LA INQUEBRANTABLE FE DE RIVER

MAIDANA. Imposible empezar cualquier análisis de River y su actuación en la primera final sin pasar por el 2. No son nuevas sus actuaciones sublimes, pero en Monterrey fue el dueño de todas las situaciones. Aquí, custodia al francés Gignac. Lo redujo a su mínima expresión, sin darle un solo golpe.

MAIDANA. Imposible empezar cualquier análisis de River y su actuación en la primera final sin pasar por el 2. No son nuevas sus actuaciones sublimes, pero en Monterrey fue el dueño de todas las situaciones. Aquí, custodia al francés Gignac. Lo redujo a su mínima expresión, sin darle un solo golpe.

A veces hay planes que deben revisarse sobre la marcha. Uno toma un camino para llegar a algún lado y, de repente, se encuentra con que el camino que eligió está lleno de obstáculos. O es un camino más largo para llegar al objetivo y hay cierta necesidad de llegar un poco más rápido. Da la impresión de que Marcelo Gallardo es un especialista en modificar rutas. Si revisamos exhaustivamente todos los partidos de River –básicamente, los partidos desde octavos en adelante– se encontrará con que casi no repitió esquema.

Pero en Monterrey, Gallardo soñó con que su equipo hiciera algo parecido a lo que hizo en Belo Horizonte, cuando consiguió el pase a la semifinal –antes de la Copa América– destruyendo al Cruzeiro con un 3-0 fenomenal. Esa noche, River tuvo en la cancha por última vez a Teo Gutiérrez y Ariel Rojas. Ambos, edificaron una actuación fantástica. Teo debe haber jugado el mejor partido de su estadía en River. Y Gallardo apeló al amor propio de Rojas para convencerlo de que, aunque se fuera del club al día siguiente, podía dejar un recuerdo imborrable. Aquel Cruzeiro es un equipo más débil que este Tigres con economía europea. Sin embargo, la fe de Gallardo en sus jugadores mueve montañas tan altas como las que rodean al Estadio Universitario y que soportan estoicas los treinta y pico de grados que Monterrey tiene a la sombra.

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MANO A MANO. Damm con Barovero (izq.), Alario con Guzmán. En ambos casos, los arqueros supieron resolverlo. La llegada de Tigres fue la segunda, la de River la única. Provino de un muy buen pase de Sánchez. El Patón hizo gran lectura de la jugada y ganó.

 

La fe de Gallardo es un motor fundamental de este equipo. Los futbolistas de River saben que el DT cree en ellos. Tal vez, sea esto lo que hace que los muchachos le crean todo al entrenador. O al revés: capaz que Gallardo nota que cuando se para delante del grupo a contarles los planes que tiene para determinado partido –incluso para una final de Copa Libertadores– los jugadores lo miran embelesados y deciden meterle para adelante. Más allá de rendimientos individuales notables (Barovero, Maidana, Funes Mori, Sánchez, Kranevitter, Ponzio), lo que River muestra en cada partido es una convicción indestructible. La palabra “convicción” fue bastardeada hasta el hartazgo y hasta hacernos creer que sólo tienen “convicción” los que juegan de un modo determinado.

No es así. El poder de convicción de Gallardo consiste en explicar de qué se trata cada partido y cómo el técnico piensa que hay que afrontarlo. También puede explicarse en que los juegan son los que el Muñeco cree que tiene que jugar. No es sencillo para ningún entrenador –ni siquiera para Gallardo–  hacer debutar en una semifinal de Copa con la camiseta de River ante 70.000 hinchas enardecidos a un chico sin chapa como Lucas Alario, con Cavenaghi y Saviola esperando en el banco. Tampoco fue fácil convencer a todos de que Funes Mori debía ser el compañero de zaga de Maidana y no Alvarez Balanta. “El Mellizo es más rápido y juega de memoria con Jony”, le dijo el Muñeco en privado a su equipo de ayudantes. Afuera, la cátedra pedía al colombiano. River juega de un modo que necesita que el defensor sea más veloz que lujoso y que tenga rigor en la marca. En la semi, Maidana jugó mano a mano con Santander y no le dejó tocar la pelota. Lo mismo ocurrió en la infernal noche en El Volcán. El 2 se fajó con Gignac y con Rafael Sobis a tal punto que los dos delanteros de Tigres terminaron evitándolo. Y cuando evitaron a Maidana, apareció Funes Mori. Y cuando falló Vangioni –hecho que pasó a menudo– apareció Barovero.

PITY. EL ex jugador de Huracán disputó el segundo tiempo completo, pero no pesó. En la escena, supera a Guido Pizarro, pero fue la excepción. El volante del cuadro mexicano se quedó con todo lo que River intentó.

PITY. EL ex jugador de Huracán disputó el segundo tiempo completo, pero no pesó. En la escena, supera a Guido Pizarro, pero fue la excepción. El volante del cuadro mexicano se quedó con todo lo que River intentó.

En el primer tiempo de la Final, Tigres le provocó cierto malestar a River por los costados. Mercado perdió con asiduidad el mano a mano con Damián Alvarez y, del otro lado, Vangioni corrió la misma suerte con Damm. Pero, salvo un cabezazo a bocajarro que Sobis metió directo a las manos de Barovero, los centrales y el arquero millonarios despejaron todo lo que le tiraron. En el complemento, River corrigió el problema del lado de Mercado, cuando Kranevitter se corrió a la derecha y, entre ambos, se quedaron con todas y cada una de las intenciones del ex volante de River. En cambio, Tigres trató de lastimar a River por detrás de Vangioni y casi logra su cometido completo, cuando el lateral izquierdo millonario pifió en un corte y Damm quedó mano a mano con Barovero. El arquero “gateó” lo suficiente como para cerrarle el ángulo de disparo todo lo posible al volante mexicano – alemán y lo consiguió. Damm terminó apretado contra la raya, tirando un centro forzado que cortó el mismo Vangioni. River tuvo una llegada en los 90 minutos y fue un mano a mano de Alario con Guzmán que el ex arquero de Newell’s resolvió maravillosamente, con gran lectura previa de la jugada.

No pasó más que esto. Algunos analistas siguen hablando de “brillo”, “partido decepcionante” (?), “lindo”, “feo”… Fue una final y se jugó con nervios y con la cabeza. Ni Tigres ni River estuvieron allí para gustarle a los analistas, sino para llevarse el mejor resultado posible del modo que planearon o como pudieran, teniendo en cuenta las vicisitudes por las que los futbolistas atraviesan en un partido.

River tuvo un serio déficit a la hora de atacar, aunque todos creemos que en el Monumental la historia será diferente. En Monterrey, Arévalo Ríos ocupó una curiosa posición de volante ofensivo –Gallardo estaba avisado, ya lo había hecho en la semi con Internacional– y Guido Pizarro fue el 5. El ex jugador de Lanús hizo un partido excelente y él fue quien se encargó de que River no pudiera generarle fútbol a Alario y a Mora/Pity Martinez. El duelo Pizarro – Ponzio fue de lo mejor del partido.

VIUDEZ. Gallardo lo eligió para que rompiera por la izquierda y llegara haciendo la diagonal, dada su condición de diestro. Empezó bien, se diluyó, perdió con su marca y terminó lesionado. Sólo jugó el primer tiempo.

VIUDEZ. Gallardo lo eligió para que rompiera por la izquierda y llegara haciendo la diagonal, dada su condición de diestro. Empezó bien, se diluyó, perdió con su marca y terminó lesionado. Sólo jugó el primer tiempo.

Acaso las mayores preocupaciones pasen porque en el plantel no hay un reemplazante directo de Mercado –Mammana es central, Solari es volante, Mayada también– y porque cayeron lesionados Viudez y Mora. Seguramente, el reemplazante de Viudez será Pity Martínez y el de Mercado (llegó a la tercera amarilla), Mammana. Habrá que ver quien suple a Mora, si es que el ex jugador de Defensor Sporting no llega en condiciones. A juzgar por los cambios que Gallardo hizo, no sería extraño que Nicolás Bertolo ocupe ese lugar.

La cuestión es que River se trajo un gran resultado. Trabajó para ello, se sacrificó, dejó soldados por el camino y mostró algunos rendimientos individuales brillantes que sostuvieron –sin sufrir demasiado– un empate que podría ser vital a la hora de la revancha.

A veces, el camino a la gloria está lleno de obstáculos. El tema es ir sorteándolos y estar convencidos de cómo hacerlo. River y Gallardo han dado lecciones constantes en este rubro.

3 comentarios

  1. Emi

    Chavo, el hecho de que River haya jugado en la B hizo que te conociera como comentarista desde el partido con Chaca, la verdad me hizo muy llevadero ver a River ese año porque me gusta mucho tu manera de analizar, y lo sigo corroborando acá también. Tus palabras siempre son muy buenas. Tanto vos como Latorre, Varsky y Bonadeo me hacen seguir creyendo en esta profesión. Abrazo grande

  2. Flor

    Chavo querido! Me encanto tu análisis coincido..en general me gusta como analizas el futbol muy completo siempre, admiro tu profesionalidad asi como tambien a seba vignolo..Dani Arcucci. suelo escucharte en las transmisiones y en 90 minutos (los miro todos los días)gran programa! los felicito! Saludos desde la ciudad de Sgo.

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