Diego Chavo Fucks

Diego Chavo Fucks

Me llamo Diego Fucks, pero me dicen Chavo. Soy periodista de medios gráficos, radiales y televisivos desde 1982 y mi especialidad es el fútbol. Me encontras en: TELEVISIÓN Conductor de Tarde Redonda por FOX SPORTS de Lunes a Viernes de 17hs a 19hs. Columnista de 90 Minutos de Futbol por FOX SPORTS de Lunes a Viernes de 13 a 15hs RADIO Conductor de Rezo Por Vos de Radio Nacional AM 870 y Nacional Folklorica FM 98.7 de Lunes a Viernes de 9 a 12hs. LIBROS Eliminatorias 98, un camino largo y sinuoso (1997) Editorial Alfaguara El Libro de Boca (1999) Editorial Alfaguara El Libro de River (1999) Editorial Alfaguara Duelo de Guapos (2005) Distal Libros y Pensado Para Televisión. Tévez, La verdadera historia (2016) Ediciones B. Jugados (2000) EUDEBA -coautor- Esta página la he creado para que podamos comunicarnos mas asiduamente, para poder compartir mi trabajo con vos y que podamos, vos y yo, disfrutarlo. Podes opinar, sugerir y hacer consultas desde aquí. ¡Gracias por estar… una vez mas!

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26 de noviembre de 2020
EL FLACO MENOTTI. La mirada atenta, la pitada profunda y el pelo largo. Son tres caracteristicas inamovibles del entrenador que tuvo la Selección entre 1974 y 1982. Aqui se cuenta como y por qué llegó al cargo de entrenador nacional y cómo y por qué no aceptó dirigir en el 74 y si en 1978. Su plan de trabajo fue revolucionario. Menotti refundó a la Selección Argentina.

César Luis Menotti nació en Fisherton –tradicional barrio de Rosario– el 5 de noviembre de 1938. Después de hacer unos primeros pasos en un club de Marcos Juárez (Córdoba), llegó a las inferiores de Rosario Central, el equipo que amó desde la cuna. Usó la camiseta de sus sueños en Primera a partir del 3 de julio de 1960, cuando debutó contra Boca, en un partido que Central ganó 3 a 1. 

Jugó en el cuadro rosarino hasta el ’64. Racing vio condiciones atractivas en Menotti y se lo llevó. El Flaco era un volante de buena técnica y pegada brutal. En la Academia, participó del embrión de lo que después fue “El equipo de José”. Pero sólo estuvo un año. A comienzos de 1965, se fue a Boca. No jugó como titular con continuidad, pero tuvo participación en el equipo xeneize que ganó el torneo de ese año. También jugó en el ’66 y después se convirtió en uno de los primeros futbolistas argentinos en jugar en la entonces incipiente liga de Estados Unidos. Actuó para The Generals, de Nueva York, aunque –fiel a su estilo golondrina—se fue al año para jugar en el Santos de Pelé, en la temporada 1968. En el cuadro de Vila Belmiro, Menotti logró su segundo título: Campeón Paulista ’68. Cerró su carrera de jugador actuando durante 1969 y 1970 en Juventude, de San Pablo. 

ALUMNO Y MAESTRO. Acaso El Gitano Juárez haya sido la referencia del Flaco Menotti a la hora de pararse frente a la vida y a un plantel. Curiosamente, ambos, de marcadas raices centralistas, fueron los hacedores de uno de los mejores equipos de Newell’s de la historia, el de 1971, el que perdió por la palomita de Poy. Menotti se desprendió del Gitano cuando fue a Huracán. El destino también los unió a ambos en el Globo. Menotti armó el inolvidable Huracán de 1973 y Juárez el de 1976, uno de los mejores equipos de Huracán que se recuerden. El Gitano murió de un infarto en 1982, a los 50 años, después de una cena con el Nene Fernández, otro prócer de Central.

Es paradójico que haya iniciado su carrera de entrenador en  Newell’s Old Boys, el rival eterno de Central. Allí fue ayudante de campo de alguien que lo guió con mano maestra en sus primeros años de futbolista profesional: el Gitano Juárez. Entre ambos, generaron uno de los equipos más recordados de Newell’s. En 1971, en el cuadro rojinegro jugaban Mario Zanabria, Alfredo Obberti, Heraldo Bezerra, Marcos Pereira Martins, Manolo Silva y algunos otros jugadores virtuosos. La década del ’60 fue la que marcó una primera evoución de los sistemas defensivos y a esto había que oponerle variantes de ataque. Newell’s lo logró y casi consigue una hazaña. Justamente, se lo impidió Rosario Central, en el histórico partido del 19 de diciembre de 1971, ganándole 1 a 0 con la célebre palomita de Aldo Pedro Poy. Aunque cuando esto sucedió, Menotti ya no estaba junto a Juárez.

El estilo de ese equipo de Newell’s encajaba perfectamente en el gusto histórico de los dirigentes de Huracán. Curiosamente, en el comienzo de la temporada de 1971, el Globo había contratado a Osvaldo Zubeldía, a quien se ya se consideraba la antítesis del pensamiento menottista. A Osvaldo no le fue bien y dejó el cargo. Entonces, la CD de Huracán pensó en un real cambio de estilo. Fue ahí que apareció el nombre de César Luis Menotti, sugerido por el vicepresidente David Bracuto. El presidente de Huracán, Luis Seijo, tomó su auto y viajó a Rosario a contratar a Menotti el 2 de mayo de 1971. 

Huracán hizo una gran campaña en 1972, ganó el Metropolitano ’73 y llegó lejos en la Copa Libertadores de 1974, con el estilo que pretendían quienes lo fueron a buscar. Más que los resultados, Bracuto observó extasiado el estilo pulcro, de posesión de pelota y pases exactos que tenían los equipos de Menotti. Pero una tarde de 1973, Bracuto le avisó al Flaco que lo buscaban de la AFA. Fue después de que renunciara Enrique Omar Sívori en plena eliminatoria para el Mundial de Alemania Occidental. Bracuto sabía que la AFA se normalizaría en cualquier momento. Tenía interventores del Gobierno Nacional desde el ’66 y, ante la llegada de la democracia, era lógico que esa historia se terminara. Bracuto, como dijimos, era médico cirujano, pero –ante todo—un hombre fuertemente vinculado a Huracán y artífice principal de la llegada de Menotti al Globo en el ’71. 

La respuesta de Menotti a la oferta para suceder en el cargo a Sívori fue contundente:

  • No, ahora no quiero agarrar el equipo, sería un disparate. La desorganización es total y tenemos el Mundial a la vuelta de la esquina. Armen un cuerpo técnico de experiencia, que saque las papas del fuego y, cuando termine la Copa del Mundo, nos reunimos otra vez.

Cuando se juntaron Bracuto y Menotti, la AFA estaba aún bajo la intervención de Baldomero Gigán, hombre del basquetbol, sorpresivamente designado para conducir el destino del futbol profesional. Todos sabían –Menotti también– que la llegada de Bracuto a la presidencia de la AFA era sólo cuestión de tiempo. Ahi, con el hombre que lo llevó a Huracán como máximo responsable de la AFA, podria llevar adelante el proyecto que soñaba para el equipo nacional.

Bracuto se convirtió en el presidente de la AFA el 21 de junio de 1974, cuando Huracán y Menotti estaban en plena disputa de la Copa Libertadores y apenas seis dias después del debut de la Selección Argentina en el Mundial de la entonces Alemania Occidental ante Polonia (15 de junio de 1974, Neckarstadion Stuttgart, 2-3). Para que Menotti se hiciera cargo aún faltaba bastante, pero todos sabian que seria el próximo entrenador del equipo nacional.

 

SU PRIMERA OBRA MAESTRA. Menotti llegó a Huracán a fines de 1971 y se puso a trabajar a largo plazo. Primero, plantó la idea, trabajó sobre esa idea y sus mejores intérpretes durante 1972 (todavía se recuerda un fabuloso 5-1 a Boca) y llegó al punto ideal en 1973. Esta foto, tomada en una fría mañana en Parque Patricios y publicada por El Gráfico, muestra su cara de orgullo y su pasión por un equipo que hizo historia y lo lanzó a la Selección y a la eternidad.

Se aceptó aquella sugerencia de Menotti de “armar un cuerpo técnico de experiencia” y por eso, se contrató a un trinomio integrado por José Varacka, Vladislao Cap y Víctor Rodríguez. Pero no resultó. Terminó el Mundial 74, con Argentina exhibiendo los mismos defectos organizativos de siempre y Bracuto –ya como presidente de la AFA—oficializó lo que ya tenía casi resuelto: Menotti sería el técnico argentino en el Mundial ’78. Y para ello, planteó una serie de exigencias bien claras:

  • El contrato del técnico tendrá vigencia hasta la terminación del Campeonato Mundial de 1978.
  • La designación de jugadores se realizará una vez confeccionado el calendario internacional.
  • Absoluta autonomía para elegir jugadores.
  • Disponibilidad de los jugadores cuando el cuerpo técnico lo requiera.
  • Realizar, a partir de 1975, no menos de quince partidos internacionales por año con selecciones europeas y/o equipos de primer nivel de ese medio.
  • Aprobación y puesta en marcha de una comisión técnica nacional. 
  • Participación en la confección del calendario internacional y nacional (torneos de la AFA, sus fechas y formas adecuadas al calendario internacional).

A partir de este cúmulo de ideas iniciales, Menotti comenzó a cambiar la historia de los entrenadores de Selección. Recuerden o lean lo que sucedió con los técnicos del equipo nacional hasta 1974. Ni siquiera Sívori, que había metido a la Selección en un Mundial después de ocho años, pudo completar su ciclo. En los ’60, se pensó en el Humberto Maschio para que debutara como entrenador en el cuadro albiceleste porque es mejor “un técnico joven” y, cuando las cosas no funcionaron, se citó a Adolfo Pedernera porque “tiene experiencia”. El pobre Adolfo cargó con la cruz de quedar afuera del Mundial de 1970.

El plan de Menotti terminaba con esto. Al principio, encontró resistencia, como cada cosa que implica una renovación, algún cimbronazo en las estruturas. Los dirigentes del fútbol argentino, históricamente, se manejaron de acuerdo con la coyuntura. Sin ir más lejos, el Flaco era el entrenador de uno de los campeones de 1973. Más adelante, esta conducta se repitió con Bilardo, Basile, Passarella y Bielsa. Si bien el entrenador contratado pudo obtener un contrato a largo plazo, era elegido de acuerdo al momento.

La coyuntura de agosto/septiembre de 1974 no ayudaba a Menotti. Huracán venía de ser eliminado de la Copa Libertadores por Independiente siendo superado ampliamente (27 de septiembre de 1974, 0-3, dos goles de Bertoni y uno de Saggioratto) y acabando el ciclo con Coco Basile expulsado por golpear. El equipo que jugaba lindo terminó absolutamente desvencijado y esto generó dudas en algunos dirigentes con respecto a la elección de Menotti. No tanto, tal vez, como para no designarlo, pero les ponía algún reparo en la exigencia del técnico de tener contrato vigente hasta el final del Mundial de Argentina. 

Otras dudas las generó el propio Menotti, con unas declaraciones que le hizo a la revista El Gráfico (edición Nº 2862, 14 de agosto de 1974), cuando todavia era rumor su vínculo con la AFA y apenas habia terminado el Mundial de 1974.

  • “Hay que terminar con el cuento de la velocidad europea. Es un verso. Lo que sostengo hace 20 años es que ellos tienen movilidad. Que es, precisamente, lo que le falta al jugador argentino”.
  • “En lugar de perder tiempo con jugadas de laboratorio, prefiero trabajar sobre la idea futbolística (…) Nosotros ensayamos mil saques de costado y resulta que en Holanda, Cruyff va y hace todo… los outballs, los tiros libres, todo… Sí, ya sé que Estudiantes se cansó de hacer goles de laboratorio, pero porque lo tenían a Verón, que la ponía donde quería…”
  • “Entre Müller y Cruyff, me quedo con Müller para mi equipo (…) y los hechos demostraron que salió campeón un equipo con especialistas (N. de la R: por Alemania Occidental 74). Con punteros – punteros, con volantes, con líbero… Para mí, Müller es un fenómeno. Juega solo allá arriba, junta al líbero y al stopper rivales y los vuelve locos. Y se puede pasar 30 o 40 minutos sin tocar la pelota, que eso lo soportan muy pocos jugadores. A Cruyff lo he visto en partidos difíciles y, cuando lo aprietan mucho, se va a jugar atrás y a patear tiros libres. Es buen jugador, pero contra Brasil y Alemania se borró demasiado (…) Alemania es un equipazo. Tiene de todo, y, especialmente, se nota en la mala (…) en ningún Mundial se vio tanta superioridad de un equipo sobre el resto como en México y Suecia con Brasil (…)
  • “Nuestro déficit está en no prepararnos para enfrentar a los europeos. (…) sin buenos torneos, no habrá buenas selecciones. Nosotros queremos competir con Alemania y Holanda. ¿Y? ¿Cömo nos preparamos? Jugando contra Cipolletti, Puerto Comercial o Huracán de San Rafael… En estos torneos siniestros que se hacen acá. No hay medida, no hay experiencia. Si yo quiero calibrar a Bochini y prepararlo para competir contra los europeos, tengo que agarrar a Reguera (N de la R: Miguel Angel Reguera era un volante de marca muy rígido. Jugó 326 partidos en Primera División e hizo 26 goles. Actuó en Quilmes –1968/70 y 1977–, Vélez –1971/73—y Estudiantes de La Plata –1974/77–), decirle ‘respírele 90 minutos en la nuca’ y observarlo. Hasta que le tome la mano a eso y juegue sin desventaja contra ellos. (…) Para triunfar en el fútbol se necesita: 1º: tener talento e inteligencia. 2º: Habilidad y audacia. 3º. Potencia física y resistencia. Este último punto es lo que se puede conseguir. Lo otro es necesario que lo tenga el jugador (…)
PINTA DE ENTRENADOR. La AFA aceptó todas las exigencias de Menotti, muchas de ellas, base para la continuidad del proyecto de entrenadores que llegaron después. El Flaco hizo depender su firma de la aceptación de un contrato que terminara después del Mundial 78 y que la cesión de jugadores fuera irrestricta. El maravilloso trabajo de campo que hizo Menotti entre 1974 y 1978 fue la base del plantel que ganó el Mundial de Argentina.

Estas declaraciones armaron gran revuelo. En el primer ítem, tanto al dirigente como al hincha medio argentino le quedaba claro –desde el Mundial de Suecia para acá—que los europeos eran más “veloces” que los sudamericanos, no más “dinámicos”. Si bien hoy, en 2020, sabemos que Menotti decía la verdad, en aquel momento no era tan fácil convencer a gente sin demasiada información. A la hora de la discusión con Bracuto, se le plantaron: “¿Cómo puede ser, David, que este muchacho diga que los europeos no son más veloces? Nos vamos a comer seis como en Suecia…” 

Pero, sin dudas, lo que más cuestionamientos desató fue lo que la preferencia de Müller por encima de Cruyff. El holandés había sido la figura de la Copa del Mundo, el jugador que accedió al Olimpo futbolero en el que sólo habitaban Pelé y Di Stéfano, el que llevó al Ajax de Ámsterdam a ganar todo lo que se le cruzó, alrededor de quién giró ese equipo de Rinus Michels y la maravilla naranja que revolucionó y cambió este juego a mediados de los 70. Era una herejía. Más que nada, porque el Flaco estaba obnubilado por la capacidad de definición (totalmente real) de Gerd Müller y porque, en definitiva, Alemania Occidental ganó la final. El Bombardero de la Nación fue decisivo en el resultado de la final del Mundial. Esa nota fue hecha poco después de la Copa del Mundo y la magia de Cruyff nos había encantado a todos. No sé si –aún hoy—Menotti sabe lo cerca que estuvo de no ser el técnico argentino por elegir a Müller por sobre Cruyff…

El 25 de septiembre de 1974, a eso de las once y cuarto de la noche, David Bracuto llegó hasta el vestuario de Huracán para decirle a Menotti que el Comité Ejecutivo había aprobado su plan de trabajo sin modificaciones. Era la única buena noticia de la noche. Huracán terminaba de cerrar su participación en la Copa Libertadores perdiendo 0-3 con Peñarol (tres goles de Fernando Morena). Fue el último partido del Globo que tuvo al Flaco como técnico. Ya se sentía entrenador de la Selección Argentina. La piedra basal de la idea de Menotti estaba aceptada: el contrato vencía junto con el final del Mundial ’78.

“La extensión de los contratos de los entrenadores de aquí en más fue el mayor aporte hecho por Menotti al fútbol argentino”, me dijo hace un tiempo el prestigioso colega periodista Juan José Panno. No exagera ni un milímetro. 

Las exigencias del entrenador para hacerse cargo del equipo parecían demasiadas, pero, en realidad, eran planteos que cualquier entrenador serio de cualquier federación seria del mundo futbolero desarrollado habría incluido en un contrato. Otra de las cosas que Menotti pidió y le fue concedida, era que la firma del convenio se realizara ante escribano público. Llegaba el momento de trabajar para ser Campeones del Mundo, por primera vez en la historia. Argentina estaba clasificada por ser el país organizador. Menotti tenía que armar el equipo y, si bien armar un equipo de fútbol de cualquier nivel es lo más complejo, había excelentes jugadores para hacerlo. Es más, Menotti tenía un gran proyecto para jugadores del interior que, como se vio después, fue la base del plantel que ganó el Mundial 78. Ahora, en el horizonte cercano, el 12 de octubre de 1974, se avistaba un partido amistoso con España en la cancha de River. El debut del Flaco como técnico nacional había llegado, y con él, un cambio fundamental en la historia del futbol argentino.

Además del debut de César como DT nacional, el partido tenia un ingrediente extra, tal vez mas importante a niveles dirigenciales: el Comité Organizador de la Copa del Mundo de 1978, iba a dar una prueba de fuego ante la FIFA sobre su capacidad de recibir un evento de semejante magnitud. Era casi el examen final, no habia margen para errores.

PRIMERA SELECCIÓN DE MENOTTI. Equipo del debut frante a España en el Monumental. Arriba, de izquierda a derecha: Rogel, Rubén Sánchez, Russo, Paolino, Pernía, Carrascosa. Abajo: Houseman, Brindisi, Di Meola, Babington y Ferrero. Menotti habia terminado todos sos papeles a fines de septiembre y este partido fue el 12 de octubre. Casi sin tiempo de trabajo, pensó en salir del paso con jugadores de los tres mejores equipos del momento: Independiente, Huracán y Boca. Pero Independiente debia jugar la final de la Libertadores el 11 de octubre a la noche y no podia ceder a los jugadores. Entonces, mezcló a Huracán y Boca (Rogel, Sanchez, Pernía, Ferrero titulares y Trobbiani y Potente suplentes, Carrascosa Brindisi, Russo , Babington, Houseman) y sumó a Paolino (Racing) y Di Meola (River). El partido terminó 1-1

Menotti se encontró con ese partido en el camino demasiado rápido. Firmó su contrato en la última quincena de septiembre, con el compromiso muy encima. Hizo un razonamiento correcto. Junto con Rogelio Poncini, su ayudante, realizó un vuelo por la actualidad del fútbol argentino. 

Aunque el nivel general era bueno, Boca, Huracán e Independiente sobresalían del resto. El Flaco Menotti conocía bien al Globo y, de allí, eligió a Carrascosa, Russo, Babington, Houseman, Brindisi y Roque Avallay.

Boca, por su parte, tenía un equipo extraordinario. Decía el periodista Mario Trucco que el Boca de Rogelio Domínguez “cosechó más aplausos que puntos” y tenía razón. Rogelio había sido arquero de un Racing Campeón y, posteriormente, del Real Madrid de Alfredo Di Stéfano y de Nacional de Montevideo en la época gloriosa de las Copas. Era un tipo bohemio, fumador empedernido, que tenía una idea futbolística similar a la de Menotti. Armó un Boca de toque, con excelentes jugadores para eso, pero con una característica curiosa: tenía dos centrales muy duros (Nicolau – Rogel) y a Vicente Pernía como lateral derecho, quien no se caracterizaba por su delicadeza, precisamente. El lateral izquierdo era un chico surgido de las inferiores, de cabello enrulado y cara angelical: Alberto César Tarantini. En el medio, tenía una capacidad de marca casi nula, pero jugaban como los dioses; el Chino Benítez, Trobbiani y Potente. Adelante estaban Mané Ponce, Hugo Curioni y Ferrero. En 1973, había estado Chupete Guerini, pero el Real Madrid se lo llevó inmediatamente.

Independiente también tenía un cuadrazo. Había eliminado de la Copa Libertadores a Peñarol de Montevideo y al Huracán de Menotti, justamente. Estaba, una vez más, en las finales de la Copa Libertadores de América, ahora para enfrentarse con San Pablo. Este equipo de Independiente de 1974 tenía una particularidad: como la compra del mendocino Eduardo Méndez no había dado resultado, el técnico Roberto Ferreiro lo dejó en el banco e incluyó a Hugo Saggioratto. Bochini jugó como clo que hoy sería un “falso 9”, Saggioratto de enlace y arriba completaban Balbuena por la derecha y Bertoni por la izquierda. Además, había encontrado en Carlos Gay un correcto reemplazante para Pepé Santoro, el cuarteto Commisso – López – Sá – Pavoni funcionaba con precisión suiza y el mediocampo, las apariciones de Bochini y Galván más la recuperación de Saggioratto y la experiencia de Perico Raimondo. Independiente estaba un escalón más arriba.

PRIMER FESTEJO. Argentina perdia 0-1 hacia un minuto, ante los ojos de los organizadores del Mundial 78, que vinieron a ver si éramos capaces de poder hacer el máximo torneo. Por suerte, Rogel pescó un rebote en el área después de una pelota parada y venció al legendario arquero español Iribar. Ese 1-1 fue el definitivo. Festejan Houseman (7) y Di Meola, mas atrás. Sufren Sol y Castellanos.

Menotti había pensado una Selección integrada por jugadores de los tres equipos como para acortar camino por la falta de tiempo de trabajo, pero no lo pudo hacer totalmente. Independiente jugó la primera final de la Libertadores en el Pacaembú contra San Pablo el mismo día que la Selección recibió a España y, obviamente, no cedió a sus jugadores. El técnico tuvo que acudir a Paolino (estupendo zaguero de Racing, digno sucesor de Perfumo) y a Edgardo Di Meola (en ese tiempo, jugador de River, ídolo absoluto de Colón de Santa Fe, fallecido a los 55 años en 2005). El resto, tal como estaba previsto, fueron jugadores de Boca y Huracán. Argentina puso en la cancha a Sánchez; Pernía, Paolino, Rogel, Carrascosa; Brindisi, Russo, Babington; Houseman, Di Meola y Ferrero.  A los 22 minutos del segundo tiempo entraron Trobbiani y Potente por Brindisi y Babington. El técnico de España era nada menos que Ladislao Kubala, gloria húngara del Mundial 54 y del Barcelona. Dispuso que por el cuadro rojo jugaran Iríbar; Sol, Benito, Castellanos, Capón; Claramunt, Pirri, Iruretagoyena; Antonio Benítez (22’ ST García Soriano), Quini (22’ ST Villar) y Churruca. 

Pirri metió un gol extraño. Pescó un rebote en Sánchez, le dio de zurda, la pelota se desvió en Trobbiani, se elevó y cayó detrás del arquero argentino. Iban 37 minutos del complemento. Un minuto más tarde, empató Roberto Rogel. El partido terminó así, 1-1. 

Además, sirvió para probar el nuevo césped del Monumental y los sistemas organizativos para el Mundial 78. Estaba todo por hacer. Pero no es la organización, justamente, la característica más saliente del argentino medio. Entonces, la FIFA –con Joao Havelange a la cabeza—estaba en la cancha de River para saber si aquí se podía hacer un Mundial como en cualquier parte del mundo civilizado o no. Todavía no se sabía que la vida democrática de los argentinos se vería interrumpida brutalmente en 1976 por la dictadura mas sangrienta que haya tenido nuestro pais en toda su historia.

En términos estrictamente futboleros, el gol de Rogel fue el primero del ciclo Menotti. Y el “Ciclo Menotti” fue decisivo en la historia de las Selecciones Nacionales Argentinas. Este es un dato objetivo. Las discusiones de estilo pueden esperar. Menotti, con su forma de trabajar, con sus logros –sobre todo, en la primera parte de la gestión– marcó un antes y un después en las relaciones entre la AFA y sus entrenadores nacionales. Basta con revisar hacia atrás y hacia delante para saber cuánto influyó este contrato de Menotti con la AFA y la aceptación por parte del dirigente David Bracuto de las exigencias del entrenador.

Exigencias que no eran, ni más ni menos, que una cuestión de respeto hacia la profesión.