le aporta Ever Banega a la Selección.

Como a los “amantes del buen futbol”, en definitiva, les importa el resultado más que cualquier otra cosa, obviamente, te van a decir lo contrario. Pero, por ejemplo, no se atreverían a llamar “cauteloso” a Sabella (¡a Sabella!, que jugó toda la eliminatoria con “los 4 fantásticos”, como pedían “quienes gustan del buen fútbol”) si Argentina le hubiese ganado a Alemania. Y la Argentina “cautelosa” de Sabella hizo méritos para ganar el partido. Pero no hizo los goles y, como quedó claro en esta Copa América –incluso para las bestias dormidas que despertó el pobre Tata– si no hacés los goles y no ganás los partidos, tu trabajo puede quedar sólo en un romántico testimonio. Porque hay veces en las que nos olvidamos que el fútbol es un deporte profesional, de elite, cuyo objetivo es ganar. Uno puede elegir el estilo, los modos, las formas, los jugadores, pero no puede escoger ganar ni jugar bien. El tema es cuando cruzamos esta línea. El objetivo es la victoria, no el estilo. El estilo es la elección de un camino. Y el fútbol, afortunadamente, tiene varios caminos. El futbol tiene varios buenos caminos, muchos buenos caminos desconocidos para estas bestias a las que Martino sacó del placard.

En estas 24 horas que faltan para verle la cara de nuevo al Paraguay de Ramón Díaz estamos ante una duda que es normal, si uno toma como referencia el partido contra Colombia. Martino está dudando entre Javier Pastore y Ever Banega para ocupar una plaza en la línea de volantes. El Pelado y Emiliano ya no acuden al perimido sistema que utilizaron en el primer tiempo del partido jugado en La Serena. Aquí, en Concepción, Derlis González y Edgar Benítez van a estar entre los once, aunque lamentan mucho la ausencia de Ortigoza. Martino piensa en el segundo tiempo de La Serena, lo mezcla con las actuaciones de Pastore y Banega del viernes y ahí es donde duda. ¿Pongo a Banega que me da más ida y vuelta que Pastore? ¿Dejo al Flaco para buscar sociedad con los de arriba?

Es cierto que a Pastore lo citaron Maradona, Batista y Sabella antes que Martino y que nunca fue todo lo que muchos creen que es. La realidad es que ahora, el Flaco es mucho mejor que antes. Hemos destacado en una de estas columnas que la llegada de Laurent Blanc al PSG lo convirtió en un futbolista más integral, sin perder el estilo ni resignar talento. Pastore, ahora, sabe moverse por los costados, puede ser un buen doble cinco, puede trabajar como enlace. Además de esto, el pobre Flaco es bandera de un grupo de gente que quiere que la Selección sea “Pastore y diez más” y encontraron en Martino el campo fértil para torturarnos con su fundamentalismo irracional. Y el más perjudicado es el propio jugador, porque se siente presionado, porque hace una pausa y empiezan los murmullos, falla en un pase –contra Colombia erró varios, justo es decirlo–  y la gente le pierde pronto la paciencia. “Juego para que me quieran o para que puteén”, le dijo Pastore al diario deportivo Olé hace unos días. Su estilo, su andar, su porte y su tranco son del típico futbolista amado u odiado casi en proporciones iguales, aunque hablar de odio a un futbolista pueda ser exagerado. Es un jugador que tiene una estética que enamora, como sucedía con Fernando Redondo. Todo lo que hace, lo hace lindo. Y si lo hace bien, lo hace bien y lindo, con lo cual habrá arrancado aplausos y amores de la tribuna. Si lo hace mal, también lo hace lindo. Y ahí empiezan las divisiones. Unos dirán que “tomó riesgos”, otros dirán que “se la da a los rivales”. Pastore tiene ciertos baches en los partidos que son veneno para los ansiosos y “descanso” para los que tienen al cordobés como bandera.

YO, EL SUPREMO. Javier Pastore en pleno desarrollo de sus facultades. La pelota al pie, el tranco, la elegancia. Sin quererlo, es la bandera de un fundamentalismo que lo perjudica. Pero es un excelente jugador, hoy mejor que antes.

TODO BAJO CONTROL. Javier Pastore en pleno desarrollo de sus facultades. La pelota al pie, el tranco, la elegancia. Sin quererlo, es la bandera de un fundamentalismo que lo perjudica. Pero es un excelente jugador, hoy más que antes.

“La principal diferencia entre Sabella y Martino es Pastore”, recuerdo que dije en medio de una discusión en 90 Minutos de Fútbol (13 hs, lunes a viernes, FoxSports). Si uno analiza los dos procesos –aún cuando el del Tata lleva sólo 15 partidos– la diferencia es esa y no es una diferencia pequeña. Pastore es más que un futbolista, a estas alturas. Pastore es la bandera de un grupo de personas que creen que este juego tiene que ser de una sola y determinada manera. En un par de declaraciones, Pastore alimentó este fundamentalismo, pero no podemos culparlo de nada. Él juega así y así es como se convirtió en emblema.

Banega es diferente. Maneja muy bien la pelota, tiene gran criterio, viene de una excelente temporada en el Sevilla ganador de la Europa League y fue la figura en el partido final ante el Dnipro. Quedó desafectado de la lista del Mundial a último momento, por razones que no quedaron muy claras. Si bien Ever no había tenido actuaciones destacadas en su brevísimo regreso a la Argentina, siempre hubo rumores de algo mas grave. De todos modos, nunca se comprobó nada, el jugador lo desmintió y todo siguió. Banega es otro de los futbolistas más apreciados por Martino. Al entrenador nacional le interesa mucho tener volantes con capacidad técnica y Ever lo es, con el agregado de que también tiene buena recuperación. Cuando entró por Pastore ante Colombia en Viña del Mar, muchos pensaron en un equipo que se pararía unos metros más atrás. Sin embargo, fue al revés: el equipo recuperó el dominio, nunca más perdió la pelota y estuvo a un tris de ganar el partido.

Tal vez Martino no haga cambios o tal vez recurra a Banega por Pastore. La duda nos dio una excusa para exponer algunas máximas que vamos a escuchar durante este ciclo y que están más cerca de la fantasía que de la realidad.

Y con lo amplio y maravilloso que es el futbol, jamás tendrán idea de lo que se pierden. Poner por delante discursos facilistas y medias verdades los convierten en los famosos ciegos que no quieren ver.

6 comentarios

  1. Waldo

    El resultado les interesa a todos, a los fundamentalistas y a los tacticistas. El tema es como se logra, a los “GRANDES” dts que vos ponderas como Bilardo les importaba poco el “como”, ganar como sea era su lema. No importaba si había que intoxicar a los rivales, no importaba si el gol era con la mano, no importaba si había que pegarle a los rivales, lesionarlos, pincharlos, p hacer tiempo exageradamente y otras artimañas, todo era valido con tal de “ganar”. Es decir lo que hizo Jara es bien visto por Bilardo, esta dentro de sus reglas.
    Llena de resentimiento y contradicciones la nota. No da ganas de analizar el tema de fondo: la inclusión o no de Banega y la salida de Pastore.

    Pd: Te propongo un ejercicio: Trata de publicar un escrito sin nombrar a Menotti ¿Podes? Saludos.

  2. Mariano

    ¡Gran nota! Coincido en todo. El fútbol tiene matices y el pragmatismo se vuelve indispensable.

    El daño colateral de ganar la Copa sería soportar a aquellos que encontraron en “Martino el campo fértil para torturarnos con su fundamentalismo irracional” (gran definición), quienes seguramente se adjudicarían la conquista.

    El fútbol no siempre es blanco o negro. Esa es una de las razones por las cuales es el deporte más lindo del mundo.

  3. Ignacio

    Mas que nada quiero decir que estoy de acuerdo con la nota y aclararle a Waldo que si bien los que apoyan el bilardismo creen que lo importante es ganar, sin importar la manera, tampoco el bilardismo va a justificar la grosería de Jara a Cavani, para mi el bilardismo representa todo lo que yo dije y no creo que fundamente ese tipo de acciones que, eso lo pensaría Bilardo en particular, ya que Sabella siendo un “discípulo” de Bilardo no tiene esas actitudes, ni fundamenta ese tipo de groserías

  4. carlos vasquez

    Muy buena nota, muchos confunden jugar lindo, con jugar bien. algunos juegan lindo, pero no juegan bien. y viceversa.

  5. Hamilton Palacio

    Bastante difuso por momentos, se pierde el hilo conductor y no se entiende por momentos cual es la idea que busca, al fin, resaltar. Increíble en una persona que vive de escribir.

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