PODEMOS CONTAR CON MASCHERANO

 

Nunca entendí al Club de Odiadores de Mascherano. Un análisis inicial, primario y superficial, entregaría un diagnostico bien argentino: se cansaron de verle la cara. Como a Romero, Rojo, Biglia y hasta al propio Messi. Justamente, son los únicos futbolistas que llegaron a una final del Mundo en los últimos 28 años. Podría nombrar no menos de 50 jugadores de poster de Selección Argentina que no pasaron los Cuartos de Final. El famoso equipo del 94 –“estábamos para campeones”, dicen todos hoy como frase de algo absolutamente incomprobable– no pasó de Octavos. Ese equipo –que tenia a Redondo, Simeone, Diego con 33 años, Caniggia y Batistuta– le ganó con holgura a Grecia (que terminó último), con angustia a Nigeria (Islas salvó el empate del cuadro africano en el minuto final) y perdió con Bulgaria 0-2 con Maradona afuera con las piernas cortadas y Cani desgarrado. En el 98 nos volvimos en Cuartos con Ortega simulando un cabezazo de Van der Sar en Marsella –Batistuta falló un mano a mano increíble– y en el 2002 ya sabemos: no pasamos la primera ronda con el celebérrimo Bielsa, Ortega, Batistuta, Crespo, Sorin, Verón, Aimar, Zanetti y la mar en coche. ¿2006? Pekerman, Riquelme, Messi con 19, Tevez, Saviola, Crespo, Cambiasso… Todo bárbaro: golazo a Serbia y Montenegro con quichicientos toques, golazo de Maxi Rodriguez para ganarle milagrosamente a México en Octavos y final en Berlin, con Roman, Leo, Carlitos, el Pibito y Valdanito sentados en el banco viendo a Cruz y compañía perdiendo el desempate a penales. Después, llegó el 2010 en el que íbamos a ser campeones con Diego y Leo y los alemanes nos despacharon también en Cuartos. Mascherano y sus amigos llegaron a la final que no llegaron muchos de los que aquí nombramos.

Mascherano fue el líder de la gesta de 2014. Porque lo del Mundial de Brasil fue una gesta. Llegar a la final fue una gesta. Jugar la final del mundo después de 24 años fue fantástico. Alemania fue superado por Argentina, la famosa Alemania del largo plazo, de la educación, de “donde todos juegan igual” (?), de “ahora juegan como nosotros” (???), de Klinsmann y Low, de Kroos y Gotze. Argentina jugó mejor por el Pocho Lavezzi (¿es realmente menos que Salvio?), por Biglia, por Mascherano y esa estrategia de cortarle a Kroos ese control del juego que impone las condiciones en el 90 por ciento de los partidos. Mascherano tomó la posta de Messi en pleno Mundial. Gago no llegó bien y Sabella apeló a Biglia. Sin ser un negado, Lucas es un jugador con menos capacidad de pase que Fernando. Entonces, al cambiar la característica, el equipo se recostó mas en el temperamento de Masche reemplazando primer pase de Gago. El primer pase de Gago era el nexo del equipo con Messi. Al faltar eso, los caminos hacia Messi debieron modificarse. Eso lo gestionó Mascherano con mucha sabiduría, con gran temple.

Javier Mascherano es el único jugador de la historia del futbol argentino que ganó 2 Medallas Doradas en JJOO.

Pero esto es lo mejor de Javier. Mascherano juega en la Selección Argentina desde sus 13 años, cuando el trabajo de Pekerman y Tocalli armaron una Selección Sub 15 y el Jefecito (llamado así por ser un “Astrada en miniatura”) era titular aun teniendo menos edad. Es mas, Mascherano usó la camiseta de la Selección Mayor antes que la de la Primera de River. Pertenece a un ciclo de juveniles criados y educados para jugar en la Selección. “Juega en China”, “se tuvo que ir de Barcelona porque no jugaba”, “allá es central y acá lo ponen de volante” son algunas de las cosas que se dicen de Mascherano. Es un error: Mascherano tiene dos vidas. Una de sus vidas es la de los vaivenes normales de un futbolista profesional. Voy acá, voy allá, vengo para acá. Juego de titular, soy suplente, juego de 2, voy de 5. La otra, es la de Mascherano como jugador de Selección. El Mascherano de la Selección tiene bajones en amistosos, pero en los partidos oficiales jamás te deja a pie. El partido con Perú en la cancha de Boca es una muestra de esto. Sampaoli lo puso de defensor y terminó arreando a todo el equipo hacia el arco de Pedro Gallese. Argentina no ganó por goleada esa noche porque el arquero peruano sacó no menos de tres goles y porque Benedetto se perdió casi todo lo que metía en Boca. O sea, bajo una presión insoportable, Mascherano se hizo cargo del equipo y dio la cara.

Se habla de renovación y el recambio no va a llegar como llegó para suceder a la generación anterior. Estos jugadores nuevos no hicieron el camino que hicieron, por ejemplo, los que ganaron los Mundiales Juveniles 95, 97, 2001, 05 y 07 y las medallas doradas en los JJOO 04 y 08. Esos jugadores fueron criados para jugar con la Celeste y Blanca. Los chicos de ahora –salvo Dybala, ninguno juega en un grande– fueron criados sin proyecto, con pasos bochornosos por torneos Sub 20 y JJOO de 2016. No hay juveniles de elite sin un proyecto de Selección que los sostenga y los respalde. ¿Lo Celso juega bien? Juega bárbaro. Pero casi no tiene intervenciones de relieve en el equipo nacional. ¿Lanzini? En el West Ham (equipo que apenas esquivó el descenso) es uno de los mejores, pero en Argentina apenas tiene para mostrar un gol en el último amistoso con Italia. Tagliafico y Meza se ganaron la convocatoria en Independiente, pero con la camiseta Argentina apenas tienen 1 o 2 partidos.  Y así podríamos seguir. Los hinchas y algunos periodistas hacen listas y proponen reemplazantes de Mascherano y Biglia: Marcone, Nico Domingo, Ascacibar, Kranevitter,… ¿Qué formación de Selección tienen estos jugadores? Ascacibar fue capitán de dos fracasos estruendosos en juveniles: eliminaciones en Primera Ronda en los JJOO 2016 y el Mundial Sub 20 2017 compartiendo grupo con Inglaterra, Corea del Sur y Guinea. Kranevitter salió de River al Atletico de Madrid como figura, pero jugó poco y nada ahí y en Sevilla y terminó en Rusia. ¿Son malos jugadores Ascacibar y Kranevitter? De ningún modo. De hecho, al Rusito Ascacibar le está yendo muy bien en la Bundesliga. A diferencia de Kranevitter, es titular y es considerado uno de los mejores extranjeros del futbol alemán.

Pero la Selección es otra cosa y de esto se trata. Ni siquiera el duro Otamendi repite sus actuaciones del Manchester City. Sin embargo, Romero –el que no juega en su club–, Mascherano –el que tuvo que irse del Barcelona–, Biglia –capitán de Lazio y Milan– son tres futbolistas que pueden asegurar cierto piso de rendimiento. Esto no significa que siempre jueguen bien. El futbol es un juego colectivo y tal vez, si el conjunto no acompaña, se lleva puesto a todos.  No se cuentan aquí amistosos. Juzgar a Mascherano por el amistoso con Nigeria, por ejemplo, seria injusto, como lo seria juzgar a Otamendi por el partido con España. Esos tipos van a dar la cara siempre. Aun cuando el hincha promedio, fácilmente influenciado por discursos sencillos e impiadosos, pide que los decapiten en la Plaza de Mayo con estilo medieval.

Mascherano no estaba en el equipo titular de Sampaoli y apenas era suplente de algún defensor central. Así fue en el debut del DT contra Uruguay en Montevideo. Pero fue ganando posiciones dentro de Ezeiza. Algunos creen que fue hablando, presionando o, directamente, porque “Messi lo pidió”. Mascherano ganó lugar porque es líder, porque sabe como jugar con esta camiseta y porque ese liderazgo y esa forma de “jugar en la Selección” impresionaron al entrenador. Es uno de los pocos futbolistas de los que casi no importa su actualidad. Puede jugar en China o en Buenos Aires. Puede ser titular o no. Pero en la Selección es otra historia. Passarella siempre decía que el Tolo Gallego jugaba mejor en la Selección que en el club. Mascherano es así. La medida del club puede correr para un pibe como Meza o para un proyecto maravilloso como Lautaro Martinez. No se puede medir igual a dos jugadores sin recorrido en el equipo nacional con un tipo que hizo inferiores con la Celeste y Blanca y llegó a la final de un Mundial. Mascherano es otra cosa. Es mas, si Biglia no llega o tiene problemas, podríamos vivir mas tranquilos con Mascherano ocupando su lugar que con Banega, que es el 5 que Sampaoli piensa para su equipo ideal. En un Mundial, contra los mas poderosos, Mascherano es una marca, un mojón importante en el camino rival, es un futbolista que genera gran respeto.

Mascherano se pasó la vida jugando en la Selección. No valorar este punto es un signo grave de ignorancia futbolera.

Por eso, permítanse romper el carnet del Club de Odiadores de Mascherano. No los escuchen, no los sigan, no les crean. Hagan  un análisis mas profundo, mas sesudo, acudan a la historia, revisen el presente. Si lo hacen, seguramente sentirán paz cuando lean “Javier Mascherano” en la lista. Un sentimiento parecido tiene Sampaoli. Sabe que puede contar con Mascherano, aún si la mano viene complicada.

En realidad, todos podemos contar con Mascherano. Deberíamos empezar a entenderlo. Estamos a tiempo.

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