RIVER, DEL SUFRIMIENTO AL GOCE

 

"PARA VOS..." Pisculichi acaba de convertir el gol de River y va a buscar a Gallardo. En la semana, el DT sufrió el fallecimiento de su madre y el plantel no esperó para dedicarle el logro.

“PARA VOS…” Pisculichi acaba de convertir el gol de River y va a buscar a Gallardo. En la semana, el DT sufrió el fallecimiento de su madre y el plantel no esperó para dedicarle el logro.

Ese penal a los 15 segundos que Germán Delfino cobró con toda corrección en favor de Boca marcó el destino de River. También el de Boca, pero sobre todo el de River. Hace mucho tiempo que la vida futbolera está sometiendo a River a pruebas durísimas. ¿Qué se fue a la B? Si, claro que se fue. El 26 de junio de 2011, bajó de categoría. ¡River! El River del Charro, Adolfo, Angelito, Amadeo, el Pato, el Beto, Enzo y el Burrito se había ido a la B. Los pozos suelen parecernos interminablemente profundos. A todos, no sólo a River y a los hinchas de River. Aquella vez, aquella temporada, aquellos viajes por el interior… River sufriendo contra rivales impropios de su prosapia. Pero regresó y, paulatinamente, fue recuperando sus terrenos.

El día que Antonio Vespucio Liberti decidió llevarse a River desde la Boca a Palermo Chico, River tomó una dimensión diferente a la que tuvo en su origen. Y esa dimensión, ese linaje se mantuvo a través de los años. Ni hablar cuando la ciudad de Buenos Aires se corrió al norte y River, otra vez llevado por Liberti, se fue a un lugar que era un bañado y levantó un estadio –este estadio de anoche– con una visión de futuro que aún provoca admiración. Empezamos con la dicotomía del penal que Barovero le atajó a Gigliotti y el descenso porque siempre es bueno saber que, en algún momento, te caiste al barro y pudiste. Nada es inmediato. La recuperación futbolística de River es progresiva. Es, en presente. River sigue trabajando para su recuperación. Volvió a Primera hace sólo dos años. El Pelado Almeyda lo trajo de vuelta y lo llevó de a poquito en sus primeros pasos en Primera. Lo acomodó. Llegó un momento en el que River necesitaba un salto. El ciclo de Almeyda había sido exitoso, los objetivos se habían cumplido. Entonces, rápidamente llegó Ramón Díaz, el técnico más querido y más añorado. También el riojano tuvo que hamacarse para acomodar al equipo. Como si el destino lo llevara de la mano, Ramón estuvo en los últimos puestos en el Apertura 2013 y pudo ser campeón a mediados de 2014. River ya había dado un primer paso. Volvió a ser campeón de un torneo de Primera División en el fútbol argentino. Siempre River tuvo destino de grandeza. Pero aún en los caminos más floridos hacia la gloria, aparecen caídas. River cayó. No cayó solo, lo hicieron caer. River se levantó. También hubo gente que lo ayudó a levantarse.

CLAVE. A los 15 segundos de juego, Rojas le hizo un penal a Meli. Barovero se quedó con la pésima ejecución de Gigliotti.

CLAVE. A los 15 segundos de juego, Rojas le hizo un penal a Meli. Barovero se quedó con la pésima ejecución de Gigliotti.

Ariel Rojas quiso rechazar  y Marcelo Meli se interpuso entre el botín del volante y la pelota. Rojas golpeó a Meli. Penal. Todos sabíamos que era penal. Los de River también, pero lo disimularon. Los de Boca creyeron que por lo temprano del partido, Delfino no lo iba a cobrar. Los jugadores de River fueron a protestar para ganar la gracias de sus hinchas (ellos sabían más que nadie que había sido foul de Rojas) y los excesos de Ponzio y Mercado les costaron sendas amarillas. La atajada de Barovero ante la pésima ejecución de Gigliotti fue el signo vital más claro que recibió River en el partido contra Boca y en este último tiempo. El cuadro de Marcelo Gallardo venía cayendo. La principal razón podría ser la física, pero no la única. Los rivales ya le jugaban de una determinada manera –Estudiantes lo superó y lo maniató con dos puntas sobre los dos centrales, impidiéndole la salida clara, lo repitió Olimpo y lo pensó Boca– y River estaba en el trámite de buscar y rebuscar una variante que le permitiera salirse de esa molestia. El Muñeco no es un entrenador de una sola idea, así que en esa búsqueda el cuadro de la Banda Roja va a encontrar, seguramente, alguna manera de superar obstáculos.

Boca también lo puso incómodo. Le metió mucha gente en el medio, los ya mencionados puntas fueron con Pezzella y Funes Mori, Carrizo hizo una buena primera hora por la izquierda, Meli (aún en su desorden) se corrió a la derecha para trabajar sobre Vangioni. Boca tuvo el penal, una de Gigliotti que tiró afuera solito frente al arco con Barovero arrodillado (13 minutos), una jugada que terminó con la pelota dentro del arco de River que el juez de línea Iván Núñez cortó por offside que no era y un cabezazo de Gigliotti — de nuevo– a dos metros de la línea del arco que terminó muy afuera. Fueron situaciones muy claras contra una llegada forzada de River –remate de Sánchez por arriba del travesaño– y el gol de Pisculichi, que recibió un pase de Vangioni que, en el inicio, había intentado ser remate al arco.

Con el antecedente de la primera mitad –Boca más cerca, River más preciso– pensamos en un Boca diferente. En el primer tiempo, mientras Gago estuvo en la cancha, el equipo de Arruabarrena tuvo cierto orden y buena salida. Sobre todo, en ese lapso Boca logró saltar varias veces la línea de presión que imponía River cerca de la mitad de la cancha y lo metió en problemas. Ponzio quedó muy solo, Sánchez y Rojas quedaron aislados y con un regreso incómodo y tardío. Esto le permitió a Calleri, Carrizo, Gago o Meli jugar con libertad a espaldas de Ponzio y llegar hasta la última línea millonaria con la pelota dominada. Cuando salió lesionado Gago (venía con problemas, terminó de romperlo Rojas con un golpe que Delfino no sancionó como correspondía), Arruabarrena decidió que entrara Fuenzalida. No pareció acertada la elección del reemplazante de Gago. Primero, porque la eficacia de Fuenzalida en Boca todavía está pendiente. Segundo, porque el chileno es un volante externo. Y Boca necesitaba alguien que entrara a intentar hacer “de Gago” o algo parecido. Tal vez hubiese sido más beneficioso un ingreso de Castellani o Cubas. Bocaq quedó rengo en el medio y Fuenzalida no dio la proyección esperada.

VASCO. El técnico de Boca pide la expulsión de Ponzio, después de que volteó a Carrizo estando amonestado. El arbitraje tuvo más aciertos que errores, pero quedaron cuestiones para discutir.

VASCO. El técnico de Boca pide la expulsión de Ponzio, después de que volteó a Carrizo estando amonestado. El arbitraje tuvo más aciertos que errores, pero quedaron cuestiones para discutir.

Como contrapartida, en los primeros 25 minutos del segundo tiempo River mostró su mejor cara. Esta carencia de Boca en el medio, ese reacomodamiento que pretendió sin éxito el DT de Boca, le quitó estabilidad al cuadro xeneize. Gallardo vio esto y reubicó a Sánchez y Rojas. Los cerró, los acomodó como interiores. Y Sánchez y Rojas fueron los dueños de ese sector. Ponzio no dio un pase bien en ese segundo tiempo, pero no sufrió en soledad como en el primer tiempo. Algunos dicen que cometió la suficiente cantidad de faltas como para merecer la roja. Es discutible. Pero lo que pasó fue que Ponzio se quedó en la cancha y no estuvo en una de sus mejores noches. Sánchez y Rojas salieron a bancar la parada. Y si bien Boca cercó a Pisculichi, River encontró caminos hasta Orión. Teo Gutiérrez (otra vez decidió pelear más que jugar, una pena) y Sánchez tuvieron situaciones como para terminar con el pleito más cómodamente.

El Vasco trató de corregir el error en el cambio de Fuenzalida por Gago y sacó al chileno para poner a Chávez cuando el segundo tiempo tenía 22 minutos de vida. Volvió a equivocarse cuando puso a Castellani por Erbes recién cuando al partido le quedaban 5 minutos. Boca tuvo cierto dominio cuando estvo Gago y cuando Calleri y Carrizo se conectaron. Al irse Gago, fue como si a Boca le sacaran la razón y lo condenaran sólo a manejarse por instinto.

El gol de Pisculichi tiene un mensaje histórico. River está de vuelta y, pese a la locura de su gente, lo está haciendo de manera progresiva. Las cuentas todavía no cierran, pero hay gente que trabaja para que cierren. La barra es un problema serio, que lleva años, pero la exposición que tuvieron esta semana tal vez los calme un rato.

ALEGRÍA SIN FIN. River ya ganó y celebra en el campo de juego del Monumental. Ahora irá por la final de la Copa Sudamericana a Medellín. Tiene con qué ganarla.

ALEGRÍA SIN FIN. River ya ganó y celebra en el campo de juego del Monumental. Ahora irá por la final de la Copa Sudamericana a Medellín. Tiene con qué ganarla.

Esta victoria ante Boca, este corte a una estadística negativa (nunca River había podido pasar una serie ante su acérrimo rival en un torneo internacional) y esa fiesta descomunal que los hinchas montaron en el estadio que soñó y construyó Liberti, son signos vitales muy fuertes de un gigante que se levantó del barro y va a tomar su grandeza. Y la grandeza de River no depende de si gana o no la Copa Sudamericana. La grandeza de River jamás estuvo en duda. Ni siquiera cuando debió enfrentar a ignotos rivales en lugares remotos para poder regresar a los sitios que nunca debió haber abandonado. Pero la grandeza de un club requiere de ciertos parámetros.

Los parámetros de River están claros: eliminó a Boca y va por la gloria completa. River está de regreso. Su reconstrucción goza de buena salud.

 

 

1 comentario

  1. Gustavo

    La verdad es que comparto casi todo de la nota con las siguientes salvedades. para mi el penal atajado es merito de barovero, ya que el tiro tenia destino de red. Ponzio no estuvo fino en el pase largo, pero si en el pase corto y la recuperación o el freno en los ataques. Y pezella y funes morí bancaron bien los pelotazos que a diferencia del partido anterior ganaron sin cometer faltas.

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