UNA SUAVE DESPEDIDA

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El público “de la Selección” no es el público standard de los domingos. Acaso la camiseta argentina no despierte la locura y la sinrazón que despiertan las camisetas de los equipos de nuestro fútbol. Al llegar al Monumental, en los alrededores, sorteando un excesivo y ridículo operativo policial (similar al de un clásico River – Boca, para un partido amistoso contra Trinidad y Tobago), se vieron muchas familias. Estos partidos son una gran ocasión para llevar a los pibes, ponerles la camiseta celeste y blanca, pintarles la cara, conocer el estadio de River y ver a Messi y sus compañeros. O sea, un partido amistoso de la Selección es para ir cómodo, con tiempo. Y para disfrutarlo.
La cercanía del Mundial cambia la ecuación de la pasión. Es el único momento en donde el sector futbolero del cerebro empieza a funcionar de otro modo. Ni siquiera las Eliminatorias elevan el nivel de adrenalina como el Mundial. Esto es un error. El partido de anoche, por ejemplo, es para tomar algo, sentarse en la butaca, cruzar las piernas y ver como quien ve a un músico de rock o una obra de teatro. En Eliminatorias se juega por los puntos. Si bien el sistema de disputa ayuda a los grandes del continente, no menos cierto es que al haber tres puntos en disputa los ceños de los rivales están mucho más fruncidos que los de los entusiastas y corpulentos muchachos de la selección de Trinidad y Tobago.
Sin embargo, como estamos ante un juego que está rodeado de pasión y de un público que opina todo el tiempo, estos partidos como el que anoche ganó Argentina 3-0 son un arma de doble filo. Fíjense que ayer también, Italia jugó un amistoso en Perugia contra Luxemburgo y empató 1-1. Los tifosi son tan bravos como los nuestros, a la hora de juzgar a sus jugadores. En la cancha de River, hubo una bandera ofensiva contra Basanta (“Traé garotos”) y un hincha declaró por Radio del Plata que “Rojo es horrible, hay que sacarlo”, después de un partido en el que los rivales casi no atacaron.
Los entrenadores, en cambio, sacan conclusiones que seguramente les servirán a la hora de la verdad. Y esto es lo que realmente sirve. Analizar el partido en términos de táctica y estrategia sería un trabajo inútil. Fue una exhibición para que nuestra gente vea a nuestros jugadores un rato. Consciente del carácter de “entrenamiento con público” del partido, Sabella prescindió de Higuaín, Garay, Agüero y Zabaleta, para nombrar sólo a los que son titulares. A estos 90 minutos hay que darles importancia, por ejemplo, porque Fernando Gago volvió a jugar al fútbol después de la seguidilla de lesiones que lo dejaron fuera del torneo local. Estuvo sólo 45 minutos, que era lo previsto y acordado por el técnico y el jugador. Uno podría decir que Gago “jugó mal” y que su puesto peligra por lo bien que está Lucas Biglia, pero el dato importante es que volvió y terminó bien. Un buen Gago nos va a dar un primer pase que pocos pueden dar. Biglia es un jugador interesantísimo al que Sabella vio cuando el ex Argentinos e Independiente aún estaba en el Anderlecht y está al acecho. No tiene el panorama de juego de Gago, pero en este momento, el que está más apto para ponerse la camiseta y salir a jugar un partido de un Mundial es Biglia. A Gago le falta jugar. Sabella tendrá que darle más minutos en La Plata y, según surja de ahí o de la precisión que tenga el volante de Boca, lo tendrá como titular o no el día que nos veamos cara a cara con Bosnia en Río de Janeiro.
Otras cuestiones que el técnico y nosotros pudimos ver fueron las presencias y desempeños de Campagnaro y Demichelis. El ex jugador de Deportivo Morón lleva más de 10 años jugando en Italia (Piacenza, Sampdoria, Nápoli, Inter), hecho que, de por sí, merece alto respeto. Italia tiene un fútbol rico en táctica y con defensores que conocen muy bien sus lugares. En ese sitio, Campagnaro hizo carrera. Que su apellido no esté en un lugar privilegiado de las marquesinas no está referido a sus condiciones, sino que esos lkugares quedan reservados para futbolistas que ocupan otras posiciones. Sabe adaptarse a la posición de lateral y es capaz de un cierre notable como el que hizo promediando el primer tiempo, cuando Kenwyne Jones quedaba mano a mano con Romero. Para ir al suelo en el área y en una situación límite como esa, hay que tener mucha categoría, hay que estar muy seguro de lo que se hace, hay que tener un sentido exacto del tiempo y la distancia. Sus proyecciones tal vez no sean las de Zabaleta, cuyo origen es la posición de volante. Por ahí, Campagnaro no seduzca con un manejo de la pelota pulido y bonito, pero es fuerte en la marca, cuando pasa al ataque lo hace con criterio y difícilmente le de la pelota a los rivales.
Martín Demichelis es otro tema. En 2006, siendo figura del Bayern Munich José Pekerman lo dejó fuera de la lista de un modo muy doloroso, muy injusto. Este golpe más algunas cuestiones particulares le provocaron una caida en su carrera. Dejó el Bayern Munich y llegó al Málaga, convocado por Manuel Pellegrini, el mismo entrenador que lo valoró y potenció en sus primeros pasos en River. Hizo historia en el club español y, nuevamente Pellegrini, lo llevó al Manchester City. El resto es más conocido. Su error en el partido contra Bolivia en 2011 fue determinante para que las preferencias de Sabella en cuanto a centrales viraran hacia Federico Fernández y Ezequiel Garay. Pero este regreso de Demichelis a los primeros planos, esta recuperación que culminó con su presencia constante en el ganador de la Premier League, le dieron un merecido lugar entre los 23. Al igual que Campagnaro, anoche cerró como último, mano a mano con el delantero más peligroso del cuadro visitante.
Lo que hace falta, en términos defensivos, es achicar el espacio entre defensores y volantes y que los dos volantes centrales alcancen el rendimiento óptimo lo antes posible. Mascherano, anoche, jugó como para decirnos que él ya llegó a ese nivel. Si Gago no llega al 100, entonces que ese lugar sea de Biglia. En ese lugar del equipo, está el núcleo de todo.
Lo bueno es que Sabella lo sabe.
El resto –Messi, Agüero, Higuaín, Di María, Lavezzi, Palacio y los demás– tienen más o menos claro cómo hay que hacer para llevar a la Argentina a lo más alto o muy cerca de eso. Del medio para atrás, hay que cuidar como un tesoro lo que se consiga arriba.
El fútbol es eso, ni más ni menos.

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