31 de octubre de 2020
LA PELEA ACÁ. Diego Armando Maradona podría vivir en cualquier parte del mundo. En el mundo árabe, sería recibido con los brazos abiertos y bañado en oro. Ni hablar en Nápoles, donde es el Dios del Fútbol. Pero eligió otro destino: la Argentina. Maradona llegó a Gimnasia tras una buena tarea en el ascenso mexicano. El Lobo le abrió las puertas y él se entregó de cuerpo y alma. Con el tiempo, y con la inestimable colaboración de Sebastián Méndez y Adrián González, Diegoéempezó a trabajar en un equipo debilitado y con un porcentaje enorme de posibildades de descender. El conjunto mejoró y estaba en esa lucha cuando llegó el Covid 19. Pero esta nota se trata de lo que significa que un tipo como Maradona elija trabajar en la Argentina, contradiciendo a todos aquellos que van a destinos impresentables por un puñado de dólares. Esos destinos oscuros se pagan con suplencias, descensos, pérdida de lugar en la Selección. Mientras Diego Maradona esté aquí, será, una vez más, la resistencia a lo preestablecido.

Acaso no haya en el mundo del fútbol una sonrisa más ancha y más aglutinante que la de Diego Armando Maradona. Tampoco hay abrazo más cálido ni palabra más pícara ni persona más futbolera. Diego es una Biblia. Se acuerda de todo. Siempre me impresionó su memoria fotográfica sobre goles, jugadas, compañeros, rivales. Cuenta acciones de juego con un lujo de detalles que podría ser propio de un sagaz periodista especializado en fútbol, pero no, las observaciones minuciosas son del tipo que lleva la pelota, del tipo que está jugando, del que está gambeteando rivales y buscando compañeros. Escuchándolo hablar de fútbol con la pasión que lo hace, uno entiende una buena parte de por qué Maradona jugaba como jugaba. Sin pasión y sin conocimiento innato del juego y de los secretos de la pelota, jamás hubiese habido cuatro goles a Gatti, ni primer gol a los ingleses, ni segundo gol a los ingleses, ni pase a Caniggia, ni gol a Grecia.

Diego es una máquina de juntar aniversarios. De hecho, esta semana se cumplieron 30 años de aquellos días maravillosos del Mundial 90 y su glorioso tobillo inflamado apareció por todas partes, cerca del hartazgo, diría. El Maradona DT de Gimnasia no cumple ningún aniversario ni fecha en número redondo. Se presentó como entrenador del Lobo el 8 de septiembre de 2019, después de que el empresario Cristian Bragarnik –el representante de moda en el fútbol argentino de estos años– le consiguiera trabajo en Dorados de Sinaloa, de la Segunda División de México y lograra este retorno de Maradona a nuestras canchas.

Pese a que jugó al fútbol como nadie, Maradona no integra ninguna lista de grandes entrenadores y es posible que no la integre nunca. Quedaron en el tiempo aquellas experiencias cortas y fallidas de Mandiyú y Racing, a mediados de los 90, cuando todavía era jugador. Su sola presencia mueve un mundo (lo movían entonces, lo mueven ahora), pero sus equipos no. Su vida equivale a diez de las nuestras, así que pensar en un entrenador con cierta regularidad entre los años 98 y 2002, sería no conocer la trillada y tan ventilada vida de Diego.

D10S Y EL DIEZ. Tuvo un paso por la Selección Argentina que incluyó el Mundial 2010. La experiencia no fue feliz y, mucho menos, su salida, producida al no aceptar la remoción de sus colaboradores. Al irse de la Selección, todo voló por el aire: quedó enemistado con Grondona y Bilardo. Posteriormente, también rompió con Alejandro Mancuso por cuentas no demasiado claras entre ambos.
AL WASL. Tuvo una experiencia en Emiratos Árabes Unidos que le dejó mucho dinero, experiencias de vida fenomenales y la frustración de perder un ascenso estando muy cerca de lograrlo. Estuvo ahí en 2011 y 2012.
MÉXICO. Su paso por Dorados de Sinaloa, en la Segunda División de México, fue bueno. No pudo ascender al equipo, pero estuvo a punto de hacerlo en las dos temporadas en las que dirigió al cuadro de Culiacán. Fue la primera vez que lo representó Bragarnik. Estuvo contenido y contento. Se le notó hasta en el físico.

Maradona estuvo en la Selección Argentina, Emiratos Árabes Unidos y México, antes de llegar a su aventura en el fútbol argentino. Diego siempre fue valiente en su vida como futbolista y llegar a Gimnasia, en las condiciones en las que estaba el Lobo de cara a un potencial descenso, también exigió una muestra de coraje. Los dirigentes que llevaron a Gimnasia al querido Indio Ortiz para que apague el incendio con un vaso de agua, son los mismos que pensaron en el carisma de Maradona, nada menos, para detener o hacer más suave la caída. No vamos a entrar aquí en demasiados detalles anteriores a la llegada de Diego a Gimnasia, pero basta con pensar que el equipo titular perdió a tres piezas valiosas como Faravelli, el Tanque Silva y el venezolano Hurtado. O sea, Gimnasia perdió fuerzas de una temporada a la otra, justo en el momento en el que la posibilidad de pérdida de la categoría estaba a la vuelta de la esquina.

Cuando Bragarnik propuso a Maradona para dirigir a Gimnasia, al presidente Gabriel Pellegrino se le iluminó la cara con una sonrisa inmensa. No sé si, efectivamente, pensó que Diego iba a salvarlo del descenso. Pero sabe lo que sabemos todos: Maradona tiene magia, hace milagros. A su alrededor, cuando se trata de fútbol, ocurren cosas reñidas con la lógica. Vincular estas cuestiones –más místicas que concretas– a la salvación de Gimnasia, incluso con las características de Diego, era una locura.

Sin embargo, se encontraron con las ganas de Maradona de trabajar entre nosotros, de volver al fútbol argentino que ama desde siempre. Diego también sabe de su hechizo y de su “en el fútbol, yo todo lo puedo” y le dio para adelante. Después, Bragarnik le diseñó un cuerpo técnico muy competente –el Gallego Mendez y Adrián González– y allí arrancó su aventura.

Como pantallazo general, es justo decir que Maradona y sus compañeros mejoraron mucho el rendimiento del equipo, cambiaron varias piezas, le dieron dinámica a un conjunto que se desplazaba con extrema lentitud y encontraron en las inferiores a jugadores debutantes u olvidados que le dieron soluciones, como los casos de Contín, Erick Ramírez, Matías Miranda y la joya de la corona, José Antonio Paradela. Si los descensos no se suspenden y a Gimnasia le toca irse, tal vez nadie valores estas cuestiones. Pero las hubo. Diego y el Gallego Mendez se cargaron la responsabilidad de sacar adelante a un equipo que estaba con el destino marcado.

SOSTÉN. La jugada maestra de Cristian Bragarnik fue respaldar a Maradona con Sebastián Méndez, un entrenador fogueado y con muy buenos recursos, para resolver los problemas del equipo en su funcionamiento. La admiración que siente el Gallego por Diego es uno de los pilares sobre los que se sostiene una relación que, descienda o no, fue muy beneficiosa para Gimnasia.

La presencia de Maradona en el fútbol argentino debe ser tomada como el intento de rescate de un fútbol demacrado, disminuido por los vaivenes de la economía nacional, chocado por dirigentes incapaces o por representantes avaros que prefieren que sus jugadores estén en ligas menores o en equipos espantosos con tal de ganar un mango más.

Maradona vino a este fútbol, se arremangó, se expuso a la crítica diaria, se sometió al juicio de todos, sin importarle los rayones que puedan hacerse en el bronce que ocupa desde siempre. Diego se sentó en el banco de suplentes de un equipo casi condenado a descender, sin figuras, con futbolistas que están de vuelta o con pibes entusiastas que tienen, como único norte o por malos ejemplos o por empresarios de vista corta, irse a jugar a oscuros clubes de ligas impresentables. Maradona se sentó en el banco de uno de los peores equipos de nuestro torneo a orientar a pibes que nacieron bastante después del gol a los ingleses.

Hace unos días, en 90 Minutos de Fútbol (Fox Sports), el Gallego Méndez dio la clave de la dicha de Diego: “Es feliz con solo pisar el pasto de Estancia Chica. El olor a pasto lo hace feliz y transmite esa felicidad todo el tiempo”. Alguno podrá decir que Diego está de vuelta de todo y es cierto y que a un pibe de 20 años, una oferta del fútbol griego puede cambiarle la vida y tendrán razón. No hay quejas sobre el hecho de ganar dinero en el fútbol porque eso ocurre desde 1931. El tema es que el dinero le está quitando competitividad al juego. Basta con ver cualquiera de las ligas más importantes del mundo. Los jugadores argentinos van a cualquier parte “porque en la Argentina el dolar blue vale 120 pesos” o “porque aquí no hay seguridad” o “porque quiero crecer”. Esto mismo dijo el Monito Vargas, quien seguramente hizo buena diferencia económica en el Espanyol. Pero acaba de irse al descenso sentado en el banco y, cuando jugaba en Velez, estaba en la Selección Argentina. Podríamos llenar páginas enteras con casos similares.

Por eso, este Maradona de Gimnasia es el mejor líder que uno pueda tener para resistir el éxodo, para combatir a representantes inescrupulosos, para explicarles a pibes que juegan muy bien que irse a ligas menores, por más dinero que le paguen, es tirar la carrera a un nivel menor del que puede pretenderse desde la Argentina. La zanahoria de ir a “un chico de Europa para después saltar a un grande” es eso, un anzuelo para que pique el jugador. Eso ocurrió en un tiempo, ya no pasa. Hay futbolistas rodando por el Eibar o el Espanyol soñando con un salto al Real Madrid, al Barcelona o al Atlético de Madrid que jamás va a producirse. ¿Es mejor irse al descenso en el banco del Espanyol o jugar en Velez y en la Selección Argentina? ¿Cuál es el apuro? ¿Nunca hay apuesta en los clubes argentinos? ¿Siempre es mejor un mal equipo de afuera –en este caso, el Espanyol– que uno bueno y competitivo de aquí, como lo es Vélez?

DESDE EL ALMA. En el repaso del recorrido de Maradona como entrenador de Gimnasia, encontramos muchas imágenes de la pasión que le puso a su trabajo. Diego es subestimado muchas veces, pero en el Lobo, su labor estuvo muy bien apuntalada y él le dio su impronta y su compromiso con sus futbolistas.

No es real que Maradona no tuviera opciones. Las tiene todo el tiempo, podría ganar más dinero sentado en la casa o haciendo publicidades que dirigiendo a Gimnasia y sometiéndose a la opinión general cada fin de semana. Pero Diego quiere trabajar en el fútbol argentino. Y no es por plata, como quedó dicho. Sin ir más lejos, y hablando de economía, Diego le reportó a Gimnasia un dinero extra por venta de merchandising que ni soñaba tener a comienzo de temporada. Maradona cobra por su trabajo, que es el de preparar un equipo para jugar los partidos y tratar de ganarlos. Bragarnik fue quien armó el cuerpo técnico y los roles están muy bien definidos. Para un jugador de fútbol, que Maradona le de una palmada, una palabra de aliento, una caricia después de un error o un abrazo después de un gol, es una de las mejores cosas que pueden pasarle en la vida. Hay quienes subestiman esto, creen que un buen entrenador es solo el que te dice como tenés jugar y como juega el rival. Es bastante más que eso. Seguramente, Sebastián Méndez y Adrián González son los que se encargan del trabajo de campo, de proponer tácticas y estrategias. El Gallego es un entrenador de primera línea que sólo aceptó un cargo de ayudante porque el DT era Maradona. Pero Diego es indispensable para la relación con el futbolista. Decir que Maradona “no sabe de fútbol” es una tontería que no admite el menor reparo.

Una vez más, Maradona aparece plantado contra algo establecido. Tal vez, no se lo haya propuesto. En una de esas, pensó en Gimnasia como para demostrar que lo bueno que hizo en Dorados podría repetirlo en su país. Pero su llegada y permanencia, aún con las dificultades políticas, económicas y deportivas de Gimnasia, es un cachetazo a los que creen que hay que irse a jugar a cualquier lado, que es mejor desaparecer de la faz de la Tierra del Fútbol, pero “salvar a los nietos” o “irse de este país de mierda”.

Tampoco se trata aquí de meterse en el bolsillo de nadie., cada uno sabe dónde le aprieta el zapato. Simplemente, se trata de cuidar a la Liga Argentina. Sabemos de los desaguisados de los dirigentes, de los torneos pésimamente organizados, del 38 a 38 y de muchos etcéteras más. Sabemos todo, no somos ingenuos. Las estructuras del fútbol argentino crujen hace tiempo y no se encuentran buenos arquitectos para detener ese ruido decadente. Pero no hay que vaciar a nuestros clubes, no hay que escaparse hacia destinos sin jerarquía o que son para que veteranas estrellas cierren su carrera haciendo el último retoque a su fortuna. Hay que plantarse y pelear aquí para llegar a un fútbol o a un equipo al que valga la pena ir. El dinero puede ganarse en cualquier momento. Esa desesperación hace que la Argentina sólo tenga en la elite a futbolistas mayores de 30 años (Messi, Agüero, Di María, Higuaín), a otros de edad ideal que no despegan en el equipo nacional (Icardi, Dybala) y unos pocos que dieron la talla, pero están en equipos menores o no son titulares, como De Paul y Paredes. El único que está en gran momento y en la edad justa es Lucas Ocampos (26 años), pero apenas pasó por River cuando estuvo en la B Nacional (fue el único jugador de ese plantel que estuvo en los 38 partidos) y se fue a Mónaco, que en ese momento (2012) tenía una preponderancia superior a la que tiene ahora en el fútbol francés. Le costó acomodarse y hasta tuvo un frustrado paso por el Milan. Pero el de Ocampos es un caso excepcional.

EN LO SUYO. Diego Maradona debe estar en una cancha del fútbol argentino. Su sola presencia jerarquiza, nos obliga a quienes lo vimos a mostrar imágenes de su etapa como jugador y de verlo disfrutar (o sufrir) de cada domingo en el banco de Gimnasia, peleándola todo el tiempo, con errores y con cuestiones personales que se dirimirán donde tengan que hacerlo. Diego está en el fútbol argentino y es una bendición.

Maradona es la resistencia a todo eso. Desde su modesto Gimnasia, Diego da pelea desde y por el fútbol argentino. No es el dinero la única variable que maneja el fútbol o no debería serlo, al menos. Alguna vez alguien dirá “Racing es más importante que el Udinese” y elegirá quedarse en Avellaneda, alguna vez alguien pensará que irse de Boca al Cagliari tiene como atractivo las postales de la Isla de Cerdeña, pero de ninguna manera cambiarse un domingo a la tarde en el vestuario de la Bombonera puede compararse a hacerlo en el vestuario ultramoderno y lujoso del estadio del Cagliari.

Maradona en Gimnasia, los tronos, los homenajes, los jugadores llorando de emoción, el Gallego Méndez valorando cada charla con Diego como si fueran partículas de su cuerpo, los abrazos interminables en todos los estadios del país, nos hacen pensar que el fútbol argentino deberá despegar de una vez por todas. Para hacerlo, necesita deshacerse de empresarios ricos que empobrecen a los clubes y de jugadores cándidos que jamás se plantan ante la chance de irse de acá a buscarse un futuro supuestamente mejor, pero que, cada vez más, tiene un destino oscuro, sin luces, con el frío insoportable de un banco de suplentes. Todo esto suena idealista, sin mucho sustento de las economías de esta región, pero no puedo más que expresar lo que me pasa cuando veo a un futbolista argentino joven y bueno en una liga marginal o sentado en el banco de los suplentes de un mal equipo.

Mientras Diego resista aquí, podemos soñar con un fútbol mejor.

PRIMERA VICTORIA DEL GIMNASIA DE DIEGO. Fue 4-2 a Godoy Cruz, en Mendoza.

Diego Chavo Fucks

Diego Chavo Fucks

Me llamo Diego Fucks, pero me dicen Chavo. Soy periodista de medios gráficos, radiales y televisivos desde 1982 y mi especialidad es el fútbol. Me encontras en: TELEVISIÓN Conductor de Tarde Redonda por FOX SPORTS de Lunes a Viernes de 17hs a 19hs. Columnista de 90 Minutos de Futbol por FOX SPORTS de Lunes a Viernes de 13 a 15hs RADIO Conductor de Rezo Por Vos de Radio Nacional AM 870 y Nacional Folklorica FM 98.7 de Lunes a Viernes de 9 a 12hs. LIBROS Eliminatorias 98, un camino largo y sinuoso (1997) Editorial Alfaguara El Libro de Boca (1999) Editorial Alfaguara El Libro de River (1999) Editorial Alfaguara Duelo de Guapos (2005) Distal Libros y Pensado Para Televisión. Tévez, La verdadera historia (2016) Ediciones B. Jugados (2000) EUDEBA -coautor- Esta página la he creado para que podamos comunicarnos mas asiduamente, para poder compartir mi trabajo con vos y que podamos, vos y yo, disfrutarlo. Podes opinar, sugerir y hacer consultas desde aquí. ¡Gracias por estar… una vez mas!

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