LA VIDA POR LOS COLORES (en serio)

JACOBO URSO. Prócer absoluto de San Lorenzo. Entregó la vida por los colores del Ciclón. Homenaje a su inmortalidad.

JACOBO URSO. Prócer absoluto de San Lorenzo. Entregó la vida por los colores del Ciclón. Homenaje a su inmortalidad.

 

Jacobo Urso se llamaba el padre, también. La mamá era Rosa Florio. Jacobo Urso, el pibe –nunca dejó de ser un pibe– nació en la ciudad de Dolores, nombre premotorio de lo que pasaría más adelante. Llegó a este mundo el 7 de abril de 1899 y se integró a un hogar multitudinario. Eran 12 hermanos más papá Jacobo y mamá Rosa.
Jacobo, el pibe que nunca dejó de ser un pibe, llegó a la sexta de San Lorenzo en 1914. Jugaba de half izquierdo. Hoy sería un lateral de ese costado. Era crack. Pasó de la sexta a la tercera en menos de un año.
Urso tuvo dos privilegios enormes, vinculados con San Lorenzo de Almagro:
– Integró el equipo que estrenó el estadio de Avenida La Plata. Fue victoria ante Estudiantes de La Plata 2-1 el 7 de mayo de 1916. José Coll; José del Campo y Alberto Coll; Juan Saccardo, Federico Monti y Jacobo Urso; Alfredo Etchegaray, Elisardo Fernández, Eugenio Moggio, Cayetano Urio y Luis Gianella.
– Fue el primer jugador de San Lorenzo que integró la Selección Argentina. Jugó su único partido con la Celeste y Blanca el 24 de agosto de 1919. Fue contra Uruguay en el Parque Pereira (hoy Parque Batlle) de Montevideo y Argentina perdió 1-2.

CICLÓN. Jacobo Urso es el primero de la fila de los que están de pie, a la izquierda. Esta es una formación de 1917.

CICLÓN. Jacobo Urso es el primero de la fila de los que están de pie, a la izquierda. Esta es una formación de 1917.


Jacobo Urso amaba a San Lorenzo. Fue a jugar contra Estudiantes de Buenos Aires en la cancha del club Palermo. Era el 30 de julio de 1922, se jugaba la 13° fecha del torneo anual de Asociación Amateurs. Jacobo fue a disputar la pelota contra dos adversarios, Commoli y Van Kammenade. El choque fue uno de esos que se sienten en cada rincón del estadio.
Urso empezó a escupir sangre, pero quiso seguir jugando. De hecho, tiró un centro que terminó en gol y quedó tendido en el piso, desmayado. De ahí, lo llevaron directo al Hospital Ramos Mejía. Murió el 6 de agosto de 1922, con apenas 23 años. El choque contra esos dos rivales le provocó la fracturas de dos costillas y una de ellas le atravesó un riñón. Lo operaron dos veces y no pudieron salvarlo.

El cortejo fúnebre de Jacobo Urso fue uno de los más emotivos que recuerden las crónicas de época. 7.000 personas acompañaron el trayecto hasta el entonces Cementerio del Oeste (hoy Chacarita). La caravana del dolor pasó por el Gasómetro que el propio Jacobo ayudó a inaugurar y disfrutar.
Sus cenizas, hoy, descansan en su estatua, en el Museo de San Lorenzo.
Jacobo Urso, el pibe que nunca dejó de ser pibe, dio la vida por sus colores. De verdad.

 

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