CHAU, DIEGO…

DIEGO. Hace 17 años, Diego jugaba profesionalmente por última vez. Acá, se lleva la pelota ante Hernán Díaz. Todavía se lo extraña.

DIEGO. Hace 17 años, Diego jugaba profesionalmente por última vez. Acá, se lleva la pelota ante Hernán Díaz. Todavía se lo extraña.

Diego Maradona no está bien en octubre de 1997. A comienzos del ’96 confesó su adicción a la cocaína. Es una enfermedad, pero todos opinan y lo condenan. El drogadicto es un delincuente, suponen. En realidad, es un enfermo, pero es Maradona y hay que dispararle. Al gobierno de Carlos Menem le viene bien. Mientras Diego esté en problemas, los diarios, las radios y, sobre todo, la televisión se ocuparán de él. Y distraerá a la gente de los problemas que tiene el país y que los que deben solucionarlos, no lo hacen. Crecen la desocupación, el hambre y la delincuencia, no hay presupuesto para educación y salud, muchos funcionarios se enriquecen como por arte de magia, dicen que estamos en el primer mundo y hay habitantes de la Argentina que se mueren de hambre. Pero todos hablan de Maradona. Es un triunfo del gobierno de Menem. El presidente le ofrece ayuda para que esta maniobra se note menos. Se nota igual.

El 24 de agosto, Boca juega contra Argentinos Juniors en la Bombonera y gana 4 a 2. Al físico de Diego no le sobra nada. Está en la cancha con lo justo. Boca lo necesita y, por supuesto, el sistema perverso que rodea al fútbol. Por eso, Diego cobrará 50.000 dólares por partido jugado. El presidente de Boca, Mauricio Macri, no lo quiere en el club. Pero el secretario, Luis Conde, sí. Conde convence a Macri. Diego juega en Boca.

Es la primera fecha del Torneo Apertura ’97. El árbitro Daniel Giménez perjudica claramente a Argentinos. Por indicación de Maradona, expulsa a Bennett, culpándolo de un golpe que no dio. Luego, amonesta a Maradona por un golpe contra Markic, pero no lo echa cuando Diego se trepa al alambrado. Debe mostrarle la segunda amarilla, según los reglamentos. Giménez los obvia. Es Maradona y a nadie le conviene una expulsión del genio en la primera fecha. Después, le toca el control antidóping. En la mañana de ese domingo, se hizo un control casero (“el evatest”, según una broma de Guillermo Cóppola, su representante y amigo) y el resultado fue negativo. Está tranquilo, ahora. Realiza el control como quien hace un trámite y se va. El jueves 28 de agosto, estalla la bomba. Desde Zurich, Julio Grondona llama a Mauricio Macri y le da la mala nueva: el control antidóping de Maradona dio positivo.

DE DERECHA. Una rareza es que le de con su pierna menos hábil. Lo que no es raro, es que esté Leo Astrada acosándolo. Sucedió todo el tiempo que Maradona estuvo en la cancha.

DE DERECHA. Una rareza es que le de con su pierna menos hábil. Lo que no es raro, es que esté Leo Astrada acosándolo. Sucedió todo el tiempo que Maradona estuvo en la cancha.

Don Diego, el papá, sufre un pico de presión. Diego se recluye en un departamento de la calle Posadas 1414 (3º “C”) y no sale por un par de días. Boca empata con Platense 2 a 2 el sábado 30 de agosto y Maradona no está. La gente de Boca lo recuerda con gritos, cantos y banderas alusivas. En la semana, interviene un juez de apellido Bonadío. Se expide a través de una medida de no innovar y esta decisión le permite a Diego volver a jugar. Lo hace con Newell’s, con Vélez (juega un segundo tiempo extraordinario), con San Lorenzo. Antes de este último partido, Diego se reúne con su padre. Le pide permiso para seguir jugando y Don Diego se lo otorga, pero le aclara que ya no aguanta más. El Diez anuncia que continuará, aunque lo deja supeditado a la repercusión que las noticias del periodismo voraz tenga en la salud de su padre.

Una lesión lo saca del fútbol durante 28 días. Se promete volver contra River, pero sólo se entrena 4 veces en este lapso. Mientras tanto, algunas cosas cambian. Se hace un tatuaje con la imagen del Che Guevara en su hombro derecho, aparece en uno de esos cuatro entrenamientos con un camión Scania 113 H y utiliza unos lentes Cartier que le dan un desconocido look intelectual. Otra cosa cambia, más importante aún: Diego dice que jugará contra River el sábado 25 de octubre de 1997.

El miércoles 22, sorprende a Héctor Veira llegando al entrenamiento en el campo deportivo del Sindicato de Empleados de Comercio de Ezeiza. Suma una hora de trabajo a los cuatro entrenamientos anteriores. La primera mitad, la dedica a dar vueltas a la cancha. La segunda, a un picado, en el que integra el equipo titular contra los suplentes.

“Tengo muchas ganas de jugar”, dice Diego cuando sale del campo. Antes, se había quejado de una contractura. Lo que Maradona no sabe es que algunos dirigentes le pidieron a Macri que Veira no lo pusiera en el choque del Monumental. El jueves 23, todo es más claro. Diego anuncia su presencia en el clásico. Ningún dirigente y, mucho menos Veira, se atreven a contradecirlo. A Diego le faltaría, como mínimo, una semana más de entrenamientos. Pero nadie le dice nada que no sea sí.

PINCELADAS FINALES. Los ojos, la boca, los brazos, la zurda. Todo va detrás de la pelota. Son los últimos tramos de la magia maradoniana.

PINCELADAS FINALES. Los ojos, la boca, los brazos, la zurda. Todo va detrás de la pelota. Son los últimos tramos de la magia maradoniana.

Boca, además, tiene otra duda. ¿Estará o no Caniggia? Veira opta por Palermo y Latorre como dupla de ataque. El peruano Solano irá por la izquierda, Toresani por la derecha, Cagna por el medio. Y Diego por donde le convenga. Los xeneizes llegan a este partido dos puntos por debajo de River. No juegan bien, pero ganan, aún sin Maradona o con Maradona y sus problemas.

River está mejor. Es considerado unánimemente el mejor equipo de la Argentina. Está jugando con éxito el campeonato local y la Supercopa y lo hace muy bien, aún sin Francescoli, desgarrado. Y así como Boca tiene a Maradona listo (o, por lo menos, eso parece), River no dispone de Enzo. Pero igual tiene mucho. El Pelado Díaz pone a Salas y Rambert arriba y a Monserrat, Astrada, Berti y Gallardo en el medio.

Diego no está bien y esto queda muy claro enseguida. Apenas hace un remate al arco y dos buenos pases a Latorre. Muy poco para quien es el mejor futbolista de la historia. River aprovecha. Maneja la pelota, Gallardo hace lo que los de Boca le piden a Maradona y conduce a su equipo. Además, el árbitro Elizondo deja sin sanción un claro penal de Bermúdez a Rambert. Y cuando se juegan cuarenta minutos, pasa lo que debía pasar: Berti le pone el pie zurdo a un pase corto de cabeza de Salas y derrota a Oscar Córdoba con un remate bajo. Ese 1 a 0 de River es absolutamente justo. Diego está muy cansado. Llega al vestuario y le dice al Bambino que la cosa así no funciona, que prefiere salir. Entonces, Veira pone a Juan Román Riquelme y Claudio Caniggia. Salen Vivas y Maradona. Diego se da una ducha rápida y se acomoda para ver el partido desde la puerta del camarín visitante.

Sólo son dos los minutos del segundo tiempo de este clásico. Latorre –ahora como enganche– pone un pase admirable para Toresani. El Huevo observa la salida de Burgos y define con gran categoría al segundo palo. 1 a 1. River se enceguece. No entiende que falta mucho, que es mejor y que sólo tiene que repetir lo del primer tiempo. Hernán Díaz se convierte en el jugador más expulsado de la historia del clásico cuando el árbitro lo echa a los diez minutos. Y, pese a una pelota que Arruabarrena saca en la raya y a otro penal que Elizondo no le da, Boca es superior en este segundo tiempo. Tan superior que ahora es Burgos el que le tapa una pelota infernal a Caniggia, en el minuto veintidós. Riquelme tira el corner que surge de la jugada anterior. Salta Palermo con Celso Ayala y logra cabecear. Bermúdez obstruye la salida de Burgos. Es infracción, pero Elizondo no lo advierte. La pelota supera la línea del arquero de River y un último intento de Astrada en la línea. Es gol. Boca gana 2 a 1. Diego grita como un poseído y se abraza con Vivas. Palermo se saca la camiseta y la revolea delante de la tribuna xeneize. Boca es una fiesta. No sólo le gana a River en el Monumental, sino que lo supera en la tabla de posiciones y alcanza la punta. Maradona está feliz.

FESTEJO. Diego jugó sólo el primer tiempo. En el segundo, fue reemplazado por Riquelme. Pero se quedó vestido de jugador y, cuando se consumó la victoria de Boca, regresó al campo para festejar con los hinchas.

FESTEJO. Diego jugó sólo el primer tiempo. En el segundo, fue reemplazado por Riquelme. Pero se quedó vestido de jugador y, cuando se consumó la victoria de Boca, regresó al campo para festejar con los hinchas.

Los últimos veinte pasan entre ataques a fondo de River y la estoicidad de Córdoba y sus defensores para soportarlos y llevarse un resultado casi milagroso. El festejo es enorme. Diego introduce su dedo índice izquierdo entre un círculo formado por sus índice y pulgar derecho. No hace falta traducción.

Al día siguiente, la alegría de leer los diarios en su casa de Villa Devoto. Los llamados telefónicos, la casa llena de gente amiga. Lo de siempre, en estos casos. El martes, otro rumor. Ahora dicen que se levantará la medida del juez y que Diego no podrá jugar por dos años. A Don Diego le da otro pico de presión. Maradona dice que no juega más.

Los compañeros lo llaman desesperados, especialmente Toresani. Le piden que no se vaya, que lo necesitan para ganar el título. No hay caso. El Diez empeñó su palabra ante un ser sagrado, ante su Viejo. En esas cosas no hay dobleces.

Diego Armando Maradona no jugó más. Nunca más.

Y el título se lo llevó River.

 

RIVER 1 – BOCA 2

Partido correspondiente a la 10ª fecha del Torneo Apertura, jugado el 25 de octubre de 1997 en el estadio de River Plate, con 1.182.165 pesos de recaudación.

 

RIVER: Burgos; Hernán Edgardo Díaz, Celso Rafael Ayala, Berizzo, Placente (36′ ST Sorín); Monserrat (33′ ST Cardetti), Astrada, Berti, Gallardo; Rambert (16′ ST Marcelo Alejandro Escudero), Salas. SUPLENTES: Bonano y Borrelli. DT: Ramón Angel Díaz.

BOCA: Oscar Eduardo Córdoba; Vivas (ST, al inicio, Riquelme), Bermúdez, Fabbri, Arruabarrena; Toresani, Cagna, Solano, Maradona (ST, al inicio, Caniggia); Latorre (37′ ST Traverso), Palermo. SUPLENTES: Abbondanzieri, Guillermo Barros Schelotto. DT: Héctor Rodolfo Veira.

 

GOLES: 40′ PT Berti; 2′ ST Toresani; 22′ ST Palermo.

EXPULSADO: 10′ ST Hernán Edgardo Díaz.

ARBITRO: Horacio Marcelo Elizondo.

 

2 comentarios

  1. Miguel Hernandez

    Excelente comentario Chavo.Estuve esa tarde en el Monumental,es uno de esos partidos que por los condimentos que tuvo siempre quedaran en la memoria del hincha de futbol

    abrazo

    miguel

  2. Cheysan Danny

    Muy Buen Escrito Chavo… la verdad daría todo por tener una maquina del tiempo y ver aunque sea medio tiempo al Diego con la 10 de Boca aunque sea una vez….

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