LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO

(Capítulo extraído del libro “DUELO DE GUAPOS”, Ed. Distal/PPT, 2005, de mi autoría)

 

 

HAZAÑA. Celso Ayala ya le ganó en las alturas a la Tota Fabbri y clavará un cabezazo mortal para la mala salida de Sandro Guzmán. River consuma una de sus mayores proezas en Superclásicos. Estaba 0-3, lo empató y casi lo gana.

HAZAÑA. Celso Ayala ya le ganó en las alturas a la Tota Fabbri y clavará un cabezazo mortal para la mala salida de Sandro Guzmán. River consuma una de sus mayores proezas en Superclásicos. Estaba 0-3, lo empató y casi lo gana.

Carlos Salvador Bilardo y Boca naufragaron durante todo el Apertura ’96. Mauricio Macri lo sostuvo mientras pudo, ayudado, en parte, por los triunfos en el superclásico. Bilardo tuvo los dos del año en la Bombonera y ganó ambos. Aquél de los tres goles de Caniggia (4-1) y el del ya célebre nucazo de Hugo Romeo Guerra (3-2 sobre la hora) le dieron una buena mano. Pero no pudo afirmarse. Si bien se dice que “los Boca – River son partidos aparte”, lo real es que no son los únicos encuentros que ambos tienen en un torneo. El Boca de Bilardo fue un fracaso estruendoso. Se gastaron 18 millones de dólares a mediados del año anterior y Boca no fue campeón. Tampoco había dado la vuelta olímpica del Clausura ’96, cuando estaban Diego, Cani, el Kily González y la Brujita Verón.

Un partido contra Racing en Avellaneda volvió a ser el Waterloo del Narigón en el Apertura ’96, como lo había sido en el Clausura. Perdió 2-4 y quedó colgado del pincel. Ya no tenía sustento su continuidad. Dirigió por última vez a Boca el 6 de diciembre del año pasado y se despidió con una victoria 4 a 1 sobre Platense. Después, el torneo terminó con un interinato de Francisco Sá. Mientras Boca se sacaba de encima el torneo, Macri, Pompilio, Salvestrini y compañía comenzaron a desandar el camino de la sucesión de Bilardo.

No fue fácil. Al entrenador que eligieran, Boca le entregaba un plantel abatido, derrotado. Y con la chance de hacer sólo dos incorporaciones. El preferido del presidente era Miguel Angel Brindisi. Es más, se reunieron, charlaron, Miguel les presentó un proyecto, a los dirigentes les encantó y quedaron en responder. También le avisaron que, pese a que estaban de acuerdo en casi todos los puntos, iban a charlar con algún otro técnico. Pedro Pompilio, el vicepresidente, prefería a Héctor Rodolfo Veira. Osvaldo Salvestrini, el tesorero, picó bien arriba: eligió a Johan Cruyff.

EL DUQUE DEL DOCKE. Luigi Villalba define con maestría sobre la salida de Guzmán y el hostigamiento de Fabbri. Iba media hora del segundo tiempo y River se ponía 2-3. Lo bueno estaba por venir.

EL DUQUE DEL DOCKE. Luigi Villalba define con maestría sobre la salida de Guzmán y el hostigamiento de Fabbri. Iba media hora del segundo tiempo y River se ponía 2-3. Lo bueno estaba por venir.

Finalmente, el técnico designado fue el Bambino Veira. Brindisi fue atacado por Maradona desde los medios (“(…) A Miguel lo salvé cuando estaba hundido en un casino, por favor… Jamás aceptaría ser dirigido por él”) y, como si esto fuera poco, apareció la barra brava: “Nosotros queremos a Veira, Mauricio. Si traés a Miguel, apenas pierda los dos primeros partidos lo vamos a putear. Además, vos sabés que con el Bambino Diego se pone los cortos en tres meses. Pensalo bien…” Se ve que lo pensaron muy bien, porque el que firmó el contrato el 20 de diciembre de 1996 fue Veira.

Los dirigentes le dijeron que Caniggia iba a volver, pero no volvió. El que llegó fue Cristian Traverso, zaguero central originario de Argentinos Juniors y de excelente campaña en la Universidad de Chile. Las relaciones de Maradona y Macri no están bien, pero las de Diego con Veira son excelentes. El Bambino apuesta a su carisma para hacerlo regresar, pero Diego aún no está. Otro refuerzo fue el arquero de Rosario Central Roberto Abbondanzieri y regresó de su préstamo en los Canallas Rodolfo Martín Arruabarrena, un lateral de las inferiores que ya jugó con Menotti y de quien Veira exigió su inmediato regreso.

Que Boca haya quemado una de sus incorporaciones permitidas en un arquero tiene una explicación. Bilardo excluyó del plantel a Navarro Montoya, tras la derrota con Banfield (1-3) en el torneo anterior. El Mono se fue del club y, ahora, Boca tiene como arquero sólo a Sandro Guzmán. Arruabarrena regresó porque el Bambino tiene sólo a Pineda y no lo convence demasiado, más allá de alguna declaración pour la gallerie en donde dice lo contrario.

El Bambino suele contradecir con hechos lo que afirma con palabras. En uno de los primeros reportajes que dio apenas asumió en Boca, dijo que Hugo Romeo Guerra “es un muy buen punta. Nos ofrece la variante del cabezazo. Pocos jugadores en la Argentina cabecean tan bien como el uruguayo”. Todo muy lindo, pero en el Clausura ’97, Guerra volvió a Huracán. Sí, Guerra, Hugo Romeo Guerra, el uruguayo, el que hizo el gol con la nuca sobre la hora en el superclásico del partido anterior. En total, jugó para Boca 12 partidos y sólo metió cinco goles.

El Boca del Bambino Veira es irregular. Empezó bien, ganándole a Estudiantes 2 a 1 en la Bombonera. Pero después estuvo tres partidos sin ganar. Cayó en Santa Fe con Colón 0-1, igualó en casa con Lanús 1-1 y fue goleado por San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro 0-4. Esta caída fue motivo de replanteos serios. Por eso, el uruguayo Sergio Martínez fue titular en la jornada siguiente, la anterior a esta del partido con River. Y Manteca se despachó con los cuatro goles de la victoria sobre Huracán Corrientes 4-1 como local. Demás está decir que será titular en el Monumental. Desde la semana anterior, Vivas, Cagna y Pineda están con la Selección Argentina. Faltaron contra Huracán Corrientes y faltarán contra el archirrival.

Ahora es tiempo de pensar en River. Es el primer superclásico de Veira como entrenador de Boca. Dirigiendo a River, le fue muy bien contra Boca. Vamos a ver si del otro lado le pasa lo mismo.

 

MANTECA. El uruguayo Sergio Martínez arrancó para héroe. Acá festeja uno de sus dos goles. En el segundo tiempo, cuando River estaba con 10 por expulsión de Berizzo y Boca ganaba 3-1, se hizo echar tontamente. River tomó coraje y empató el partido.

MANTECA. El uruguayo Sergio Martínez arrancó para héroe y terminó como villano. Acá festeja uno de sus dos goles. En el segundo tiempo, cuando River estaba con 10 por expulsión de Berizzo y Boca ganaba 3-1, se hizo echar tontamente. River tomó coraje y empató el partido.

River está dulce. Es el último Campeón de América y también dio la vuelta olímpica en el Clausura ’96. A comienzos de año, transfirió a Ariel Ortega al Valencia de España en 12.500.000 dólares, dinero que representa, hasta el momento, un record absoluto. Ni siquiera Maradona fue transferido al Barcelona en tanta plata. Los dos refuerzos permitidos los utilizó en las llegadas de Roberto Trotta (zaguero central, capitán del Vélez multicampeón de Bianchi y de paso poco feliz por la Roma de Italia) y Hernán Maisterra, volante de Platense. La llegada de Maisterra fue producto de una pelea interna entre Ramón Díaz y un dirigente de la que nos ocuparemos un par de capítulos más adelante. Ahora dejemos que River disfrute de este presente.

Arrancó el Clausura ’97 como para ser campeón otra vez. Derrotó, al hilo, a Gimnasia de visitante (2-0), Unión en Núñez (4-0), Banfield en Peña y Arenales (2-0) y Huracán en casa (3-0). La Selección se llevó a Julio Cruz, Hernán Díaz y Juan Pablo Sorín. River no pudo tenerlos frente a Deportivo Español e igualó 1 a 1. La formación que el Pelado Díaz pone contra Boca es rara. Cruz, el punta que siempre acompaña a Francescoli, está en La Quiaca con la Selección, esperando el choque con Bolivia por las Eliminatorias y Salas fue llamado desde la Selección de Chile. Ramón había elegido a Medina Bello en el partido con Español, pero tiene una distensión y el médico desaconsejó su inclusión contra Boca. Y en la práctica del jueves 20, Gallardo se torció la rodilla y se le generó un problema de ligamentos. Entonces, con el clásico a la vuelta de la esquina, elige como reemplazantes a Marcelo Escudero y a Santiago Solari. La Bruja Berti estará un poco más delante de lo habitual, porque no es bueno que Enzo esté solo.

 

Los precios de las entradas para ver el espectáculo son altísimos. Tanto es así, que, pese a que en la mañana del domingo 23 de marzo de 1997 se llevaban recaudados 1.023.475 dólares, las entradas no están agotadas. A la hora del partido, hay cerca de 8.000 localidades para vender. Cuando el árbitro Javier Castrilli ingresa al campo, el estadio se presenta como casi siempre. River entra con Francescoli encabezando la fila con su habitual elegancia. El Indiecito Solari juguetea con una pelota, Berti pica y se frena, Altamirano hace algunas elongaciones. Se los ve con pilas para terminar la racha adversa. Boca entra un rato más tarde, con Fabbri a la cabeza. Después llegan los demás. Guzmán, Toresani, Riquelme, Peralta, Latorre, Cedrés, Manteca Martínez, Tito Pompei… La cabecera del Río de la Plata estalla en mil papelitos.

El partido presenta lo opuesto a lo que de ellos se dice. Lo hemos dicho en alguna parte de este libro, River se vanagloria de su fútbol pulcro, Boca está orgulloso de su garra. Sin embargo, el que juega como River dice que juega, es Boca. La pelota pasa de manera sutil por Raúl Peralta y Riquelme. Manejan los tiempos, crean un fútbol de alto vuelo. Arranca con un ritmo y una estética inesperadas. Incluso, hasta pasa inadvertida la lesión de Toresani al minuto y medio de juego y el posterior ingreso de Matellán.

El cuadro xeneize es el único que está a la altura de las circunstancias. Porque a lo que crean Riquelme y Peralta, se suma el criterio de Cedrés, la dinámica de Pompei, el atrevimiento de Latorre y el apetito goleador de Martínez. No extraña, entonces, que sòlo vayan seis minutos y Boca ya merezca un gol. Martínez recibe la pelota como wing derecho, después de cortar una cesión hacia atrás de Solari. Altamirano lo espera. Manteca ve que Cedrés está parado de centrodelantero y que Latorre se la pide corta. Elige a su compatriota. Le tira un centro perfecto. Para intentar darle de cabeza al arco, Cedrés está lejos. No le importa. Se tira de palomita antes de que lo cruce Lombardi. Hace el movimiento correcto para torcer el rumbo del pase que le dio Martínez. El cabezazo es perfecto, viaja con la potencia y la dirección suficientes como para alejarse del alcance de Bonano y encontrar descanso en el fondo del arco. Gana Boca 1 a 0, es infinitamente superior al rival. Parece rápido para hablar de esto, recién empezó el partido. Pero Boca ya estableció un patrón de juego.

Mientras tanto, River no hace pie. Atrás no marca bien y en el medio está desbordado. Francescoli, absolutamente absorbido por el estupendo partido que están haciendo los volantes y defensores de Boca, apenas aparece en un tiro libre cercano que se va a dos metros del poste derecho de Guzmán. Escudero, Solari y Berti fracasan en todos sus intentos, Astrada no da abasto para contener tanto fútbol de su adversario. Boca deja que River tenga la pelota, pero le impide todo, lo limita a algún tiro libre o centro que, hasta ahora, ganan los zagueros xeneizes.

Precisamente, River tiene un tiro libre en la posición de wing izquierdo, cuando recién van dieciocho minutos. Es ideal para que le pegue Francescoli, al arco o que meta un centro peligroso. Enzo hace un centro y lo rechaza Fabbri hacia la izquierda de la salida boquense. Allí recibe Cedrés. El uruguayo arranca con River muy mal parado. Por eso, tiene veinte o treinta metros para avanzar sin que nadie lo obstruya. Es más, cruza la mitad de la cancha y ve que están tres contra tres. O sea, Cedrés está acompañado por Latorre y Martínez y lo esperan Lombardi, Astrada (relevo de Celso Ayala y Berizzo, que están regresando) y Altamirano. A River le falta gente para defender. Boca tiene los que necesita para atacar. Cedrés cruza la pelota para Latorre y lo deja en un duelo personal con Altamirano. Latorre persigue la pelota un par de metros y la alcanza un poco antes de entrar al área. Altamirano, como en la jugada anterior, lo espera. Latorre encara, desborda y le da al arco, como hacían los wines de antes. Bonano achica, amortigua el disparo, pero no puede impedir que siga su camino. El regalo lo encuentra Martínez en la boca del arco. Obviamente, el goleador xeneize decreta el 2 a 0 con facilidad.

El baile sigue. Boca está lúcido, va 2 a 0 arriba y juega como si nada hubiese pasado. Esta actuación es, por lejos, la mejor de la Era Veira. Boca tiene todo lo que pregona el Bambino con esa manera tan particular que tiene para decir las cosas. El pibe Riquelme –a quien Bilardo hizo debutar en Primera el año pasado—es un deleite para la vista. Peralta sigue ganándole la pulseada al Negro Astrada. Y el resto está en la misma sintonía. Boca es lujoso y efectivo. River no es más que un espectro que deambula por el campo. Boca tiene fútbol para demolerlo en cuanto se acerque a Bonano.

Sólo seis minutos transcurrieron desde el segundo gol de Boca. Las cosas han cambiado. Ahora Boca tiene el control de la pelota, además de estar ganando por dos goles de ventaja. Hay tipos que se florean, como Latorre, Pompei, Cedrés y Riquelme. Cedrés, justamente, recibe la pelota de espaldas al arco millonario, después de que Traverso cortara un avance de River. Escudero pierde la paciencia y lo baja de atrás. Castrilli cobra el correspondiente foul. Pompei lo tira sobre el medio del área. Saltan Berizzo y Cedrés. Berizzo abraza a Cedrés. Castrilli está de frente y cobra penal. Está bien, fue foul. Leve, pero foul al fin. Pompei se encarga de la ejecución. Convierte el gol con categoría, abajo, al palo izquierdo de Bonano, que va de viaje al sector contrario. Pero no vale. Hay invasión de zona de Manteca Martínez, que recibe la tarjeta amarilla por eso. Pompei va de nuevo. Lo tira exactamente igual. Pero Bonano cambia y lo ataja. River respira. Es la primera señal positiva en una tarde que, hasta ahora, es nefasta.

Los hinchas millonarios mandan al equipo para adelante. Pero Boca lo contiene sin problemas, a River le falta fútbol. Van veintinueve minutos. Traverso sale a cortar una entrada de Francescoli cenrca de la mitad de la cancha. Gana y se la da a Cedrés, Cedrés a Matellán y Matellán se la devuelve a Cedrés. El uruguayo se la tira a Riquelme, que está en posición de lateral derecho. Román le da un pase de una precisión increíble a Latorre y Diego, en el mismo nivel, la abre a la derecha, donde está Cedrés como wing. Cedrés arranca sin oposición. Apenas hay una desesperada corrida de Berizzo que no alcanzará. Cedrés va cerrándose en cuanto entra al área. Levanta la cabeza, ve que lo acompaña Martínez. El uruguayo la toca al medio, Manteca resuelve la fantástica jugada con un derechazo fuerte. Es un golazo impresionante, que pone un resultado amplio, cuando sólo va media hora de partido. Pero es tan amplio como justo. El 3 a 0 es la exacta diferencia que hay hoy entre Boca y River.

El resto es igual. River sale a buscar algún camino que achique la distancia. Boca espera cómodamente recostado en su campo y sale de contraataque, aprovechando el desorden en el que está sumido el equipo de Ramón Díaz. Martínez tiene el cuarto, pero Celso Ayala se lo saca justo cuando iba a fusilar a Bonano. River ve la luz desde muy cerca, cuando Monserrat ubica a Berti sobre la izquierda y lo deja mano a mano con Guzmán. Berti la tira por arriba del travesaño, pero es un dato relevante. El lateral derecho de Boca lo protege Matellán, que es zurdo neto y la cancha le queda al revés. Es la primera vez que River junta el juego en la derecha y lo cambia a la izquierda. No fue gol sólo por una cuestión de puntería, pero consiguió poner a un delantero frente al arquero de Boca.

El primer tiempo pasa, Boca gana 3 a 0 con absoluta comodidad. Hasta los cuarenta y tres. Aquel dato de la entrada de Berti nos viene a la memoria ahora, en este instante, cuando Pompei cruza la pelota en una zona inadecuada. Se equivoca feo. Demoró la entrega y, cuando se decidió, la hizo con la pierna menos hábil, en campo de Boca y hacia al medio. El pase lo interrumpe Berizzo, en una corajeada que tiene su lugar quince o veinte metros dentro del campo xeneize. El Toto se la da a Francescoli y Enzo la abre para Berti. Y Berti encara a Matellán hacia el lado de la pierna derecha del lateral improvisado, tal cual había avisado algunos minutos antes. Gana después de un rebote y ahora no falla. Le pega fuerte sobre la salida de Guzmán y River logra el 1-3. Inmediatamente, Ramón Díaz le dice a Facundo Villalba, que está en el banco, que empiece a moverse. Es delantero, va a hacer falta para encarar lo que viene…

 

Villalba entra por Escudero. El Pelado Díaz modifica sustancialmente a River, desde la mitad de la cancha hacia adelante. Pero las cosas no son como parecen. River pierde cuatro pelotas en el primer minuto y medio del complemento. En la cuarta –mal pase de Solari que corta Peralta— Berizzo toma de la cintura a Latorre, cuando el delantero de Boca se iba derechito hacia Bonano. Castrilli no lo perdona. Le muestra la amarilla y, como estaba amonestado, se tiene que ir expulsado. El panorama de River es desolador. Está 1-3 y con diez jugadores.

Boca tiene todo controlado, como en la primera mitad. Fabbri se pierde un gol increíble a dos metros del arco, Latorre tira afuera dos pelotas imposibles, con Bonano como único obstáculo, Cedrés desperdicia una ocasión clarita, Bonano le tapa un mano a mano a Martínez… Boca la tiene muy fácil. Pero no hace los goles y, mientras esto suceda, River tendrá vida. Un cuarto gol de Boca cerraría el partido para su rival y abriría el camino para una goleada de características inéditas.

El Pipa Gancedo reemplaza a Astrada a los veintidós minutos. El Jefe está cansado, Gancedo puede darle más dinámica y, además, tiene una mayor llegada al área rival. El problema es que River va perdiendo, tiene uno menos, y no muestra signos de cambiar la historia. Ni siquiera tiene con qué pelearla, no genera situaciones. Recién a los veinticuatro, Villalba logra cabecear desde buena posición y Guzmán tira al corner una pelota que se iba sola. Pero no hace mucho más. Boca es el que desperdicia ocasiones, una detrás de otra. Nosotros mencionamos las que terminaron con un remate al arco. Pero hay muchas en que llegan hasta el área, se ponen a tocar y no definen.

Martínez se va por la izquierda, aunque adelanta la pelota y no va a llegar. Salvo que la toque con la mano. Es lo que hace. Castrilli lo amonesta. Y como Manteca recibió la amarilla por la invasión de zona en el penal que atajó Bonano, se va expulsado. Ahora están los dos con diez, pero Manteca era el candidato principal a meter el cuarto gol de Boca. Quedan Latorre, Cedrés, Riquelme, pero el definidor es Martínez. Y ya no está. Esto, sumado a que Guzmán le tapa un remate a boca de jarro a Francescoli, hacen pensar que el tiempo de Boca pasó. Es arriesgado creer esto, también lo pensamos cuando hizo el gol Berti y después Boca siguió siendo infinitamente mejor. Pero, en aquél momento, a Boca no le faltaba su goleador.

Cerca de la media hora del segundo tiempo, Boca ya no ejerce la superioridad de antaño. River empuja, pero tiene más la pelota gracias a Gancedo. Salió del lío en el que estaba metido. Todavía le falta precisión, porque Solari y Francescoli no tienen la mejor tardecita de sus vidas profesionales, pero Gancedo le da mejor circulación, Villalba preocupa más que lo que lo hicieron Enzo y Berti en la primera mitad del partido. Y Boca comienza a cometer algunos errores.

Los dos cambios de Ramón Díaz parecen funcionar. Cedrés intenta un pase a Latorre, pero lo corta Gancedo. Es un serio error de Cedrés, perdió la pelota cuando todo su equipo estaba saliendo. Gancedo, inmediatamente, saca un preciso pase a Villalba, justo entre Traverso y Fabbri. Villalba queda sólo con Guzmán. El arquero le sale abajo, a la puerta del área. El delantero millonario define con un toque sutil por encima del cuerpo de Guzmán. La pelota viaja suavemente al arco. Fabbri la corre, no llega. River 2, Boca 3. El partido es fantástico. Y lo que pasará de aquí en más, nadie lo sabe. Era totalmente de Boca. Ahora, River se puso a un gol de distancia. Faltan quince minutos.

Veira pone a Rambert por Latorre. Rambert es veloz, propicio para el contraataque. Boca se retrasa. Matellán termina con un avance de River y sale con Riquelme. Román le pone una pelota admirable a Rambert. El dibujo de Veira está en su máxima expresión. Rambert queda solo con Ayala y le gana en velocidad. Bonano sale apurado, Rambert le da de zurda al gol… pero no es gol, la pelota se va pegada al palo derecho del arquero millonario. Bonano hace el saque de arco hacia la derecha. Allí recibe Solari. El Indiecito se la da a Monserrat y el volante derecho pone un centro al medio del área. Villalba se tira en palomita, se anticipa al cierre de Matellán y la pelota da en el travesaño. Así es el partido. Casi lo liquida Boca, casi lo empata River.

Ahora va Boca, a tres minutos del final. Rambert queda otra vez solo contra uno de River en el área millonaria. El que lo marca es Maisterra, reemplazante de Lombardi. Maisterra se la pellizca, pero no impide que Rambert se la pase a Cedrés. El uruguayo resuelve mal y la pelota la recibe Bonano. El arquero saca largo, al campo de Boca. Saltan Traverso y Francescoli. Gana el de Boca, pero le cae a Gancedo. El Pipa abre para Monserrat. Monserrat se mete al área pasando entreFabbri y Guzmán y saca un remate cruzado que Guzmán apenas puede mandar al corner. Monserrat se toma la pierna, como si ese tiro al arco le hubiese provocado un desgarro. Van cuarenta y dos del segundo tiempo.

El corner lo tira Berti. La pelota viaja en medio de un silencio tenso del estadio. Guzmán sale a cortar. Por el camino decide que no, que mejor se queda. Esa duda es fatal. Celso Ayala va arriba con Fabbri. Lo supera claramente. Mete un frentazo potentísimo que se clava al lado del palo izquierdo de Guzmán. El grito de River es eterno, inolvidable. Este partido entró en la historia. La levantada de River, este empate, es más dulce que alguna victoria que haya conseguido alguna vez. Estaba 0-3 y ahora está 3-3. Veira ya no da indicaciones, los hinchas de Boca se llaman a silencio. El carnaval cambió de sitio, es el tiempo de miles y miles de banderas blancas y rojas que se agitan sin parar.

FESTEJO LOCO. Celso Ayala revolea su camiseta,  Maisterra abre sus brazos, Solari llega para sumarse. River acaba de empatar por un cabezazo increíble del defensor paraguayo.

FESTEJO LOCO. Celso Ayala revolea su camiseta, Maisterra abre sus brazos, Solari llega para sumarse. River acaba de empatar por un cabezazo increíble del defensor paraguayo.

Pero esto no termina todavía. Hay tiempo para una locura de Cedrés, que le da un codazo a Villalba que ve todo el estadio y también el árbitro. Cedrés es expulsado con total razón. Boca queda con nueve. Castrilli dice que se van a  jugar cuatro minutos más. River piensa en la hazaña completa. Tiene un jugador más, se tira a ganar el clásico. Y así como la mayor parte del trámite fue un calvario para River, estos minutos finales lo son para Boca. Solari mete un centro que Guzmán no alcanza a cortar, Villalba llega por el segundo palo a definir y Arruabarrena la saca de chilena en la línea. El peloteo no termina. Monserrat le da al arco, se cruza Fabbri, Solari remata el rebote, pega en Matellán. Le queda otra vez a Monserrat. Tira un nuevo centro, cabecea Francescoli y la pelota se va apenas. Boca pide la hora. River quiere que se juegue hasta mañana.

No salen del área de Boca. River provoca dos tiros de esquina seguidos. El segundo lo ejecuta Solari. El centro llega al borde del área chica. Esta vez, Guzmán decide salir. Pero le da un puñetazo deficiente y la deja “ahí”. “Ahí” está Gancedo, zurdo de origen. Le da de derecha al gol. La pelota se va apenas por arriba. Ahora es River el que pierde el triunfo. Ya van tres situaciones claras después del empate y no pudo meter ninguna.

Y no las meterá más. El partido se acabó.

 

Los hinchas de Boca se fueron pensando que jamás tendrán otra oportunidad de golear a River como ésta. No es para tanto, la historia demuestra que siempre hay una chance más. Y los de River se van gritando el empate como una victoria inolvidable. Porque era la más grande humillación y la revirtió con un coraje que, sobre todo en estos tiempos, sólo se le reconoce a Boca.

Y si uno está en un país lejano y quiere mostrar cómo es el fútbol en la Argentina, seguramente este partido que acaban de jugar River y Boca deberá exhibido como la muestra más acabada de lo que el fútbol de estas tierras puede entregar a través de sus dos más grandes exponentes.

 

RIVER 3 – BOCA 3

Partido correspondiente a la 6ª fecha del Torneo Clausura ’97, jugado el 23 de marzo de 1997 en el estadio de River Plate, con 1.084.250 pesos de recaudación.

 

RIVER: Bonano; Lombardi (26’ ST Maisterra), Celso Rafael Ayala, Berizzo, Altamirano; Monserrat, Astrada (20’ ST Gancedo), Marcelo Alejandro Escudero (ST, al inicio, Villalba), Berti, Santiago Hernán Solari; Francescoli. SUPLENTES: Burgos y Trotta. DT: Ramón Angel Díaz.

BOCA: Sandro Daniel Guzmán; Toresani (4’ PT Matellán), Traverso, Fabbri, Arruabarrena; Riquelme, Raúl Alejandro Peralta, Pompei (43’ ST Giunta), Cedrés; Sergio Daniel Martínez y Latorre (35’ ST Rambert). SUPLENTES: Abbondanzieri y Pedro Enrique González. DT: Héctor Rodolfo Veira.

 

GOLES: 6’ PT Cedrés; 18’ PT y 29’ PT Martínez; 43’ PT Berti; 30’ ST Villalba; 42’ ST Celso Rafael Ayala.

EXPULSADOS: 2’ ST Berizzo; 24’ ST Martínez; 41’ ST Cedrés.

INCIDENCIA: 25’ PT Bonano le atajó un penal a Pompei.

ARBITRO: Javier Alberto Castrilli.

 

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