INDEPENDIENTE ES MATAR O MORIR

RIAÑO. Empezó por afuera. Cuando salió Lucero, fue de 9. Hizo dos goles  y se convirtió en impensado héroe.

RIAÑO. Empezó por afuera. Cuando salió Lucero, fue de 9. Hizo dos goles y se convirtió en impensado héroe.

Independiente tiene una idea de juego bien definida, a la que el técnico Jorge Almirón se refirió muchas veces y que, hasta el momento, no ejecutó nunca de manera convincente. Pero tiene una idea. A Independiente la muletilla “equipo sin ideas” no le cabe. La/las tiene. El problema es “la idea”, justamente.

La idea de salir jugando es “saludable”, “elogiable”, “un soplo de aire fresco”. Pero, ¿salir jugando con Tula, Cuesta, los nervios de Villalba, las limitaciones de Vallés o la soledad de Breitenbruch es todo eso que ponderan algunos? ¿No sería más inteligente variar la salida? ¿No sería más inteligente pensar en adaptar la idea a los jugadores con que se cuenta y no al revés?

Almirón tiene un par de aspectos positivos. El primero y fundamental, es que es una cara nueva y joven en un club difícil, históricamente conservador (hinchas y dirigentes). Y las caras nuevas en sitios como Independiente son siempre bienvenidas. Alguien muy Rojo me dijo hace poco que “Cantero llamó a Gallego porque el Pato Pastoriza murió en 2004. Si no, hubiesen ido a buscar al pobre Pato”. Es así. A fines de los años 80, Pedro Iso trajo a Jorge Solari para reemplazar al Pato, que se había ido a Boca. Solari era de otro palo. Ni mejor ni peor. Otra cosa. Iso sabía que se venían tiempos nuevos en el fútbol y tenía la intención –ya entonces– de generar un proyecto integral entre la Primera y las inferiores. Don Pedro sabía, además, que el final de la carrera de Bochini estaba cerca.

Como siempre, la reacción ante lo desconocido fue la misma: “Solari es defensivo”. “Solari no respeta el ADN”. “Solari no respeta la historia”. El mismísimo Bochini fue fotografiado con la camiseta de Boca y salió en la tapa de El Gráfico. Marangoni, por estas mismas razones, prefirió el odio rojo y siguió los pasos del Pato. Se fue a Boca. El periodismo partidario se la juró. “Quiero que sepa, Señor Solari, que en mí, de aquí en más, tiene a su peor crítico, a su enemigo”, le dijo “Motoneta” González, conductor de “Independiente de América”, uno de los programas de Independiente más escuchados por hinchas y socios.

Iso no dudó y siguió con Solari. El Indio (el verdadero “Indio Solari”) sacó campeón al Rojo y casi gana la Supercopa. Pero llegó la mala y decidió irse cuando vio que no valoraban el gran trabajo que había hecho con los pibes. ¿A quién fue a buscar la dirigencia? A Pastoriza. Así fue siempre.

Volvemos a lo anterior. Haber traido a Almirón a un club de dirigentes e hinchas tan conservadores como Independiente es una estupenda idea. Es una manera de convertir a la historia en historia, es un modo de poner en su lugar a quienes alguna vez hicieron algo por el club, pero no gastar sus imágenes una y otra vez en situaciones límite.

Otro ítem positivo de Almirón es que no miente. Se equivoca mucho, a veces arma mal el equipo y otras tantas, los cambios son difíciles de explicar o entender. Pero no miente. Independiente lleva 4 victorias al hilo y, sin embargo, lejos de levantar ridículas banderas triunfalistas, baja a la Tierra. Admite que el equipo está desequilibrado, que no juega bien. Obviamente se entusiasma porque está a un punto del River Sensación y porque, si jugando más o menos, ganó en Bahía Blanca, ganó el clásico, ganó en Banfield y le metió 5 goles a Quilmes en la lluviosa noche de Avellaneda, entonces qué será de este equipo cuando logre llevar de la mejor manera la idea del entrenador.

PELEA. Ahí está Vallés, en una lucha despareja con Lucas Suárez. EL ex Godoy Cruz tiene condiciones para la marca, pero hace agua cuando debe proyectarse e influir en ofensiva. Jugó sólo un tiempo.

PELEA. Ahí está Vallés, en una lucha despareja con Lucas Suárez. EL ex Godoy Cruz tiene condiciones para la marca, pero hace agua cuando debe proyectarse e influir en ofensiva. Jugó sólo un tiempo.

Pero la idea tiene problemas serios. No es una idea nueva, sino, por el contrario, es muy antigua. Y de tan antigua, fácilmente vulnerable. Independiente no tiene volantes que marquen ni defensores confiables con la pelota en los pies. Por eso, cuando pierde la pelota, apela a la religión: reza. El primer gol de Quilmes es un botón de muestra de lo perimida que es esta idea del achique lejano y de la falta de un volante con cierto rigor defensivo. Chirola Romero metió un pase hacia un jugador lanzado y recibió Brian Sarmiento solo, sin marcas ni obstáculos que le impidieran llegar hasta el Ruso Rodríguez. Por las dudas, también estaba Klusener. Los dos estaban habilitados por Tula (la idea es antigua y, además, la hacen mal) y cualquiera pudo haber convertido el gol.

Siempre digo lo mismo: el discurso del “arco de enfrente” y los “riesgos” está buenísimo cuando el equipo gana. En cuanto pierda, puede pasarle lo que a Racing: “La culpa es de los árbitros”, “tenemos lesionados”, “no merecemos perder”. Pero la realidad es que Cocca está muy cuestionado y mucho más lo estará si pierde en la cancha de Boca. A Cocca se le notan más los defectos porque pierde. Si hubiese ganado al menos el clásico, seguramente aquella frase de ocasión (“prefiero perder el clásico, pero salir campeón”) pasaría de largo en cualquier análisis.

A Almirón –al igual que Cocca, perteneciente a la escudería del representante Cristian Bragarnik– le va mejor porque Independiente gana. A quienes hablan del resultado como algo aleatorio y no fundamental, la respuesta es “mirá lo que los resultados logran con Independiente”. Logran que Almirón no sea cuestionado ni por un segundo, logran que un equipo que nunca jugó de manera confiable esté a un punto de River, logran que los hinchas se empapen gritando un gol angustioso de Riaño después de ganar 3-1 y recibir el empate 3-3… Logran muchas cosas más. Hoy los hinchas se ilusionan por los resultados. El juego del equipo ni las decisiones del entrenador dan para tanto. Sobre todo, pensando en que el próximo rival es River. Cuando Independiente jugueteó con malas decisiones y malos cambios contra un rival de categoría superior como Vélez, perdió 0-4.

Un esquema de posesión y presión como el que propone Almirón necesita de movilidad del medio hacia adelante. Y el equipo tampoco mostró esto. Llegó al gol por un penal –torpeza de Sebastián Martínez– que el Ruso Rodríguez transformó en gol y subió en el marcador por otro penal que le hicieron a Pisano, gran ausente en la formación inicial. Todavía no quedó demasiado claro por qué fue titular Vallés (otro del “Bragarnik Team”). Si Almirón pensó en un lateral que fuera hasta el fondo, que sirviera de descarga para los volantes y los puntas, le erró por mucho: Vallés es más parecido a un “marcador de punta” que a un “lateral”. Vallés es un 4 de los de antes, cuando el 4 marcaba al 11 y no hacía mucho más que eso. Le falta manejo y sentido de la oportunidad, dos atributos vitales para un “lateral con proyección” que cumpla la función que soñó Almirón. Villalba, por la izquierda, tiene estas características, pero recién tiene 19 años y la gente no le muestra mucha paciencia.

DESAHOGO. Al igual que Riaño, el Ruso Rodríguez hizo dos goles de penal. Mostró gran aplomo en momentos muy complicados. En el primero, había que empatar y en el segundo, rompió la paridad.

DESAHOGO. Al igual que Riaño, el Ruso Rodríguez hizo dos goles de penal. Mostró gran aplomo en momentos muy complicados. En el primero, había que empatar y en el segundo, rompió la paridad.

Independiente volvió al segundo tiempo con Pisano y Pizzini. Dos cambios cantados en el menú de Almirón, pero que, en realidad, son un canto al desequilibrio. El partido estaba 1-1 y no había necesidad de matar o morir. Había sí, una obligación de cambiar. Independiente había jugado muy mal el primer tiempo y no podía seguir tan estático y tan desordenado. Quilmes es un equipo limitado, pero ya se lo había hecho pagar con aquel gol de Sarmiento y con una llegada de Scifo cortada con un penal claro de Villalba que el árbitro Echenique no dio. Y en el segundo tiempo, daba la impresión de que en cuanto el mismo Sarmiento o Zacaría o Klusener o algún lateral cervecero encontrara el camino, el Ruso Rodríguez iba a sufrir.

Pero Independiente y Almirón tuvieron suerte. Pisano se despertó antes que Quilmes y provocó un penal. Y después, Pisano volvió a aparecer y entre Dulcich con un rebote corto y Riaño –de muy flojo primer tiempo por afuera y fructífero segundo como “9”– con oportunismo, pusieron una distancia de 3-1 entre el Rojo y Quilmes.

Pero como la “propuesta” es matar o morir, Independiente casi muere. Quilmes le empató. En el tercer gol de Quilmes, se vio más de “la idea”. Zacaría recibió la pelota en un rebote. La tenía dominada. Y ni así lo marcaron. Todos –todos– los defensores y volantes de Independiente se pusieron en la misma línea y salieron. Salieron corriendo hacia adelante y se olvidaron de la pelota. La pelota se la llevó Zacaría y definió de zurda al segundo palo. Es cierto que Almirón no les dice a sus jugadores “no marquen al que tiene la pelota, ustedes salgan”, Pero “la idea” habla de un obsesivo achique hacia adelante que provocará el offside del receptor. Pero Zacaría decidió seguir con la pelota, contrarrestar la jugada del offside con una profundización personal. Y le salió perfecto. Fue el 3-3.

Independiente logró el 4-3 pronto y eso lo puso a cubierto del miedo a la derrota que se apoderó del estadio en cuanto Quilmes empató. Pero inmediatamente después del “matar” de Riaño de chilena, llegó el “morir” en un mano a mano de Carli con el Ruso Rodríguez que el arquero rojo controló con menos problemas de los esperados. Y de ese “morir”, volvió al “matar” con la gran definición de Mancuello para el quinto gol.

El partido quedó en 5-3 para Independiente. El estadio fue un carnaval. La gente se abrazó y disfrutó de una victoria “como las de antes” de Independiente. El Rojo tiene muchas hazañas edificadas sobre la base del esfuerzo, la épica, una jugada o una situación adversa que revirtió. Este partido con Quilmes es un partido ordinario por la 7ma. fecha del campeonato, no tiene la connotación histórica de una final de Libertadores ni una final de torneo ganada con tres jugadores menos que el rival.

Pero me apoyo en palabras de un veterano socio del Rojo: “¿Sabés lo que sufrió esta gente con el descenso? Es la primera vez en mucho tiempo que agarrás el diario a la mañana y el equipo está donde estuvo toda la vida, entreverado con River, con Boca, con San Lorenzo, con Racing… Dejemos que festejen. Ya habrá tiempo de jugar mejor”.

La idea tiene defectos serios. Convierte al equipo en poco confiable, endeble, inseguro, vulnerable. Pero la idea, parece, también incluye amor propio y una entrega que hace rato no se veía en Independiente.

Ahora llega la prueba de fuego, el examen más exigente del momento. Hay que ir al Monumental a por River. Nunca fue fácil para Independiente ganar allí, ni siquiera con los grandes próceres. Ahora, en estos tiempos de reconstrucción, ganarle a River el clásico sería un empujón importantísimo para una paz interior que este club necesita como el agua.

Si uno piensa en dónde estaba Independiente y de qué estamos hablando hoy, casi que hay que pensar en que esto es un milagro.

 

4 comentarios

  1. andres insua

    Este analisis es simple , concreto y marca una realidad de independiente ppor suerte la taba cayo a nuestro favor y el equipo aparecera o desaparecera almiron .dos defectos claros y que bien describe el chavo es la de cortar al lanzador a tapar vs el 5 y en el primer gol ese es el fallo y bueno tula tira el offside como en el barrio .listo combo mortal hasta para quilmes .pero tambien hay que ver lo metedor que esta el equipo y en este futbol “fisico” eso rinde con un poco de futbol y la misma suerte el rojo le da pelea a cualquiera .gracias amigos esta bueno hablar de futbol fuera del circo

  2. Totalmente de acuerdo con lo que pensas, me gustaría agregar que el hincha/socio creció con un gusto con el que se identificó siempre. Podía ganar o perder, pero la cuestión era jugar bien. He estado en la cancha cuando perdios partidos con buen juego y la despedida al equipo era con las manos rojas de aplaudir.
    Cambiaron los tiempos y hoy casi que te obligan a gritar y alentar con el huevo huevo, creyendo que no hay otra alternativa. Éramos de dejar de ir a ver los partidos si el equipo no convencía, hoy ya no pasa.

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