20 de septiembre de 2020
LA ÚLTIMA VEZ. Son casi las 11 de la noche del martes 29 de julio de 2014 en Buenos Aires. Julio Grondona sale del histórico edificio de Viamonte 1366, acompañado por el dirigiente Javier “Pipo” Marín. Estaban discutiendo la designación del sucesor de Alejandro Sabella en la Selección Argentina y el nuevo torneo de 30 equipos. Grondona ya había manifestado su preferencia por el Tata Martino. Pero nunca regresaría. Se descompuso durante la madrugada, lo internaron de urgencia y murió poco antes de las dos de la tarde del 30 de julio en el Sanatorio Mitre. Empezaba la leyenda y la incertidumbre por un sucesor que jamás llegaría.

Hacia 1985, a Selección Argentina se entrenaba en un camping que el Sindicato de Empleados de Comercio tiene cerca del Centro Atómico de Ezeiza. Eran días difíciles. El equipo nacional estaba en plena preparación y disputa de las Eliminatorias para el Mundial 86. No había predio, traer a Maradona, a Passarella o a cualquier figura argentina que jugara en el exterior era una lucha sin cuartel. En esas luchas, Grondona se hizo conocer fronteras afuera.  Era un Grondona más cercano al fundador de Arsenal que al poderosísimo vicepresidente de la FIFA que hace seis años y tres días fue sepultado en el viejo Cementerio de Avellaneda de la calle Agüero. Un domingo de 1985, a la tarde, Julio Humberto Grondona fue a visitar a los futbolistas de la Selección que estaban concentrados disputando las Eliminatorias para ir a México 86. Saludó a los pocos periodistas que estábamos haciendo notas con los jugadores –antes no era tan complicado– y, con los brazos en jarra y mirando a su alrededor, lanzó una frase que, con los años, iría encontrando sustento: “La Selección Argentina no puede entrenarse un predio donde los fines de semana hacen asado y corren pibitos. No voy a morirme sin antes hacer un lugar de entrenamiento para la Selección. Vas a ver”. Y lo hizo. Hoy, ese predio está a la altura de cualquier club o liga europea.

Ese Grondona, el de la pelea por la repatriación de nuestros futbolistas, el del sostén a la gestión de Carlos Salvador Bilardo ante el embate y el intento de remoción del gobierno de Raúl Alfonsín a través de sus emisarios  Rodolfo O’Reilly, Osvaldo Otero y Federico Storani y a sólo un par de meses del Mundial 86, podría explicar, aunque sea en parte, las razones por las cuales llegó a dónde llegó en abril de 1979. Ese que provenía de la presidencia de Independiente era un Grondona más artesanal, por buscar una definición que lo distinga del Grondona que falleció el 30 de julio de 2014.  Grondona –aquél Grondona– evitó lo que hubiese sido el peor antecedente de la historia de nuestro fútbol. Hay otras partes no tan heroicas ni tan transparentes, de las que daremos cuenta más adelante. Hay más muestras de “aquel” Grondona, para algunos desconocido a punto tal que, entre las cientos de necrológicas del miércoles 30 de julio de 2014, alguien dijo en TV:  “No había hecho demasiados méritos para llegar a la presidencia de la AFA”.

INICIO DE GESTIÓN. Julio Grondona asumió como presidente de la AFA en abril de 1979 y el 25 de junio de ese año, al cumplirse el primer aniversario de la obtención del Mundial 78, se enfrentaron en el Monumental Argentina y el Resto del Mundo, un combinado de los mejores futbolistas del planeta. Ganó la visita 2-1 y aquí el capitán, el holandés Ruud Krol, recibe el trofeo que estaba en juego. El partido fue organizado y auspiciado por el diario Clarín. Por eso, quien entrega el premio es la dueña, Ernestina Herrera de Noble, ante aplausos y sonrisas del dictador Jorge Rafael Videla y Julio Grondona.

Grondona fundó Arsenal de Sarandí con su hermano Héctor, el ex jugador de Boca e Independiente Juan Emilio Elena y un grupo de amigos el 11 de enero de 1957, cuando apenas pisaba los 24 años. Sus fundadores se dividían las simpatías por Racing e Independiente casi por partes iguales. De ahí la camiseta celeste y roja que se le ocurrió al joven Julio para el cuadro del Viaducto. A mediados de los 60, llegó a la comisión de fútbol profesional de Independiente (sin dejar nunca la presidencia de Arsenal), el cuadro de su familia, el cuadro que Grondona seguía a los 7 u 8 años asombrado por las cabriolas de Arsenio Erico, las gambetas de Capote De la Mata y las múltiples funciones del Cuila Sastre. Desde esa Comisión de Fútbol del Independiente de las primeras apariciones internacionales, mostró su gusto por un fútbol más desarrollado, a partir de haber conocido al Inter de Helenio Herrera en las dos finales que el cuadro neroazzurro le ganó al del Colorado Giúdice. Pensó que el fútbol venía por ese lado y se le ocurrió contratar a Antonio Faldutti, hombre muy ligado a Osvaldo Zubeldía, enemigo acérrimo del Rojo en las Copas Libertadores de fines de los 60. Más allá de que Independiente fue superado en esos años por el gran equipo de Estudiantes, se produjeron dos episodios que marcaron el gusto de Grondona casi de por vida: su admiración por el trabajo de Zubeldía (alguna vez dijo “me encantaba, pero no lo podía llevar a Independiente. En cambio, pude llevar a Brandao –DT brasileño– que laburaba adelantado 30 años”) y el haber conocido a Bilardo, el mejor intérprete de Osvaldo. Algo que pocos saben es que, en un comienzo, cuando ya estaba decidida la discontinuidad de Menotti como DT de la Selección, Grondona no estaba muy convencido de llevar a Bilardo al cuadro nacional. Sabía que sería resistido y pensaba en Miguel Angel López –exquisito central del Independiente multicopero y DT del mejor Argentinos de Maradona, en 1980– para el puesto. Bilardo logró convencerlo en una charla con su proyecto, con el buen funcionamiento del Estudiantes de 1982 y con la idea de Maradona capitán y principal futbolista argentino.

En diciembre de 1969, Julio Grondona –ya eran célebres sus patadas a las puertas de los vestuarios de los árbitros– agredió a José Filacchione (árbitro de larguísima trayectoria en el ascenso que dirigió 328 partidos en Primera B entre 1957 y 1971) después de un partido en el que, una vez más, entendió que Arsenal había sido perjudicado. Ya estaba siendo observado por la AFA por estos exabruptos. La agresión fue demasiado grave como para pasarla por alto y lo suspendieron por 18 meses. Grondona estaba preparando su campaña para las elecciones en Independiente de 1970 y la sanción le impidió toda actividad política en cualquier club afiliado a la AFA. Ese acto eleccionario fue uno de los más importantes de la vida del Rojo, porque el final de los 60 no fue bueno para el entonces Bicampeón de América. La Lista Roja –su fracción política de toda la vida– sabía que la Agrupación iba a quedarse con el gobierno de la institución si no presentaba una figura de peso. A esas alturas, Grondona ya era un apellido directamente vinculado al fútbol. Héctor se convirtió en el goleador histórico de Arsenal y Julio era el presidente del club celeste y rojo que, con inmensa modestia había arrancado en Aficionados (hoy Primera D) en 1957 y ahora estaba dos categorías más arriba.

EL TRAMPOLÍN. Increíble foto de El Gráfico que muestra a un Julio Humberto Grondona de 45 años en el viejo estadio de la Doble Visera, apenas asumido como presidente de Independiente. Ganó las elecciones de 1976 y su mandato duraba hasta 1981, pero, dos años antes fue designado presidente de la AFA y debió dejar el cargo en manos de Pedro Iso, su vicepresidente. El histórico título rojo logrado en Córdoba ante Talleres en enero de 1978 fue el empujón final en su favor, ante la competencia de Amadeo Nuccetelli.

Pasó lo esperado: El doctor José Cortés, representando a la Agrupación Independiente, ganó las elecciones. Dicen los historiadores rojos que con Grondona representando a la Lista Roja no hubiese cambiado el signo político en la conducción del club, aunque, por supuesto, esto es contrafáctico y, como tal, incomprobable. En el lapso 70/76, Independiente ganó 4 Copas Libertadores, una Intercontinental y dos Interamericanas. Grondona recién pudo representar a la Lista Roja en las elecciones de 1976 contra José Epelboim, legendario dirigente rojo que fue el presidente de la Comisión de Fútbol Profesional durante los dorados años coperos. Y ganó, acaso porque, en el 76, a Independiente se le cortó su seguidilla copera al perder un desempate con River en tercer partido. En esos tres años de gobierno de Independiente, está el gen de lo que después pasó con la vida de Julio Grondona dirigente de fútbol. Su paso por la presidencia de Independiente fue breve, aunque hubo un hecho puntual y decisivo para su llegada a la presidencia de la AFA.

Como el Metropolitano de 1977 fue el torneo más largo de la historia (24 equipos, 46 fechas), su disputa arrastró a la definición del Nacional 77 hasta bien entrado 1978. Independiente tenía un equipo altamente competitivo, que le había peleado el Metropolitano a River hasta la última fecha y estaba a las puertas de la final del Nacional. Del otro lado, llegaba Talleres de Córdoba, con su histórico presidente Amadeo Nuccetelli y la provincia gobernada por el sangriento Luciano Benjamin Menéndez. La AFA de la dictadura pugnaba por el ingreso de los equipos cordobeses –en ese momento, eran Talleres, Instituto y Racing– al fútbol grande y la victoria del fantástico equipo que dirigía Roberto Marcos Saporiti era imprescindible para impulsar ese deseo. Pero había más: en 1979, cambiaría el presidente de la AFA y ese puesto tenía dos candidatos muy claros: Grondona y Nuccetelli.

En la final de Talleres e Independiente, entonces, había en juego mucho más que una vuelta olímpica. Obviamente, Nuccetelli era el preferido del dictador Menéndez y de los clubes del interior. Los equipos grandes, sin embargo, estaban con Grondona. Pero ese partido final, la revancha del 25 de enero de 1978 en el estadio del Barrio Jardín, definía todo, incluso el futuro del fútbol argentino. El partido de ida, en Avellaneda, había terminado 1-1, con cierta preponderancia de Talleres en el juego y con un disparatado penal que el árbitro Angel Coerezza le dio a Independiente para lograr el empate.

EL PARTIDO DECISIVO. Aquí hay imágenes de la final del Nacional de 1977 entre Talleres e Independiente. Ese partido del 25 de enero de 1978, definía, entre muchas otras cosas, si el sucesor de Alfredo Cantilo en la AFA sería Julio Grondona o Amadeo Nuccetelli. La hazañosa victoria roja fue determinante para que la elección recayera sobre Don Julio. Esa noche, en Córdoba, empezaba a construirse la historia más importante de dirigente de fútbol alguno en nuestro país.

La revancha en La Boutique fue uno de los acontecimientos deportivos más importantes de la historia de Córdoba. Sobre todo, porque esa primera final –jugada el 21 de enero de 1978, en pleno verano porteño– había favorecido claramente a Talleres y porque el gol de visitante, que se contaba doble en caso de igualdad, le daba claras ventajas sobre su rival. El partido del 25 de enero fue de una intensidad y una tensión poco comunes. Tal vez, Talleres, dentro del campo, se haya contagiado de la confianza excesiva que transmitían sus hinchas o creyó que el desastroso arbitraje de Roberto Barreiro iba a favorecerlo en cualquier circunstancia. Lo cierto es que un penal mal cobrado y un gol con clara mano del delantero Angel Bocanelli enterraron la apertura del marcador de Outes y Talleres pasó a ganar 2-1. Justamente, la escandalosa mano de Bocanelli derivó en furiosas protestas de jugadores de Independiente y esto derivó en tres expulsiones: Larrosa, Galván y Trossero. Hubo un amago de retiro del equipo que detuvieron Grondona y Pastoriza. Lo que pasó después es harto conocido. Independiente quedó con ocho futbolistas y, en ese contexto desfavorable –visitante, 1-2, 25.000 hinchas alentando al rival, presiones políticas y deportivas para que gane Talleres, un árbitro poco confiable– Bochini, uno de los que encabezó la frustrada retirada y que esa noche cumplía 24 años, hizo el gol del empate. Con el 2-2, el Rojo fue Campeón Nacional y consumó la que acaso sea la mayor hazaña de un equipo argentino en un torneo local. Cuando el árbitro Barreiro pitó el final, algunos jugadores de Talleres insinuaron una protesta por un supuesto escaso tiempo adicionado. La respuesta del árbitro no dejó dudas: “Más no puedo hacer, muchachos”. Mientras Independiente daba la vuelta olímpica, Julio Grondona esperaba en el vestuario visitante junto a su hijo Humberto. Sabía que sería el próximo presidente de la AFA. Y como tal, en 1980, Grondona aplicó la Resolución 1309 que le permitía, a “equipos indirectamente afiliados” que cumplieran ciertos requisitos, participar de los dos principales torneos del fútbol argentino. Gracias a esto, fueron sumándose Talleres (1980), Instituto (1981) y Racing de Nueva Italia (1982). Posteriormente, con la creación de la B Nacional en 1986, esta resolución ya no tenía razón de ser y quedó sin efecto.

Cuando Julio Grondona asumió la presidencia de la AFA en 1979 sucediendo a Alfredo Cantilo, empezó la historia más discutida, la más vinculada a los grandes negocios a los que el fútbol se acostumbró en estos años. Tal vez, su última acción con hilo conductor entre “aquel” Grondona de Arsenal e Independiente con el de la Selección haya sido la historia que contamos, en la que el gobierno de Alfonsín pretendió dar un golpe contra Bilardo y él lo sostuvo contra viento y marea, contra una gran movida de Clarín para instalar a Menotti y contra la mayoría de la opinión pública.

UNA NUEVA ERA. Grondona no estaba muy convencido de llevar a Carlos Bilardo a la Seleccion porque sabía que el “estilo Estudiantes” sería resistido. Es más, Julio prefería al Zurdo López, gran zaguero de la época de oro de Independiente y DT del mejor Argentinos de Maradona, en 1980. Pero Bilardo logró convencerlo con su proyecto, con el Estudiantes Campeón de 1982 y con Maradona como líder absoluto de la nueva etapa. En la foto, Bilardo firma su contrato a comienzos de 1983, acompañado por Grondona, Martín Noel y Ricardo Petracca.
SU OBRA CUMBRE. Es 29 de junio de junio de 1986. Grondona es el primero en ingresar al vestuario y darle un abrazo a Carlos Bilardo, su socio y hacedor de un enorme equipo de fútbol que atravesó muchas penas hasta llegar a la gloria eterna. El histórico Jefe de Prensa de la AFA, Washington Rivera, es el único testigo del abrazo.
EN LA CASA ROSADA. Pocas veces se vio a Grondona tan feliz como en esta foto. Es al día siguiente de la consagración, el 30 de junio de 1986. El entonces presidente Raúl Alfonsín sostiene la Copa del Mundo, con Maradona sonriendo satisfecho. Así como el triunfo de Independiente lo lanzó a la AFA, esta victoria de 1986 le dio mucho predicamento en la FIFA.

En 1988, y a partir del terreno político ganado por la obtención del Mundial 86, su relación estrecha con Joao Havelange se tradujo en cargos y un inmenso poder: fue designado Vicepresidente Primero de la FIFA y responsable directo de los departamentos de Finanzas, Marketing y Televisión, los tres ítems en los que la Federación más evolucionó en las últimas tres décadas. La fortuna de la FIFA creció de manera imposible de mensurar, paralelamente con el patrimonio personal de Julio Grondona. Mientras Don Julio estuvo vivo, nunca nadie explicó nada, jamás nadie investigó seriamente esto. Las preguntas y las investigaciones comenzaron en mayo de 2015 con el llamado FIFA Gate, cuando ya Grondona no estaba entre nosotros.

En el único sitio en donde Grondona volvía a ser “aquel” era en la AFA. Ahí se sentaba, por ejemplo, media hora con el presidente de Justo José de Urquiza y le solucionaba los problemas que lo acuciaban. Siempre me sorprendía el presidente de Dock Sud cuando me decía “estuve con Julio y me dijo… y me dio…”. Era cierto. Grondona delegaba muchas cosas, pero nunca su trato con los dirigentes del ascenso, atendía en persona. Seguramente, quienes más lamentan su ausencia sean los dirigentes de los clubes más modestos.

Esa fue su manera de construir poder, generando una deuda en el otro. Deuda de dinero, como en el caso de los clubes o deuda de gratitud, como en el caso particular de los dirigentes. Sentía que la AFA le pertenecía e hizo que los demás dirigentes tuvieran esa misma sensación. Su figura fue creciendo con el paso del tiempo hasta convertirse en un gigante. Pero, lejos de abrumarse, se sentía cómodo en ese rol. Se veía a sí mismo como único, irrepetible, irreemplazable. Trabajaba para ser irreemplazable. Se enojaba mucho cuando le mencionaban la palabra “poder”. Decía que era “capacidad”, no poder. Seguramente, el poder le era tan familiar, lo respiró durante tanto tiempo, que se le hizo invisible. Cuando alguno de nosotros –los que no detentamos ningún tipo de poder– tenía enfrente a Julio Grondona sabía que estaba hablando con alguien muy poderoso. Se notaba claramente en cada cosa que él decía, en la forma de mirar y de responder, sin importar siquiera el contenido de esa respuesta.

TODO PASA. Julio Grondona utilizaba mucho esa frase en las disputas con los dirigentes de clubes que le iban con problemas o cuando la Selección Argentina sufría una gran derrota. Uno de sus hombres más cercanos, Noray Nakis, le regaló el célebre anillo con su frase de cabecera. Cuando murió Nélida, su compañera y confidente durante 55 años, Grondona dejó de usarlo.

Uno de los temas que Grondona jamás resolvió fue el de la violencia. No existe en la memoria cercana alguna medida que la AFA haya tomado para erradicarla. No hay registros de alguna declaración o alguna idea que Julio Grondona haya emitido sobre muertos en los estadios o condena a barras o algún episodio bochornoso de los cientos que nublaron la escena del fútbol argentino en los últimos 40 años. Nunca las personas que concurren a los estadios se sintieron protegidas por la AFA de Grondona. El fútbol fue quedándose sin público. Es cierto que la cantidad de gente fue disminuyendo a medida que fue creciendo el negocio de la televisión –gestión directa de Grondona, primero con Clarín, después con el Estado Argentino– pero, no menos cierto es que fueron espantados por la inacción conjunta de Estado y AFA ante el fenómeno de la violencia en los estadios. La desprotección creció mucho en cada estadio de la Argentina y hoy vemos con nostalgia, en partidos antiguos que se emiten de tanto en tanto, como los hinchas del equipo visitante poblaban una tribuna de cualquier estadio.

Grondona fue la imagen del poder concentrado. Su omnipresencia y su manera de conducción impidieron el crecimiento de viejos dirigentes y la aparición de nuevos. Es complicado que este tipo de líderes generen sucesores que respondan a sus características. Pasa todo el tiempo con los grandes líderes de la política. Jamás dejan descendencia. Ni siquiera su hijo Julio Ricardo Grondona, buen presidente de Arsenal, pudo sucederlo en el cargo de la FIFA, como pretendía Grondona y todos los dirigentes de la AFA de entonces. Es más, esa vicepresidencia de la FIFA fue quitada de las manos argentinas. Esto no sólo es culpa de Don Julio. Muchos de esos dirigentes se sintieron seguros, protegidos y arropados por Grondona y prefirieron seguir así, temerosos de represalias, aunque cómodos porque recibían beneficios que de otro modo le serían absolutamente esquivos.

Grondona se llevó sus modos de conducción a la tumba. No se ve un reemplazo claro, ni siquiera hoy, cuando ya han pasado 6 años de su partida. No se ve a nadie con capacidad de arreglar los problemas estructurales y organizativos que tiene el fútbol argentino. No hay una cabeza clara que logre –al menos en el corto plazo– la presencia que Grondona tenía en la FIFA y que sea el hombre de consulta de las decisiones más importantes en el fútbol del mundo. No hay nadie entre nuestros dirigentes, que se cargue al hombro las finanzas, el marketing y la televisación del fútbol. Hay una nueva organización –Liga Profesional– que parece haber tomado nota de esto y está intentando poner en orden la economía del fútbol. Justamente, esa Liga Profesional es liderada por Marcelo Tinelli, hoy presidente de San Lorenzo. Grondona pensaba que Tinelli tenía pasta para seguir sus pasos y se había propuesto formarlo. Su muerte interrumpió ese ciclo.

Grondona fue, durante 35 años, la cara, el cerebro, los brazos y las manos del fútbol argentino. Sigue siendo difícil la era Post Grondona. Demasiadas cosas descansaban en él y, al irse, ninguno de los que vino –interventor o presidente– logró encauzar las cosas por un camino sin zozobras.

LA FERRETERÍA DE SARANDÍ. En Independencia 1872, muy cerca del Viaducto, está, desde 1923, el corralón de materiales y ferretería Lombardi y Grondona, el negocio familar de Julio. En ese sitio, se definieron muchas de las historias más trascendentes del fútbol argentino.
GRONDONA Y TINELLI. Nunca lo dijo abiertamente, pero, en su intimidad, Grondona quería que el hoy presidente de San Lorenzo se acercara al fútbol, le veía pasta de dirigente y pensaba que estaba capacitado para conducir la AFA. Marcelo siempre habló con mucho afecto de Don Julio porque sabía de este pensamiento. Hoy, Tinelli es el presidente de la flamante Liga Profesional.

En lo personal, hubo dos muertes cercanas que colocaron a Grondona en una situación anímica irremontable. La primera fue la de Daniel Pellegrino, chofer, secretario y hombre de absoluta confianza, conocía todos los secretos de Don Julio. Hacia adentro de la AFA ostentaba el cargo de Coordinador de Selecciones Nacionales, aunque, en realidad, en sus últimos años de vida, trabajó como una especie de colchón entre Maradona y Grondona. Pellegrino murió de cáncer el 1ro. de abril de 2011. Fue un golpe muy duro para El Jefe. Grondona estaba sensibilzado porque la salud de Nélida Pariani, su esposa durante 55 años y madre de Julito, Humberto y Liliana, estaba deteriorada. Cuando su compañera de toda la vida murió el 17 de junio de 2012, a Julio se le cayó el mundo encima. Después de ese golpe de la vida, nunca fue el mismo. Su vida entró en una tristeza perenne. El problema no era solamente la soledad: era la falta de su compañera y confidente, su mano derecha, el amor de su vida. Nélida, además, era Presidenta de la Comisión de Damas de la AFA, tenía el control ejecutivo de una empresa agropecuaria de Grondona y era una ferviente católica. Ella fue quien convenció a Julio de que el predio de la AFA debía tener una capilla. Grondona la hizo construir y hoy, el templo lleva el nombre de Nélida Enriqueta Pariani de Grondona.

De ahí en más, como quedó dicho, los días de Julio Grondona ya no fueron iguales. Ni siquiera llevaba su mítico anillo con la leyenda “Todo Pasa”, que alguna vez le regaló el dirigente de Deportivo Armenio e Independiente Noray Nakis. El día que murió Nélida se lo quitó y nunca más lo usó, acaso viendo que esa pena no iba a pasar como tantas otras cosas. La salud de Julio Grondona tampoco estaba bien. En septiembre de 2011, había sido intervenido quirúrgicamente con una colonoscopía y, sumado a eso, no lo ayudaba el inexorable paso del tiempo. Estaba a punto de cumplir 80 años de una vida intensa.

DEBILIDAD. Tal vez porque haber cortado la relación de manera tan abrupta con Maradona le dejó cierto vacío o por la delicada situación personal que Grondona atravesó tras la muerte de Nélida, se aferró mucho a Leo Messi y quería que el pibe del Barcelona levantara la Copa para que se acabaran las discusiones. En esta escena se los ve cercanos, algo que intentaba Don Julio cada vez que se encontraba con Messi.

El Mundial 2014 le entregó una enorme frustración. Todo parecía perfecto: los rivales habían sido accesibles en el primer turno, el equipo mutó hasta ser sólido y confiable en la competencia y llegó a la final. Todo esto tenía, además, un condimento especial: Messi era una debilidad de Grondona. Durante su presidencia, Maradona se había consagrado Campeón del Mundo en 1986. La relación con Diego –que tuvo interminable cantidad de idas y vueltas– se rompió definitivamente con la salida del 10 de la dirección técnica de la Selección Argentina. Cuando creyó que nunca más iba a gozar de un futbolista extraordinario, llegó Messi. Claudio Vivas y Hugo Tocalli le avisaron que en Barcelona había “un pibe que juega como Diego”, y ahí mismo armó un amistoso con una Selección de Paraguay Sub 23 a la que hizo pasar por Sub 20 para blindar a Messi y que no se lo llevara España. Es más, cuando el bueno de Pancho Ferraro dejó en el banco a Messi (y Agüero) en el banco en el debut del Mundial Sub 20 de Holanda en 2005 y Argentina perdió 0-1 con Estados Unidos, Grondona lo esperó en el vestuario: “Si no juega Messi, te doy una patada en el culo”. Tampoco le gustó demasiado que Pekerman le diera tan pocos minutos en el Mundial de Alemania 2006. Messi llegó al 2014 a pleno. Faltó muy poco para que el sueño de Grondona se cumpliera.

La noche del 29 de julio de 2014 terminó tarde. Si bien Sabella no había renunciado, durante el Mundial de Brasil ya sabíamos que no seguiría y Grondona, por supuesto, también. Alejandro estaba en los comienzos de una lucha sin cuartel contra una enfermedad tremenda y sabía que en los años venideros necesitaba enfocarse en su salud, sin otra cosa que lo distrajera. Grondona prefirió mantenerlo en secreto. Simuló tener dudas, pero tenía claro que Sabella no iba a ser más el DT de la Selección Argentina. A Don Julio siempre le gustó Miguel Russo, pero iba a darle una chance a Gerardo Martino, pensando que el Tata venía de tratar con Messi y Mascherano en Barcelona. Pocos saben que tenía en agenda una reunión con Mauricio Pellegrino para el jueves 31. Longaniza era del gusto de Humberto Grondona y Julio accedió a escuchar su idea.

Salió de la AFA cerca de las 23 del martes 29 y ya no volvería. Se fue a su casa de Puerto Madero y, a la madrugada, comenzó a sentirse mal. Hubo un llamado a su hija Liliana, una posterior internación en el Sanatorio Mitre y el final. Su corazón dijo basta a las 12.51, aunque el anuncio oficial fue a las 13.30. Su velatorio en el Polideportivo del predio de la AFA y el cortejo fúnebre que lo acompañó hasta el Cementerio de Avellaneda fueron multitudinarios.

Ya Grondona no estaba en este mundo cuando estalló el FIFA Gate, aunque sí estaba y fue activo participante del hecho que lo que lo detonó: la turbia recolección de votos en favor de Qatar para organizar el Mundial 2022, en detrimento de Estados Unidos, que era el otro competidor. El 27 de mayo de 2015, la policía arrestó a siete dirigentes en el lujoso Hotel Baur au Lac, de Zurich, mientras se preparaban para asistir al 65to. Congreso de la FIFA. Posteriormente, fueron cayendo varios más, incluso gente muy cercana a Julio Grondona. En muchas de las declaraciones ante la Justicia de Estados Unidos, Don Julio aparece acusado de delitos vinculados con sobornos y tráfico de influencias. Quienes siguen de cerca el caso, sostienen que, de estar vivo, Don Julio estaría tras las rejas o dando incómodas explicaciones en hostiles tribunales de los Estados Unidos.

Julio Humberto Grondona supo retirarse a tiempo, incluso en su hora final.

Diego Chavo Fucks

Diego Chavo Fucks

Me llamo Diego Fucks, pero me dicen Chavo. Soy periodista de medios gráficos, radiales y televisivos desde 1982 y mi especialidad es el fútbol. Me encontras en: TELEVISIÓN Conductor de Tarde Redonda por FOX SPORTS de Lunes a Viernes de 17hs a 19hs. Columnista de 90 Minutos de Futbol por FOX SPORTS de Lunes a Viernes de 13 a 15hs RADIO Conductor de Rezo Por Vos de Radio Nacional AM 870 y Nacional Folklorica FM 98.7 de Lunes a Viernes de 9 a 12hs. LIBROS Eliminatorias 98, un camino largo y sinuoso (1997) Editorial Alfaguara El Libro de Boca (1999) Editorial Alfaguara El Libro de River (1999) Editorial Alfaguara Duelo de Guapos (2005) Distal Libros y Pensado Para Televisión. Tévez, La verdadera historia (2016) Ediciones B. Jugados (2000) EUDEBA -coautor- Esta página la he creado para que podamos comunicarnos mas asiduamente, para poder compartir mi trabajo con vos y que podamos, vos y yo, disfrutarlo. Podes opinar, sugerir y hacer consultas desde aquí. ¡Gracias por estar… una vez mas!

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