MESSI ABANDONÓ AL EQUIPO

 

Para los tipos de mi generación, el amor por Messi es algo que vemos con cariño cuando tenemos hijos menores de 25 años, pero nos es ajeno, lo vemos desde afuera. Los triunfos y las hazañas de Messi nos quedan a 10.000 km de distancia, son «del Barcelona». Los pibes hacen cuentas y saben sobre sus récords, eligen al Barça en la Play Station, el Messi de la Play los gambetea a todos y mete goles geniales. El Messi de verdad también, aunque más con la camiseta azulgrana «de allá» que con nuestra Celeste y Blanca. Y este punto no nos es ajeno. Muchos argentinos –varios de ellos, colegas respetables– que se fueron a vivir a España en algún momento también lo aman, porque Messi les hace sentir orgullo de ser argentinos, como si eso fuera lo que estuviera en juego. Se los entiende. Maradona, en el 86, mi primer Mundial, también me hizo sentir orgullo de ser argentino.

Después entramos en otra cosa. Ni siquiera los periodistas catalanes que jamás ven jugar mal al Barcelona o creen que Messi entra a una cabina telefónica con lentes y traje y sale con capa y volando, conocen lo que hay detrás de las altas paredes de la mansión de Castelldefels. En la Argentina, se cree que escondiéndole sus ausencias en partidos clave de la Selección o revolear su historia personal (que es cierta y conmovedora) por el aire para tapar estos baches emocionales con la camiseta nacional le hacen un favor. Y no es así. Lo único que consigue eso es que nosotros, los que somos de una generación anterior a Messi y sus compañeros –a quienes respeto enormemente, empezando por Javier Mascherano– veamos a Maradona cada vez mas grande. Partidos como el que Messi acaba de jugar contra Croacia son los que hacen que Diego sea cada vez mas gigante.

Messi puede jugar mal, es humano. Maradona, antes del 86, también tuvo partidos malos. Incluso, jugó mal los partidos inaugurales del 82 y 90, en el 94 cometió un error grave que nos quitó la ilusión. Pero nunca dejó solo al equipo. Y Messi, hoy, nos dejó solos. Porque a Messi le exijo como a Diego porque se lo compara con Diego, porque para los pibes y muchos periodistas está a la misma altura. Porque hay colegas que lloran emocionados cuando Leo gana la Champions con el Barcelona. A los de mi generación no nos interesa quien gana la Champions, mas allá de que la veamos con avidez y disfrutamos del gran espectáculo del fútbol. A todos nos gusta la Champions, nos gusta Iniesta, nos gustaba Xavi, respetamos y leemos y escuchamos a Guardiola, nos encanta ver al Manchester City y nos encantaba ver a su Barcelona.

Pero eso no nos genera amor por Messi. Eso nos genera admiración, que es bien diferente al amor y a la identificación. En su duelo personal con Cristiano Ronaldo, hincho para Messi, pero no me va ni me viene si CR7 gana el Balón de Oro. Si lo gana Messi, tampoco. Veo la ceremonia casi como obligación profesional, me divierte, se termina y cambio de canal. Si lo gana Messi o Cristiano, repito, me da igual. ¿Si prefiero que lo gane Messi? Si. Messi es argentino igual que yo, no tengo otro motivo.

 

Cristiano hizo 4 goles en 2 partidos. Messi no hizo ninguno y falló un penal. Cristiano, como compañeros mas o menos potables, tiene al arquero y a los dos centrales. Acaso Joao Moutinho sea de un nivel parecido a lo que necesita CR7 como compañero de aventuras. Messi tiene a Agüero, Mascherano, Higuaín, Otamendi, Di Maria, Enzo Perez, Meza, Pavón, Dybala, Lo Celso. Messi no está solo. Messi tiene mejores compañeros de los que tiene Cristiano. Es posible que Cristiano crea en el entrenador que tiene como Messi, claramente, no cree en Sampaoli. Es posible que Sampaoli no haya sido lo suficientemente apto como entrenador de una Selección de elite –Argentina lo es, aun en las malas– y Messi se dio cuenta enseguida. Incluso, es posible que Messi crea con derecho a creer que la linea de 5 es una mierda y que hay que jugar con la puta linea de 4 y, entonces, haya bajado la cabeza y haya dicho «me chupa un huevo todo lo que pase». No lo se. A veces, los pensamientos de Messi son muy intrincados. Es muy probable que los de Sampaoli lo sean aún más. Pero acá, por hoy, el tema es Messi. Esperaba un gesto de grandeza, esperaba que saltara por encima de su descrédito del entrenador, esperaba que venciera el malhumor que le generaba la linea de 5, esperaba que se acercara a los pibes de la Superliga Argentina que terminaron haciéndose cargo de un equipo sin rumbo.

Messi sigue siendo el mejor jugador del mundo. Sus jugadas, sus récords, sus tiernas fotos familiares, el marido perfecto, el padre que quiere ser normal, su bella esposa, son elementos con los que sus difusores pagos y gratuitos, nos tiran por la cabeza todos los santos días de nuestras vidas.

Muchos de nosotros sólo queríamos que nos sacara del pantano y, una vez mas, no solo no lo hizo, sino que se metió en él.  Nos van a contar mil historias en donde él es la víctima y los demás, inútiles que merecen la horca. Tal vez sea injusto pedirle que aunque sea una sola de sus miles de hazañas españolas fuera argentina. Porque es un pibe que tuvo que irse, porque se inyectaba solito lo que necesitaba para poder jugar al futbol y porque, al fin y al cabo, es humano. Pero es el mejor del mundo, nos dicen todos los días. Y el mejor del mundo tiene exigencias de mejor del mundo.

No puedo dejar de pensar en Messi. No puedo mas que admirar su curriculum y sus lejanas hazañas y sus historias con Guardiola y leer sobre su amistad con Iniesta. Lo que nunca lograré es amarlo. Jamás me conmoverá, nunca algo de lo que emane de él me generará emoción, salvo que se embarre con los nuestros o que no ponga su encono con el entrenador por encima de todo. Porque en ese todo, está el equipo, los amigos, el barrio, los pibes argentinos que llenan los porteros con la 10 Celeste y Blanca. Está la Selección Argentina. Sus epopeyas en Barcelona son geniales, pero no me importan, me son ajenas, me quedan a 10.000 km, son solamente el jueguito de mis hijos.

Hoy Messi nos abandonó y me duele, me cuesta pensar en otra cosa.

 

1 comentario

  1. Tomás

    Impecable Chavo.. coincido casi totalmente. Me la venía bancamos bien, con malhumor, pero bien, hasta que vi la imagen de Diego llorando….eso me mató.
    Diego (hablo del Diego futbolista, solamente) es lo más grande q vi y disfruté con la de BOCA y la 10 de Selección, los huevos, la garra q tenía…nunca nos abandonó.
    Mucha tristeza… Los argentinos nos acabamos de perder una de las mejores generaciones de futbolistas q tuvimos.
    Mucha tristeza.
    Gracias Chavo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *