TEVEZ Y ALVAREZ

TREMENDO. La suela del botín flúo de Carlos Tevez deforma el tobillo de Ezequiel Ham. Increíblemente, el mal árbitro Luis Alvarez vio "choque". Carlitos quiso hacerle sentir el rigor al pibe de Argentinos y lo lesionó seriamente. Como no lo echaron, no será sancionado.

TREMENDO. La suela del botín flúo de Carlos Tevez deforma el tobillo de Ezequiel Ham. Increíblemente, el árbitro Luis Alvarez vio “choque”. Carlitos quiso hacerle sentir el rigor al pibe de Argentinos por una jugada anterior y lo lesionó seriamente. Como no lo echaron, no será sancionado.

El Turco Ham era el mejor jugador de Argentinos Juniors, en el momento en el que su mundo pareció derrumbarse. El cuadro de La Paternal estaba dos goles abajo, cuando el pibe porteño de 21 años (cumplidos el 10 de marzo) empujó al gol con la cabeza una pelota que le bajó su compañero Nicolás Freire. Ezequiel Ham estaba contento. Estaba jugando un gran partido –nada menos que frente a Boca– y, encima, le metió un gol. El partido no daba para que el cuadro del Turquito estuviera perdiendo. Argentinos había sido mejor que Boca durante la mayor parte del partido, le habían sancionado un offside de manera incorrecta cuando Andrés Franzoia metió la pelota en el arco de Orión y algunos fallos equivocados de un pésimo árbitro llamado Luis Alvarez lo perjudicaron de manera notoria.

Carlos Tevez estaba haciendo un partido fenomenal, el mejor desde que volvió a la Argentina. A tal punto, que su individualidad era (y sigue siendo) la única explicación de la victoria de Boca en Boyacá y Juan Agustín García. Hasta el momento en el que todo pareció detenerse, Carlitos no había sado mal un solo pase, clavó en el ángulo un disparo fenomenal, en un momento en el que Argentinos estaba para meter el segundo gol antes que el primero, había dejado solo al apurado Sebastián Palacios y buscó infructuosas paredes con el desordenado Calleri y el inconstante Lodeiro. Fue amonestado por una riña en el medio de la cancha, bastante parecida a las miles que Carlitos tuvo en sus tiempos de Fuerte Apache y sólo la falta de coraje de Luis Alvarez lo salvó de una expulsión cuando le dijo “la puta que te parió” a bocajarro, después de que el juez, tímidamente y casi pidiendo perdón, le mostrara la amarilla.

Ham le hizo sentir a Tevez el rigor de la presión a los 28 minutos del segundo tiempo, en el círculo central. Fue una jugada de esas en las que Carlitos participa todos los partidos. Le dan la pelota y el rival lo presiona desde atrás, trata de impedirle el giro, intenta que suelte el balón hacia atrás. Es cierto que Ham fue con bastante fuerza y que cuando la pelota se fue del lugar, el Turco y Tevez se quedaron discutiendo. En realidad, Ham dijo algo y Carlitos sonrió burlón. Nada del otro mundo. Hasta en un partido de barrio hay duelos verbales, cargadas y sonrisas de burla. Para el pibe, putear a Tevez iba a quedar en su anecdotario eternamente. Carlitos supo esto de inmediato y sólo le devolvió una risita canchera.

Todos pensamos que ese cruce terminaría ahí, en la puteada de Ham y la sonrisa de Tevez. Vaya uno a saber qué fue lo que quedó dando vueltas en la cabeza de Carlitos, que tecla habrá tocado Ham como para que, 90 segundos mas tarde, Tevez le ponga la plancha al pibe de Argentinos en el momento en el que fue a rechazar una pelota. Porque esto es lo que hace más incomprensible aún la plancha de Tevez, si es que alguna vez una agresión física a un rival es “comprensible”: no fue una disputa por la pelota, no eran dos futbolistas yendo a trabar. Era uno pateando y otro poniendo la suela filosamente.

Quienes estábamos en el estadio –sobre todo, quienes ocupamos lugares por encima del campo de juego– nos dimos cuenta inmediatamente de que lo que Tevez había hecho era muy grave. Casi no hacía falta que Ham se rompiera como se rompió. Era muy claro que Tevez había quedado caliente por esa jugada anterior o por algo que Ham le dijo y fue a tomar revancha. Lo hizo de la peor manera y en el momento menos indicado. El pie derecho de Ham estaba listo para rematar, no para trabar. Por eso, cuando Carlitos metió la plancha –apoyó y pisó de forma brutal– hizo pedazos tres huesos de su rival. Discutir si fue o no con intención es absurdo. Nadie pone una plancha semejante “sin querer”. La proliferación de ex jugadores, ex árbitros y entrenadores en los medios de comunicación nos inundaron de lugares comunes y justificaciones absurdas (“offside televisivo”, “abrió el brazo y lo golpeó sin querer”, “el jugador es lo mas sano que tiene el futbol”, “el árbitro decide en un segundo”) y contaminaron a muchos periodistas jóvenes que les creen porque “estuvieron allí adentro” o porque “salió campeón con Boca/River/Independiente/Racing/San Lorenzo”, como si esto diera sabiduría eterna. Es cierto que en todo el mundo ex jugadores comentan futbol y no menos cierto es que algunos lo hacen de manera brillante (Gary Neville en Inglaterra, Paulo Roberto Falcao en Brasil, Diego Latorre entre nosotros), pero no lo hacen todos, sino quienes están capacitados para hacerlo. Los medios de comunicación no sólo exigen fondo, sino también forma. La enorme mayoría de los ex protagonistas no está capacitado para explicar el juego, no usa adecuadamente el idioma y, lo que es peor, se siente jugador y cae en los mismas explicaciones vacías de contenido en las que caían cuando estaban en actividad (“mereció ganar”, “mereció perder”, “se acostumbró a ganar”, “se acostumbró a perder”, “es un jugador distinto”).

GOLAZO. Antes de lo sucedido con Ham, Carlitos Tevez fue la única razón que podría explicar la victoria de Boca. Este es el festejo del primer gol, un remate al ángulo desde fuera del área. La posición en cruz de Adrián Gabbarini es toda una definición de su impotencia.

GOLAZO. Antes de lo sucedido con Ham, Carlitos Tevez fue la única razón que podría explicar la victoria de Boca. Este es el festejo de su primer gol, un extraordinario remate al ángulo desde fuera del área. La posición en cruz de Adrián Gabbarini es toda una definición de su impotencia.

En todo caso, Tevez no habrá medido las consecuencias de su actitud y sólo pensó en rigorear al pibe. Los antecedentes de Carlitos lo eximen inmediatamente del calificativo tribunero de “mala leche”. No es el pibe de Fuerte Apache alguien que se distinga por su juego violento, sino todo lo contrario. Pero estaba tan enojado que fue demasiado fuerte y provocó una lesión muy grave. En medio de todo esto, queda para la historia la falta de capacidad de observación del juez Luis Alvarez. No sólo no cobró foul, sino que hasta hizo la seña de un “choque”. Y es la “no expulsión” de Carlitos Tevez lo que lo agrava todo. Después de que el árbitro tuviera una equivocada lectura de ocurrido, quedó lugar para todo tipo de especulación y, también, para ese sentimiento horrible que habita en una buena parte de nuestra clase media: la indignación. Es cierto que lo que hizo Carlos Tevez es grave y merecería una sanción de oficio que no llegará. Es real que, desde ahora, entramos en un terreno peligroso, porque cada jugada mas o menos parecida que ocurra, se pedirá no sanción porque “no suspendieron a Tevez” y pedirá planchas o jugadas desleales porque “no expulsaron a Tevez”.

Entonces, entramos en otro terreno. Luis Alvarez apareció designado en Argentinos – Boca por un sorteo que empezó a hacerse en esta fecha, a partir de una iniciativa de Guillermo Marconi, Secretario General del SADRA, uno de los dos sindicatos que tiene el arbitraje argentino. Es un sistema peligroso. Nuestro fútbol padece una crisis arbitral que el sorteo agrava, porque expone a árbitros con serias deficiencias técnicas como Alvarez, Ceballos, Echenique o Trucco a tomar decisiones trascendentes en partidos que definen el torneo. Los mejores árbitros deben ir a los mejores partidos. Esto fue siempre así. Ningún interés de ningún sindicato debe atentar contra esto. Da la impresión de que, en la Argentina, los árbitros van quedando atrás de la evolución del juego y que nadie está leyendo correctamente lo que sucede. En Europa, ya se están utilizando árbitros detrás de los arcos para reducir todo lo que se pueda el margen de error. Aquí, en cambio, eso no puede hacerse porque, al haber aumentado el numero de partidos por fecha, hay que mandar a la cancha a árbitros que aún no están debidamente preparados. Estar debidamente preparados no es dar o no un penal, marcar o no un offside. El error existirá siempre. Es estar preparado psicológicamente para tomar decisiones similares para locales y visitantes en un futbol que no tiene hinchas visitantes, algo que no está sucediendo habitualmente. O, en el caso de Alvarez, que entienda que un insulto de Tevez está tan prohibido por el reglamento como uno de Lenis.

El problema que tenemos en nuestro querido futbol es complejo. Y no tiene que ver con que aún no sabemos cuándo serán las elecciones de AFA o quién será el presidente. Está referido a muchas cuestiones que se hacen mal, a la falta de propuestas renovadoras, al empobrecimiento del plantel arbitral, a las pendulares sanciones del Tribunal de Disciplina y, por supuesto, a nuestros jugadores, que, con la excusa de jugar “al filo del reglamento”, violan cualquier regla de convivencia en una cancha y, lo que es peor, muestran un desconocimiento absoluto del reglamento.

Carlitos Tevez cometió un error grave y lo sabe muy bien, se dio cuenta al instante. Tiene cientos de partidos encima, tiene como mil duelos con rudos defensores y volantes que lo maltratan. Acaso lo peor sea que salió indemne de esto. Hay una sensación de impunidad que el futbol argentino, desde sus reglas “elásticas” y desde sus estructuras caducas, no calmará. Se impone ya mismo un cambio, pero será difícil.

Con tantos intereses y con tanta falta de capacidad, es probable que todo siga empeorando. Y la culpa no será de Tevez, por supuesto.

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