MARA – BIGLIA

GOL DE TODA LA CANCHA. Lucas Biglia termina la jugada que él mismo había iniciado 70 metros mas atrás. La pelota hizo aduana en Banega, llegó a Lavezzi y Pocho resolvió rápido metiéndola al medio. Allí, llegó Biglia. Argentina ganó 1-0 con este gol y cerró esta serie con una excelente actuación.

GOL DE TODA LA CANCHA. Lucas Biglia termina la jugada que él mismo había iniciado 70 metros mas atrás. La pelota hizo aduana en Banega, eligió y habilitó a Lavezzi con una cesión brillante y Pocho resolvió rápido metiéndola al medio. Allí, llegó Biglia. Argentina ganó 1-0 con este gol y cerró esta serie con una excelente actuación.

Lucas Rodrigo Biglia no alcanzó a juntar 50 partidos en el fútbol argentino. Llegó a 49, sumando los que jugó para Argentinos Juniors (2003 – 2005) e Independiente (2005 – 2006). Dejó la Argentina cuando Nico Frutos les dijo a los dirigentes del Anderlecht de Bélgica que allá lejos, en Avellaneda, había un volante central rubio que tenía gran capacidad de quite y, sobre todo, una gran inteligencia para ocupar el lugar del campo que hiciera falta. En el cuadro de camiseta violeta de Bruselas, Biglia hizo el grueso de su carrera porque jugó casi 300 partidos. Es extraño, pero Lucas creció a niveles de excelencia en una liga que, en general, no los tiene. Bélgica saca muy buenos jugadores (Hazard, Fellaini), arma poderosas selecciones pero su campeonato local no tiene la exigencia que podría tener uno de los grandes de Europa o el argentino mismo.

Sin embargo, Biglia estuvo siete temporadas en Bruselas y logró un gran crecimiento como futbolista. En medio de su pase de Argentinos a Independiente, fue convocado por Pancho Ferraro para jugar el Sub 20 para jugar el Mundial de Holanda, plantel en el que estaban Messi, el Kun Agüero, Zabaleta, Gago y el Negro Garay. Fueron campeones del mundo, en la primera muestra importante de Messi con la Celeste y Blanca. Biglia jugó 6 de los siete partidos compartiendo la mitad de la cancha con Fernando Gago, quien –muchos años después– sería su reemplazado en el Mundial 2014. Quedó en la historia, pero opacado por Messi y el Kun y yendo a jugar a un futbol como el de Bélgica, aún más.

EN TU CASA MANDO YO. Otra vez Biglia, ganándole el duelo del medio a Mejía. El capitán tuvo una actuación descolaste, como para terminar con cualquier duda.

EN TU CASA MANDO YO. Otra vez Biglia, ganándole el duelo del medio a Mejía. El volante de la Lazio tuvo una actuación descollante, como para terminar con cualquier duda.

Checho Batista lo convocó por primera vez a la Selección Mayor, en noviembre de 2010, cuando Argentina le ganó a Brasil en Doha (Qatar) 1-0 con un golazo de Messi. Pasó a Lazio en la temporada 2013 – 2014, en un momento en el que Lucas andaba con ganas de ir a un liga mas competitiva. Hoy, es referencia y capitán del equipo celeste de la capital italiana y está en una lista de Rafa Benítez para formar parte del plantel del Real Madrid desde el próximo mercado de pases del invierno europeo 2016.  Lo demás es historia conocida, sobre todo esa historia en la que Biglia se convirtió en un reloj de precisión tan valioso para la Selección Argentina que llegó a la final del Mundial de Brasil.

Argentina ganó en Barranquilla por muchas razones, pero Biglia fue la primera de ellas. Por eso, empezamos por él. En general, los analistas buscamos razones colectivas porque son las que entregan una conclusión mas cercana a la realidad. A veces, un destello individual puede confundir y hacernos creer en algo que en realidad no fue. Pero la Argentina que se presentó y triunfó en el Estadio Metropolitano Roberto Meléndez tuvo de ambas cosas. Acaso podría decirse que sin individualidades que funcionen bien no habrá conjunto que resista y es probable que sea cierto, pero ha pasado cientos de veces que equipos con un buen colchón de funcionamiento logran disimular malas tardes de sus integrantes.

Lo auspicioso de la no tan acalorada pero muy húmeda tarde de Barranquilla fue que el equipo ganó, pero, mas que eso, fue la continuidad de una clara mejora unitaria y colectiva del cuadro argentino, aun con las ausencias que ya conocemos. Martino hizo algo digno de elogio: usó el poco tiempo de trabajo para darle funcionamiento al grupo, para entregarle herramientas que le permitieran salir bien parados de dos partidos muy importantes, como lo fueron los de Brasil y Colombia. Esta fue la mayor victoria del Tata. Algunos hablan de “acierto” el haber puesto de titular a Funes Mori, como si hubiese apostado un número en la ruleta. Si esto fuera así, entonces no es “acierto” de Martino, sino de Gallardo, que lo puso contra la opinión mayoritaria de hinchas de River y periodistas, que sostenían a los cuatro vientos que debía jugar Alvarez Balanta. O de Passarella, que cuando River jugaba en la B Nacional y nadie daba dos mangos por nada, me dijo en un aeropuerto: “Almeyda lo está llevando despacio, pero el Funes Mori defensor (sic) es crack. Acordate de lo que te digo”.

FIDEO FINO. Di Maria quedó mano a mano con David Ospina por una gran cesión de Higuaín. Tocó sobre la salida del arquero y la pelota se fue apenas. Pudo haber sido el segundo gol sobre el cierre del primer tiempo. Al equipo le sigue costando convertir en goles la importante cantidad de situaciones que genera.

FIDEO FINO. Di Maria quedó mano a mano con David Ospina por una gran cesión de Higuaín. Tocó sobre la salida del arquero y la pelota se fue apenas. La cara del estupendo jugador argentino lo dice todo. Pudo haber sido el segundo gol sobre el cierre del primer tiempo. Al equipo le sigue costando convertir en goles la importante cantidad de situaciones que genera.

En todo caso, el “acierto” es haber entendido que, por características, Otamendi y Funes Mori podrían formar una dupla central eficaz, segura y de buena salida. Otra de las cuestiones que resolvió Martino, aún contra su propio orden de prioridades, fue la ausencia de Pastore, una suerte de jugador fetiche de su ciclo. Ya en otra ocasión habíamos planteado aquí la dicotomía entre Pastore y Banega. Por supuesto, el análisis rápido y sin fundamento del hincha de las redes sociales (“Termolandia”, según la extraordinaria definición de Juan Pablo Varsky) habló de que “sos defensivo porque querés a Banega y no a Pastore”, como si Banega fuera un “5” rústico. Este asunto de “salir jugando” ha sacado a la superficie a cierto periodismo nostálgico de los años 70, cuando casi no existía la presión alta (recién empezó a usarla Ajax a fines de los 60 y Holanda 74 se la enseño al Mundo en el Mundial de Alemania) y opinan y definen situaciones y futbolistas según ese oxidado prisma.

Y no es así. Los futbolistas muy buenos –como Banega y Pastore, por ejemplo– evolucionan y, muchas veces, parte de esa evolución es una modificación del lugar original. Ni siquiera Pastore juega en el lugar en el que jugaba en Huracán. Laurent Blanc, el DT del PSG, lo pone por los costados. Y Banega es casi un 10 en Sevilla. Hizo un gran partido contra Barcelona en la final de la Supercopa de Europa y una temporada maravillosa en su equipo. Por eso, es perfecto que el reemplazante de Pastore sea Banega. Aquí fue dicho durante la Copa América, reforzado después de Paraguay y antes de Brasil y reconocido luego –recién luego– de ganar en Colombia. A veces, las cosas en el futbol son tan notorias que no hace falta esperar una victoria. Con prestar atención y no supeditar todo el análisis al resultado es suficiente.

MERCADO. El pibe de Puerto Madryn hizo un excelente partido, respaldando a Martino en la decisión de ponerlo por encima de Peruzzi. Fue riguroso en la marca y se fue al ataque como lo conocemos en River. Hizo buen tándem con Lavezzi.

MERCADO. El pibe de Puerto Madryn hizo un excelente partido, respaldando a Martino en la decisión de ponerlo por encima de Peruzzi. Fue riguroso en la marca y se fue al ataque como lo conocemos en River. Hizo buen tándem con Lavezzi.

Un comentarista de la Cadena Caracol Gol dijo en la transmisión del partido para Colombia: “Mascherano maneja todo. Tiene la pelota y la juega de tal modo, que cuando nuestros jugadores llegan ahí, la pelota ya no está, ya partió”. El partido de Mascherano fue impresionante. Y no es casual que cada vez que El Jefecito tiene un partido de estos –criterio, búsqueda, ubicación, reparto con precisión– es porque quien juega con él está en nivel alto. Pasó en Paraguay cuando lo acompañó Kranevitter. Pasó ayer, cuando su ladero fue Biglia, el comienzo y el rey de esta historia.

Mas allá de discrepancias con algunas decisiones de Martino –volvió a cambiar hombre por hombre, hacía falta Kranevitter en esos minutos finales y puso a Enzo Pérez– démosle la derecha en que supo cambiar ante un rival que no presentó un partido común y corriente. Y a partir de ese equipo corto, Argentina pudo encontrar espacios que le permitieron pensar en un resultado mas amplio que ese 1-0 final. Es cierto que el equipo volvió a tener como defecto la falta de resolución. Alguno dirá “bueno, pero las situaciones se generaron”. Si, pero hay que hacer los goles y el equipo –ya desde la Copa América– está fallando en situaciones muy propicias. Funes Mori, en el minuto final, evitó un empate que hubiese echado por tierra toda la imagen positiva que el equipo entregó en estos dos partidos. Hubiese sido muy injusto, pero quedarse sin nada en dos partidos con trámites como los de Brasil y Colombia hubiese sido pura y exclusiva responsabilidad del equipo argentino.

JEFE. Javier Mascherano hizo un partido descomunal. Aquí se apodera de la pelota y llena de impotencia a Teo Gutiérrez, pero, además, jugó y fue imbatible en ese dúo lleno de inteligencia, orden y futbol que forman con Biglia.

JEFE. Javier Mascherano hizo un partido descomunal. Aquí se apodera de la pelota y llena de impotencia a Teo Gutiérrez, pero, además, jugó y fue imbatible en ese dúo lleno de inteligencia, orden y futbol que forman con Biglia.

Empezamos con Biglia y terminamos con Biglia. Cortó, tocó, fue, llegó y la metió. No dio mal un pase, pero, ante todo, hizo que el equipo se mantuviera en orden y siempre creciera a partir de la recuperación de la pelota, con el estilo que quiere el entrenador y un altísimo grado de concentración. Biglia, en definitiva, es un futbolista con los cinco sentidos puestos al servicio de cada jugada y con una lectura de juego que muy pocos tienen.

Por Biglia y por todos, hoy tenemos esta sonrisa. La peor tormenta parece haber pasado.

 

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