RACING SE HIZO FUERTE A LOS GOLPES

CAPITANES. La generosidad de Sebastián Saja a comienzos de ciclo, entregándole la capitanía a Diego Milito, es una declaración de principios de ambos. Milito fue líder dentro y fuera, Saja fue su principal sostén. Acá comenzó Racing a ganar el título.

CAPITANES. La generosidad de Sebastián Saja a comienzos de ciclo, entregándole la capitanía a Diego Milito, es una declaración de principios de ambos. Milito fue líder dentro y fuera, Saja fue su principal sostén. Acá comenzó Racing a ganar el título.

Sería muy fácil hacer la apología de Diego Milito y explicar a través de él todo lo que hizo Racing para llegar a ser el Campeón. Es cierto que Milito regresó a la Academia como nos gusta que vuelvan los futbolistas de larga y exitosa carrera en Europa. Diego volvió porque quiso, volvió pleno, sabio, lúcido y entero. También es real que fue decisivo en esta campaña de Racing. Si uno repasa algunos resultados de la Academia –incluso el del discutido clásico de Avellaneda– notará que la mayor parte de los partidos en los que Racing no ganó faltó Milito.

Pero no es lo único. Hubo una serie de hitos que fueron encadenándose para que Racing esté dando una nueva vuelta olímpica. Hay un primer acto de generosidad que es el de Sebastián Saja, insólitamente cuestionado alguna vez por parte de la gente y por una porción de la dirigencia. Entregó la cinta de capitán y las riendas del grupo a Diego Milito, sin poner un solo reparo. Seguramente, alguien pensará que esto es obvio o moneda corriente, pero no lo es. El fútbol profesional –como muchas otras actividades de gran exposición– es una batalla de egos que pocas veces muestra signos de generosidad o de cesión de primer plano. Saja es inteligente. Sabía que El Príncipe venía a ocupar el lugar privilegiado de líder. Y este salto de calidad –verdadero salto de calidad– obligaba a Racing a ser campeón. O, al menos, a intentarlo.

Por otra parte, había llegado Diego Cocca, con antecedentes de campeón de la B Nacional con Defensa y Justicia, pero también uno de los responsables futbolísticos del último descenso de Gimnasia. Es representado por Cristian Bragarnik, un agente de futbolistas y entrenadores que, además, es una especie de Director Deportivo de Defensa y Justicia y tiene gran influencia en las decisiones de los dirigentes de Godoy Cruz. Cocca es un pibe de discurso sencillo, entrador, de poca elaboración, pero que penetra en el futbolero medio y en la parte más influyente de la prensa con llamativa facilidad. Como Cocca es muy inteligente –ya veremos cómo Racing llegó a depender de sí mismo para ser campeón– y les da lo que ellos quieren escuchar, obvian el asunto de los intereses cruzados.

Hay un par de mojones en esta historia. El mundo del fútbol suele tener muchas pésimas costumbres, muchos lugares comunes instalados que son muy difíciles de desterrar, sobre todo desde la proliferación de algunos ex jugadores en los medios. Uno de ellos es recordar opiniones en otra coyuntura y otro contexto cuando la coyuntura y el contexto cambia. No es lo mismo Cocca y Racing hoy que en Septiembre. De allí hasta acá, Racing modificó todo. Modificó la formación del equipo, el espíritu, el plantel (recordar que Cocca desafectó a Villar) y, sobre todo, su manera de jugar.

En la fiebre compradora de Racing de comienzos de temporada, llegó Ezequiel Videla, un volante central con una carrera previa curiosa y despareja, pero que tuvo buenas actuaciones en el Instituto de Darío Franco que compitió con River por el ascenso en 2011/2012 y de paso irregular por la Universidad de Chile, también con Franco. Videla es, esencialmente, un “5” de esos que hacen lo que hacian los “5” de antes: se la saca al rival y se la da a un compañero. Es ordenado, siempre está bien parado, en posición ventajosa o, al menos, pareja con el rival que trae la pelota, Se mete entre los centrales cuando el rival complica, sale jugando siempre, va al piso con timming y sólo cuando es necesario. Cocca lo puso en la segunda fecha, contra San Lorenzo, cuando Racing ganó 2-0 y generó sus primeros gritos de ilusión. En ese momento, Cocca apeló a un doble cinco con Videla y Acevedo, un jugador que conocía de Defensa y Justicia y al que pensó con una titularidad que el futbolista no pudo sostener en el tiempo por razones que también encontrarán alguna explicación más adelante.

EL 5. Ezequiel Videla es la tercera pata. Uno piensa en Milito y Saja, pero el tercero es claramente el volante central. Se la saca a los rivales y se la da a los compañeros. Siempre está donde debe. La solidez que tiene el equipo se la debe a Videla.

EL 5. Ezequiel Videla es la tercera pata. Uno piensa en Milito y Saja, pero el tercero es claramente el volante central. Se la saca a los rivales y se la da a los compañeros. Siempre está donde debe. La solidez que tiene el equipo se la debe a Videla.

Racing recibió un duro cachetazo en un 0-4 con Tigre. En el juego, la diferencia no fue tal, pero, como se sabe, muchos de los que se rasgan las vestiduras pidiendo que hablemos del “juego”, siempre hocican diciendo “se comieron 4″. Repasando la formación de aquel equipo, nos encontramos con varios apellidos diferentes al que Cocca afirmó después del mini partido contra Boca, el punto inicial de todo lo bueno que la Academia hizo posteriormente. En ese partido con Tigre, jugaron Marcos Acuña, Acevedo y Castillón, tres adquisiciones de la Academia que quedaron por el camino (al menos sin titularidad) cuando el técnico decidió que Racing fuera más rocoso, más serio, más sólido.

Esta caída con Tigre fue el 22 de agosto. Después de esto, hubo una victoria sobre Arsenal y dos derrotas dolorosas: la primera fue con Independiente. En este partido también pasó algo que, en el momento dolió casi como perder, pero hoy sirve para entender mejor la influencia y el nivel de Diego Milito. Cuando el 22 académico estuvo en la cancha, Racing ganaba 1-0, Diego había metido el gol, se había besado el escudo celeste y blanco en campo enemigo y, según marcaba el trámite, estaba llevando a Racing a una victoria estupenda e histórica (no gana en la cancha del Rojo desde 2001). Pero, de pronto, a Racing le pasó todo junto y en las dos estuvo Milito. En la primera, le cobraron un foul que no hizo y de ese tiro libre llegó el empate rojo. Después, cuando Independiente ya a ganaba 2-1, El Príncipe se desgarró y tuvo que abandonar el partido. Racing perdió una vez más con su vecino y Cocca quedó condenado por aquella frase passarelliana de “prefiero perder el clásico y pelear el campeonato”. Hoy se la recuerdan a favor, pero para el DT fue un calvario durante un largo lapso. Era una frase tan lógica como fácil de entender, pero el mundo del fútbol no está preparado para escuchar a un tipo que razona. Y hasta le colgaron una bandera.

Como dato, por ahora anecdótico, en ese partido con Independiente el reemplazante de Diego fue Gustavo Bou. La llegada del ex River y Olimpo fue muy discutida porque, para hacerle un lugar, Racing dio a préstamo a dos pibes del club y porque Bou es representado por el ya mencionado Bragarnik. Pero, más allá de estas cuestiones éticas discutibles aún en el éxtasis de un logro tan ansiado, el paso de Bou por Racing iría convirtiéndose en determinante con el tiempo. En ese partido con Independiente, Bou jugó muy mal, como todo Racing. Es cierto que el árbitro Rapallini cometió muchos errores, pero no se registra un tiro al arco de la Academia en todo el segundo tiempo. Y volvió a caer en el clásico de Avellaneda. No era el mejor presagio.

ABSURDO. Cocca repitió una frase que Passarella (el DT que lo hizo debutar en la primera de River) decía cuando River perdía con Boca: "Prefiero perder el clásico y pelear el campeonato". Lo mataron de todas partes y hasta le colgaron esta bandera... Aún en el triunfo, Racing tiene mucha política interna. Y el hincha poca capacidad de comprensión.

ABSURDO. Cocca repitió una frase que Passarella (el DT que lo hizo debutar en la primera de River) decía cuando River perdía con Boca: “Prefiero perder el clásico y pelear el campeonato”. Lo mataron de todas partes y hasta le colgaron esta bandera… Aún en el triunfo, Racing tiene mucha política interna. Y el hincha común, poca capacidad de comprensión.

En esta nueva historia de Racing hubo dos momentos culminantes, en los que los papeles parecían quemarse definitivamente. Hubo uno, el primero de ellos, en el que, de hecho, los papeles se quemaron. Fue en la derrota – eliminación de la Copa Argentina, ante Argentinos Juniors. Riquelme hizo un golazo, Racing perdió 0-1 y Cocca se desahogó en el vestuario.

Después de este monólogo –fortísimo, sentido, toda una declaración de principios– Cocca discutió duro con Villar y el futbolista fue desafectado inmediatamente del plantel. Como es representado por el inefable Bragarnik, Villar fue a Defensa y Justicia. Todo quedó en familia. Pero Villar no pisó más Racing. Fue una jugada heroica del DT. Todos pensamos que la relación con el grupo no tenía retorno. Había puesto sobre la mesa y a la consideración pública temas que en el fútbol no suelen conocer la superficie. Sin embargo, los referentes del plantel actuaron con inteligencia y, la verdad, uno siempre aspira a que el mundo sea de los inteligentes. O, al menos, que a los inteligentes les pasen buenas cosas. Diego Milito y el Chino Saja respaldaron a Cocca. Algo de lo que el técnico venía haciendo les gustaba a los principales jugadores. Videla lo había elogiado en una nota que le hicimos en  Fox Sports: “Cocca trabaja muy bien. Cada uno que entra sabe lo que tiene que hacer, el equipo está buscando una identidad definida”.

Cuatro días antes de que Cocca explotara post derrota con Argentinos (14 de septiembre), Racing enfrentó a Boca en la Bombonera . Perdía 0-1 cuando el árbitro Beligoy suspendió el partido por el agua que estaba cayendo y por lo inundado que estaba el campo de Boca. Ni siquiera debió haber empezado. Pero empezó, se equivocó el pibe Cabral y Calleri hizo el gol. Fue un tramo terrible para Racing: perdió con Independiente, con Lanús (no mereció, Andrés Merlos lo perjudicó), empató con Newell’s un partido que mereció ganar, perdió con Argentinos y estaba perdiendo el parcial con Boca. Hubo banderas contra Cocca y Saja. Milito seguía lesionado. Bou había metido el gol del empate contra Newell’s, pero aún lo miraban con recelo.

Más allá de que con Lanús y Newell’s Racing había hecho méritos para algo más de lo que obtuvo, el resultado ocurrió por algo y ese algo fue lo que Cocca trató de leer en los tres días que separaron al empate con Newell’s de la continuación del partido con Boca. El técnico sabía perfectamente que su cabeza estaba en juego. Todos lo sabíamos. Los referentes lo apoyaban, ya está dicho y estaba claro. La cosecha de un punto sobre seis parecía decir lo contrario, pero el juego del equipo no. Había mejorado. Pero el técnico entendió que no lo suficiente como para ganar. Una vez más, cito la inteligencia de Cocca. Él sabe que el “jugamos bien y perdimos” tiene patas cortas. Puede pasar una, dos, tres veces. No siempre.

COCCA. En un momento de mucha angustia, el Dt pateó el tablero e hizo cirugía mayor. El "jugamos bien y perdemos" no lo convenció. Siempre supo que tenía jugadores para ganar el torneo. Ahora está en los umbrales. Hizo un gran trabajo.

COCCA. En un momento de mucha angustia, el Dt pateó el tablero e hizo cirugía mayor. El “jugamos bien y perdemos” no lo convenció. Siempre supo que tenía jugadores para ganar el torneo. Ahora está en los umbrales. Hizo un gran trabajo.

 

Ahora Racing tenía 33 minutos para ganar un mini partido que iba perdiendo en la Bombonera, sitio en el que tiene algunas victorias inolvidables (1-0 gol de Galarza con Maradona de técnico en el 94, el 6-4 del 95), pero pocas. No era el mejor escenario para una hazaña. Cocca cambió en este partido. Hizo el planteo correcto. Abandonó el discurso maniqueo y logró respuestas, individuales y colectivas. Recuperó a Milito y le dio a Bou la compañía que le faltaba. En el medio, rodeó a Videla con Acuña (el día de la suspensión había jugado Gastón Díaz), Aued y el pibe Oroz (Centurión estaba suspendido) y allá fue. A los cinco minutos lo empató, con la fórmula Milito – Bou. Y a los 15, con otro centro de Acuña, Bou empezó su serie triunfal dándole a Racing el resultado que necesitaba como el agua. Pero, más que eso, esta victoria en la Boca fue la piedra basal para lo que vino después. Es difícil hacer especulaciones en el fútbol, pero es probable que sin esta victoria de la Bombonera ocurriera todo lo que ocurrió después. Fue fundacional por la vuelta de Milito, por la sociedad Milito – Bou, por la aparición definitiva de Aued entre los once titulares, porque el equipo tuvo una solidez que, de ahí en más, no abandonó.

SOCIEDAD. Bou y Milito (22) festejan en la Bombonera. Fue la "refundación" de Racing en el torneo. Obtuvo el resultado que necesitaba, pero, ante todo, cambió el funcionamiento por otro menos lucido pero más compacto, más sólido, más serio. Ese cambio lo llevó a la cima.

SOCIEDAD. Bou y Milito (22) festejan en la Bombonera. Fue la “refundación” de Racing en el torneo. Obtuvo el resultado que necesitaba, pero, ante todo, cambió el funcionamiento por otro menos lucido pero más compacto, más sólido, más serio. Ese cambio lo llevó a la cima.

De ahí en más, todo lo que vino fue ganancia, salvo una inesperada derrota con Atlético de Rafaela 0-2 en Avellaneda y un empate raro con Olimpo 1-1. Pero le ganó a Belgrano 4-1 en Córdoba, 4-0 a Estudiantes en La Plata, y, de los últimos 9 partidos, sólo recibió ese gol de Olimpo. Es cierto que Saja tuvo atajadas memorables y hasta detuvo un penal, pero le llegan muy poco. No se puede explicar todo a través de los números, pero tampoco hay que prescindir de ellos. El razonamiento es el mismo que el de antes de Boca. Había empatado y perdido dos partidos sin merecerlo, pero pasó por algo y hubo que trabajar sobre ese algo. Racing ganó muchos partidos 1-0, pero no le hicieron goles en estos últimos 6 partidos. Es una virtud. Tal vez haya jugado mal con River, tal vez no haya sido una maravilla con Quilmes, tal vez haya ligado con Gimnasia. Pero no todo es tan lineal.

CLAVE. Otro de los puntos altos del torneo fue Sebastián Saja. Fue cuestionado por hinchas y dirigentes. Cedió la capitanía, se puso a trabajar y tuvo excepcionales trabajos en Quilmes y Rosario. Acá, justamente, le ataja el penal a Sebastián Martínez, del Cervecero.

CLAVE. Otro de los puntos altos del torneo fue Sebastián Saja. Fue cuestionado por hinchas y dirigentes. Cedió la capitanía, se puso a trabajar y tuvo excepcionales trabajos en Quilmes y Rosario. Acá, justamente, le ataja el penal a Sebastián Martínez, del Cervecero.

Siempre hay un mérito del que gana. Incluso, ese mérito puede haber sido aprovechar la única chance de gol que se le presente, como en La Plata con el Lobo o que se favorezca con un rebote por atacar masivamente, como con River. Pero es imposible darle todo el crédito a la suerte. Cocca llegó a Racing hablando de una cosa y, por el camino, se dio cuenta de que el equipo quedaba largo, de que no acertaba con la contención y de que perdía en el juego aéreo defensivo. Reforzó ahí, rodeó a Videla, afirmó a Aued y Gastón Díaz y, sobre todo, encontró en Bou al socio que necesita el gran fútbol de Diego Milito. Cocca logró convencer a sus jugadores, algo esencial para el trabajo el entrenador. Jugó muy fuerte cuando quedó eliminado de la Copa Argentina y más fuerte jugó cuando armó el equipo para completar el partido con Boca. Apostó a una idea diferente a la que trajo desde Defensa y Justicia y eso es una señal de inteligencia, no de renunciamiento. Ya habrá tiempo de trabajar la idea madre e intentar llevarla a cabo con otro marco, en otro contexto, con más tiempo. A este equipo, esta otra idea le quedó mejor, le dio mejores resultados. Racing manejó partidos muy difíciles y soportó trámites adversos sin perder nunca la línea. Y aún en esos momentos –vs. Quilmes, vs. Gimnasia– trató de descansar en Milito para que las cosas se pusieran menos densas.

CARAMBOLA. La pelota ya hizo su recorrido de flipper. Dio en Funes Mori y se mete despacito. Barovero gatea sin éxito, Diego Milito grita como un desaforado. Racing logra el gol que lo lleva a la punta del torneo.

CARAMBOLA. La pelota ya hizo su recorrido de flipper. Dio en Funes Mori y se mete despacito. Barovero gatea sin éxito, Pezzella sufre, Diego Milito grita como un desaforado. Racing logra el gol que lo lleva a la punta del torneo.

EL GOL DEL CAMPEONATO. El cabezazo de Ricardo Centurión ya partió hacia la historia. Racing se consagró en el partido final, pero ganó 13 partidos de 19 y le metieron sólo un gol en los últimos 9 partidos. Es un campeón con todas las letras.

EL GOL DEL CAMPEONATO. El cabezazo de Ricardo Centurión ya partió hacia la historia. Racing se consagró en el partido final, pero ganó 13 partidos de 19 y le metieron sólo un gol en los últimos 9 partidos. Es un campeón con todas las letras.

Tal vez la historia no diga que es el mejor campeón de todos. Pero Racing sabe que hacen falta algo más que palabras y pasión para ganar un torneo. Lo sabe Cocca, lo sabe Milito, lo sabe Saja, lo sabe Videla, lo saben todos. Racing encontró la ventaja en Rosario –genialidad de Milito, inteligencia en la búsqueda del pase y remate de Videla, offside de Díaz, error del juez de línea– y después jugó con esa ventaja. Le dio la pelota a Milito, amenazó con Bou, cortó con Videla, rompió por afuera con Centurión, fue seguro con Saja. Del partido con Godoy Cruz queda la consagración final, con un tránsito de 90 minutos tensos y difíciles. La espera de 15 días, más la ansiedad más la gloria al alcance de la mano alimentaron un cóctel difícil de manejar. Ese gol de Centurión fue el desahogo que todos necesitaban para poder vivir en paz la consagración.

Hay más apellidos que no están en las marquesinas más brillantes, pero que llenaron los casilleros como pedía el momento: Gastón Diaz, Pillud, Aued, Grimi, Hauche, Acuña, la dupla Lollo – Cabral. Ellos acompañaron a los líderes, les dieron el respaldo que necesitaban para sacar a Racing del barro y llevarlo al oro. Todos se golpearon, se cayeron y se levantaron.

Y hoy están arriba, abrazados la gloria.

 

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