25 de noviembre de 2020

TEVEZ EMPEZÓ A SOÑAR HACE 19 AÑOS

LA PRIMERA VEZ. El 21 de octubre de 2001, Carlos Tevez debutó en la Primera de Boca. Fue contra Talleres, en Córdoba y el equipo xeneize perdió 0-1. Arriba: Schiavi, Córdoba, Riquelme, Burdisso, Traverso, Calvo. Abajo: Gaitán, Serna, Clemente Rodríguez, Delgado y Tevez. Curiosamente, fue el único partido que jugó en 2001. Al año siguiente, con la llegada del Maestro Tabarez, tuvo mayor continuidad y se aseguró un lugar entre los titulares.

La mañana del 21 octubre de ese 2001 lo encontró a Carlitos desayunando tranquilo en una mesa del hotel Sheraton de Córdoba Capital. Lo primero que hizo cuando se despertó fue llamar a su mamá Adriana. Era el Día de la Madre y, por primera vez, Carlitos no estaba en casa para darle un beso. Sus sentimientos chocaban todo el tiempo. Por un lado, quería estar en El Fuerte para tomar una buena taza de leche con Segundo y Adriana y hacerle un lindo regalo. Pero, por el otro, Bianchi, nada menos que Carlos Bianchi, lo había citado para jugar en Primera. Era lo que había soñado desde que era muy chiquito y miraba el techo de su cuarto de Fuerte Apache, cuando sus padres lo pusieron a resguardo de todos los males cercanos y lo llevaron hasta este momento de gloria.

No había demasiadas exigencias para el cuadro xeneize, porque había ganado la Copa Libertadores en ese 2001, por segundo año consecutivo, en una tremenda final por penales contra el Cruz Azul y porque en el 2000, mientras el pibe de Fuerte Apache hacía goles de todos los colores en las inferiores y en la Selección, Boca se llevó la Copa Libertadores, el Torneo Apertura y la Intercontinental, en una inolvidable final contra el Real Madrid. En esa dulzura, Boca todavía tenía alguna esperanza de prenderse en un campeonato que era peleado casi mano a mano por Racing y River. 

El plantel xeneize era una convención de apellidos gloriosos: Oscar Córdoba, el Flaco Schiavi, Nico Burdisso, Chicho Serna, Chelo Delgado, Riquelme. El pibe de los ojos negros llenos de asombro estaba compartiendo la concentración con todos ellos. Después había otros futbolistas profesionales de Boca con menos cartel, como lo eran entonces Clemente Rodriguez y el Pampa Calvo y pibes como Colautti, Carreño y Joel Barbosa. A cada rato se miraba la ropa oficial del club que llevaba puesta, la suntuosidad del hotel cinco estrellas, la calle llena de hinchas que no pedían por él, sino por Riquelme u Oscar Córdoba. Era la joya más preciada de las divisiones inferiores de Boca, pero todavía la gente no lo conocía. Los torneos juveniles no son de consumo masivo, ni siquiera para el futbolero rabioso. Y las mayores hazañas del pibe de El Fuerte, en su corta carrera, estaban ahí, en ese micromundo del que sólo saben unos pocos porque en los diarios sale chiquito. Riquelme y compañía, en cambio, eran “Campeones del Mundo”, como se llamaba antiguamente a los ganadores de la Copa Intercontinental. Le habían ganado al Real Madrid. Y, en el caso particular de Román, había bailado al Real Madrid. Les escondió la pelota y no la encontraron más. 

A HORAS DEL DEBUT. Carlos Bianchi se lo dijo poco antes del partido para no generarle ansiedades, pero venía trabajando con Tevez en el plantel profesional desde hacía rato.

El rival de Boca iba a ser Talleres. El equipo de Barrio Jardín era dirigido por Mario Zanabria (ex talentosísimo 10 del Boca del Toto Lorenzo) y jugaba César La Paglia, el que siempre estaba por explotar y nunca explotó. Pekerman decía que estaba llamado a ser uno de los mejores futbolistas de la Argentina, pero esto nunca sucedió. El Leche La Paglia fue uno de los primeros futbolistas que llegó a Boca como producto del Proyecto Boca – Parque. Estuvo en el club de la Ribera hasta su debut en Primera, aunque en 2001 fue a préstamo a Talleres. En 2003 regresaría a Boca, pero sólo jugaría un partido. Anduvo por España, Brasil, China, Colombia, Uruguay y Tucumán. Nunca logró afirmarse y se retiró en 2009, a los 30 años. 

El Leche fue un emblema y una de las mayores esperanzas –al fin, frustrada– de ese proyecto de inferiores del cual Tevez fue la gema mas brillante. Acaso Carlitos sea el mejor producto de inferiores de la Gestión Macri, si tenemos en cuenta que Riquelme hizo una buena parte de su base en Argentinos y que llegó a Boca con 18 años. Es cierto que Tevez vino desde All Boys, pero se puso la camiseta de Boca en Novena División, con sólo 13 años. En el club de Floresta, jugó sólo en categorías infantiles.  

El viaje desde el hotel al Chateau fue tranquilo. Carlitos se sentó contra la ventanilla y a su lado, sobre el pasillo, acomodó su humanidad Joel Barbosa. No eran tiempos de auriculares supersónicos como los de ahora ni tampoco había plata para comprarlos. El pibe de Fuerte Apache ganaba 200 pesos “en concepto de viáticos”, según rezaba en el papelito que le daban como recibo en el club todos los meses desde hacia poco tiempo. Ya en 2001 los 200 pesos no alcanzaban para nada.

Carlitos ya amaba a la música y, por ese entonces, escuchaba con fruición a Onda Sabanera, un grupo de cumbia que la rompía en el auge de las bailantas de esos años. Hubiese pagado lo que no tenia para ponerse un par de auriculares y escuchar a la banda de Claudio Benitez hasta llegar al estadio y acortar el viaje de algún modo. Aunque, en verdad, hasta ese momento, Carlitos pensaba que iba a ser suplente de Roberto Colautti. Desde su asiento, veía las peladas de Bianchi e Ischia adelante de todo. El glorioso DT xeneize iba pensando en el partido. Ya había tomado una decisión y, además, determinó modo y momento de comunicarla. 

   – Yo debuté en la Primera de Velez en 1967, en un partido contra Boca en Liniers. El técnico era Victorio Spinetto, un fenómeno. Pero me avisó de mi debut el jueves. Y el rival era Boca. ¡Nada menos que contra Boca! A partir de ahí, empecé a jugar el partido. Pensaba en el Gato Magdalena, en el Chapa Suñé, en Silvio Marzolini, en qué iba a hacer cuando quedara solo frente al Tano Roma. Hablé con mis viejos, con Margarita, con los vecinos. Todo era muy lindo, pero la verdad es que apenas pude dormir y comí poco y mal. Estaba muerto de los nervios. Tenia mucha confianza porque hacia rato que estaba en inferiores, era el goleador de la Reserva y ese paso a Primera era inminente. Pero debutar en tu cancha y contra un grande era realmente fuerte. Cuando fui entrenador, siempre recordaba esto y el jugador que iba a debutar se enteraba sobre la hora del partido o una hora antes, no mas que eso. Entonces, el domingo lo tenia tranquilo, bien descansado y enchufado. No tenia tiempo ni siquiera de estar cagado

Carlos Bianchi debutó en Primera el 23 de julio de 1967, la tarde en la que Velez y Boca empataron 1-1 (goles de Omar Wehbe –el gran espejo en el que se miró Bianchi– y el Tano Novello) y en la que expulsaron a Pichino Carone y al Gato Magdalena por agredirse. El Virrey venía pidiendo pista y esto quedó muy claro, al punto que Wehbe, que era el goleador del equipo, se corrió a un costado para que el pibe de Villa Real ocupara el sitio en la cancha que lo convirtió en un goleador de los mas importantes de la historia del futbol vernáculo y uno de los mejores del futbol francés. 

Es uno de los pocos que puede mostrar una carrera de jugador tan buena como la de entrenador. Bianchi es un entrenador de excepción, independientemente de como le haya ido en su último paso por Boca o en la Roma y el Atlético de Madrid. Desde su vuelta a la Argentina para dirigir a Velez (1993), fue un constructor de equipos que tenían fútbol de circulación cuando lo necesitaban, de presión cuando eran dominados o sacrificio cuando las fuerzas flaqueaban. Siempre tuvo el ojo afinado para saber en qué sitio había que poner a sus jugadores, a quien había que hablarle, como había que hablarle. Es real que Ischia y Santella fueron un soporte inigualable en los tiempos gloriosos de Boca y que cuando ellos no estuvieron las cosas no fueron tan sencillas, pero cualquier jugador que haya sido dirigido por el Virrey o escuchándolo como yo lo escuché hablar tres horas en una calurosa mañana de diciembre de 2015, sabrá que estamos hablando de un sabio, de un tipo al que la vida lo premió poniéndolo en dos lugares para los cuales nació: primero, en el área, donde se desenvolvió como casi nadie. Después, como formador de equipos con mística, de grupos de hombres que ganaban partidos y títulos y le ponían pasión a lo que hacían. 

El micro con los jugadores de Boca ingresó despacito a la calle interna del Estadio Córdoba, esquivando a los fanáticos xeneizes que andaban por todas partes. Los gritos de esos locos se hicieron mas agudos y mas altos cuando bajaron Riquelme, Cordoba y el Flaco Schiavi. Hubo aplausos para todos los demás, incluso para pibes como Clemente Rodriguez o el Pampa Calvo. Carlitos Tevez bajó casi último, después de Colautti y el Chavo Pinto. 

El vestuario del principal escenario futbolero cordobés es amplio y cómodo. Hay lockers, bancos y todo lo que tiene que tener un vestuario de futbol profesional. A este estadio –construido para ser sede de varios partidos del Mundial de 1978– hubo que aggiornarlo, aunque en ese entonces todavía tenia defectos propios del paso del tiempo y de su construcción no vanguardista. Es decir, se hizo según los parámetros de la época y al cabo de cinco años, ya había quedado viejo. Recién para la Copa América de 2011 se lo reacondicionó y se lo adecuó a las exigencias de la actualidad y se le puso el nombre de “Mario Kempes”, en homenaje al mejor futbolista que dio Córdoba en toda su historia. Pero, en 2001, todavía el estadio tenia estos defectos.

PRIMERO, EL ARQUERO. En la noche de su debut, Carlitos va a buscar un pase profundo de Riquelme. El arquero Cuenca llega primero. Fue el inicio de una carrera extraordinaria

No era algo que le interesara demasiado a Carlitos. Él estaba dispuesto a hacer todo bien, en el lugar que le tocara estar. En el momento de entrar al vestuario visitante del Chateau, Tevez era suplente. Al menos, eso creía él. En cambio, por la cabeza de Bianchi caminaban otras ideas. Y el DT estaba buscando el momento exacto para comunicarlas. 

A Carlitos le dieron ganas de hacer pis. Había tomado mucha agua, mas que nada porque los nervios y la ansiedad le secaban la boca. Bianchi tenia algo para decirle y estaba siguiendo sus movimientos. Ischia y Santella estaban al tanto de todo. Entre los tres, iban a definir el momento. En cuanto el pibe se metió en el baño, Bianchi, Ischia y Santella se cabecearon a lo lejos: “El momento es ahora”.

Carlitos Tevez se acomodó de frente a uno de los mingitorios de la fila de cinco que hay contra una de las paredes. Carlos Bianchi se acomodó en el de al lado…

   – ¿Cómo andás, Carlos?, preguntó el entrenador

   – Bien, Carlos. Muy bien. 

   – Genial. Preparate porque vas de entrada…

   – …

Tevez empezó a temblar como una hoja por la conmoción de la noticia. El chorro de pis del pibe de Fuerte Apache se convirtió en un pincel que dibujó algunas figuras irregulares e indescifrables en la pared. 

   – Dale. Cuando salgas del baño, venite que charlamos un poco del partido

   – …

Por fin, Carlitos Tevez terminó lo suyo. Bianchi hizo mas rápido y ya estaba lavándose las manos. Cuando Tevez llegó al lavabo, ya el DT se había ido. Se enjabonó las manos temblorosas, se miró al espejo. Se mojó la cara dos o tres veces y se secó con una toalla de papel. Estaba conmovido. Su largo sueño de jugar en la Primera de Boca se estaba cumpliendo. Pero era consciente de que era nada más que el primero de esos objetivos. Después, tenía que mantenerse, convertirlo en su medio de vida (“como Román y Chipi, que tienen un origen parecido al mío”) y sacar a toda la familia de la modesta casa de El Fuerte para darles una mejor calidad de vida. Se le vino todo eso a la cabeza. Uno podría pensar en una ultrapresión, pero de ningún modo era así. En Carlitos, estas cosas –aún hoy– funcionan como un motor potente, el más potente que uno pueda imaginar. A Carlitos le hizo bien pensar en esas cosas. No estaba asustado. Estaba fascinado, perplejo ante tanta recompensa para su capacidad, perseverancia y su obcecada lucha por la superación. 

Llegó a su espacio en el vestuario, en ese lugar donde el utilero deja bien doblada la camiseta sobre los pantaloncitos, las medias y los botines Nike negros con la pipa blanca. La lista de Buena Fe de ese Apertura 2001 lo tenía Carlitos con un inusual e irrepetible número 18. En ese tiempo, no se estilaba hacer el calentamiento en la cancha, como se hace hoy en la mayoría de los partidos de Primera División del mundo. Carlitos charló un par de minutos con Bianchi, recibió instrucciones y se fue a calentar con el Profe Santella, vestido con una remera de entrenamiento y zapatillas. Santella –que fue futbolista de una gran Tercera División de Estudiantes de La Plata en los años 60– le estuvo muy encima, sobre todo para quitarle ansiedad, para hacerle entender que Boca tenía grandes jugadores y gente de experiencia que iba a cargarse la responsabilidad de llevar al equipo adelante, que eso iba a quitarle presión. “Vos hacé lo que te dijo Carlos. Buscalo a Román. Él va a pensar y va a elegir lo mejor. Román te va a pasar la pelota si te ve bien ubicado. Pero sacate presión. La presión es de los jugadores grandes y vos, hoy, debutás en Primera”.  

Carlitos seguía haciendo los ejercicios, que crecían en intensidad en la medida en que el cuerpo iba tomando la temperatura pretendía por el PF. “¡Vamo’, vamo’!”, era el grito de aliento de Schiavi, Córdoba, Chicho Serna y todos los que pasaban por al lado del pibe de El Fuerte. Después, vino todo el ritual que ya Carlitos conocía bien, aunque con compañeros no tan famosos ni con tanta gloria como los que iba a tener esa tarde del 21 de octubre de 2001.

Cuando se puso no lo notó, pero vio que la del Flaco Schiavi no tenía la publicidad de Pepsi, sino que sobre la franja amarilla de la camiseta decía “Mirta”. Y el buzo negro, blanco y naranja de Córdoba decía “Nidia”. Y el de Clemente, “Olga”. Y el de Gaitán, “Antonia. Ahí cayó en la cuenta de que era el nombre de las madres de los jugadores y que, como homenaje, cada uno de los jugadores iba a llevar el nombre de la suya en la camiseta, algo que también hizo River en su partido contra Newell’s. (1)

Cuando Carlitos vio su camiseta, la inscripción decía “Fabiana”. Le corrió un frío por la espalda. Era lo único que desentonaba en una tarde perfecta. Hubiese preferido que dijera “Adriana”, que era su verdadera madre, la que lo crió y lo protegió, la que lo ayudó y acompañó en aquellos tiempos en los que el Tano Propatto pasaba con la Estanciera para llevarlo a All Boys y hacer que la ambición y la decisión de ser futbolista creciera día a día en la mente y el corazón de Carlitos. No hay ningún rencor para con Trina, como el decían a la madre biológica de Carlitos. Todo lo contrario. A medida que el tiempo fue pasando y Carlitos creciendo, fue entendiendo que en el momento en el que Fabiana tomó la decisión de dárselo a Segundo y Adriana para que lo criaran no fue un acto de desamor, sino de necesidad. Sentado aquí, en la comodidad de la escritura, uno podría ponerse en juez y decir “ni loco entregaría un hijo”. Pero no estamos para eso y, además, es imposible analizar ese episodio de la vida de Tevez sin poner las cosas en contexto. La vida de Carlitos no hubiese sido tal sin esa decisión crucial. El escenario que se le planteaba en la casa de Fabiana no era el ideal para que creciera un chico. 

La familia adoptiva del pibe de Fuerte Apache, por otra parte, jamás fue obstáculo como para que Carlitos se relacionara con su madre biológica. 

   – Es cierto que Carlitos hubiese preferido que el nombre en la camiseta fuera el de Adriana, recuerda hoy Adrián Ruocco, que entonces ni siquiera conocía a Carlitos, pero que habló mil veces de esto con él. Pero el club sacó los nombres de las madres de las partidas de nacimiento de los jugadores y no preguntó nada a nadie. Todos los muchachos se enteraron de esto en el vestuario. Con el tiempo, este detalle quedó minimizado, pero imagino que en su momento debe haberle molestado, no tanto que dijera “Fabiana” como que no dijera “Adriana”. Su madre real es Adriana.

Carlitos nunca perdió contacto con su madre biológica, sencillamente, porque es la hermana de su madre adoptiva. Tuvo una relación porque la vida, hasta que Carlitos se acomodó en Primera y se hizo un nombre en el futbol, fue muy complicada para todos. Y porque, como pidió Fabiana y se comprometió Adriana a mediados de los 80, cuando Carlitos era aún un bebé, la decisión de criarlo en la casa de Segundo y Adriana fue firme. Mas tarde, Fabiana se casó con un hermano de Segundo (falleció de cáncer hace unos años, Carlitos le dedicó el titulo con el Manchester United) y ahí la relación familiar se hizo un poco mas estrecha, al punto que Carlitos los llamaba “tíos”. 

Hoy, Fabiana vive en la casa que compartía con el hermano de Segundo, a unas seis cuadras de Fuerte Apache. Esa vivienda se la regaló Carlitos. 

TEVEZ HOY. Después de una carrera brillante que comprendió pasos gloriosos por Corinthians, West Ham, Manchester United, Manchester City y Juventus, más un regreso a Boca interrumpido por una fallida experiencia en China, Tevez es el líder y capitán de Boca en 2020 y sueña con ganar otra vez la Copa Libertadores.

El estado emocional con el que Carlitos salió a jugar el primer partido de su vida en la categoría superior de Boca es difícil de describir. Este asunto del nombre de su madre biológica y no de la adoptiva en su camiseta lo conmovió hasta los cimientos, justo en un momento y en un lugar en el que necesitaba tranquilidad y concentración absoluta. Segundo y Adriana son los responsables máximos de todo en lo que Carlos Tevez se convirtió después. Carlitos es el resultado de decisiones tomadas en momento duros, en un contexto que no ayudaba nada. Y Segundo y Adriana son las dos personas en las que Carlitos pensaba mientras caminaba por el túnel no demasiado extenso hacia el campo de juego del entonces Estadio Córdoba.

No fue un buen partido de Boca en general, pero Carlitos se las ingenió, por ejemplo, para dejar al Chelo Delgado mano a mano con Cuenca y para llegar a poner el pie e intentar corregir un remate débil y defectuoso de Riquelme que desvió Sebastián Carrizo en la línea. Julian Maidana hizo el gol de cabeza con el que Talleres le ganó a Boca 1-0. Carlitos fue reemplazado por Ariel Carreño a los 16 minutos del segundo tiempo. No volvería a jugar en Primera hasta el 2002. 

Los planes de Boca estaban claros. Esta derrota con Talleres no tenia demasiada relevancia para la actualidad del equipo. Había sido Campeón de América e iría en busca de la segunda Intercontinental consecutiva frente al Bayern Munich un mes mas tarde, en el Estadio Nacional de Tokio. En la Lista de Buena Fe para ese partido con los alemanes había algunos juveniles (Omar Perez, el Chaco Giménez, Joel Barbosa, el Pampa Calvo, Julio Marchant), pero todos eran mayores que Carlitos. El pibe de El Fuerte sólo tenía 17 años. 

Pero el debut en Primera de Carlitos Tevez ya estaba consumado. Era un gran primer paso. Hoy, a 19 años de distancia, el pibe de Fuerte Apache sigue dando pelea con aquella camiseta que se puso en Córdoba, la tarde – noche del 21 de octubre de 2001.

Diego Chavo Fucks

Diego Chavo Fucks

Me llamo Diego Fucks, pero me dicen Chavo. Soy periodista de medios gráficos, radiales y televisivos desde 1982 y mi especialidad es el fútbol. Me encontras en: TELEVISIÓN Conductor de Tarde Redonda por FOX SPORTS de Lunes a Viernes de 17hs a 19hs. Columnista de 90 Minutos de Futbol por FOX SPORTS de Lunes a Viernes de 13 a 15hs RADIO Conductor de Rezo Por Vos de Radio Nacional AM 870 y Nacional Folklorica FM 98.7 de Lunes a Viernes de 9 a 12hs. LIBROS Eliminatorias 98, un camino largo y sinuoso (1997) Editorial Alfaguara El Libro de Boca (1999) Editorial Alfaguara El Libro de River (1999) Editorial Alfaguara Duelo de Guapos (2005) Distal Libros y Pensado Para Televisión. Tévez, La verdadera historia (2016) Ediciones B. Jugados (2000) EUDEBA -coautor- Esta página la he creado para que podamos comunicarnos mas asiduamente, para poder compartir mi trabajo con vos y que podamos, vos y yo, disfrutarlo. Podes opinar, sugerir y hacer consultas desde aquí. ¡Gracias por estar… una vez mas!

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