29 de octubre de 2020

Es difícil analizar a un entrenador o a un futbolista actual, sin tener la perspectiva que dan los años ni el encanto que produce la nostalgia. La memoria selecciona y, en esa selección, suele quedarse con los recuerdos más gratos. Esto pasa mucho en el fútbol. Cuanto más uno se aleja del tiempo, más cosas buenas ve en el futbolista o en el entrenador. Y, sobre todo, ya no ve las malas.

Marcelo Gallardo puede con eso también. Se pasa la vida rompiendo parámetros y creando nuevos. Algunos lo ven parecido a Bielsa, otros a Passarella, incluso lo ven parecido a Menotti y a Bilardo. Es más, algunos lo ven parecido a Dios, pero afeitado. La realidad es que meterse un rato en las cosas del Muñeco Gallardo es fascinante. Es el mejor entrenador de la Argentina, dicen casi todos, pese a que en sus dos últimos grandes desafíos –final de Libertadores 2018 con Flamengo, pelea mano a mano con Boca por la Superliga 2019/20– la gloria se la llevaron los rivales.

EL GRAN ESTRATEGA. Marcelo Gallardo fue un futbolista muy talentoso y de un carácter que le permitió sobreponerse a situaciones adversas. Se convirtió en un entrenador con una influencia decisiva en sus equipos, capaz de armar y desarmar esquemas sin aferrarse a compromisos con los futbolistas ni a resultados condicionantes. Sus logros le dieron una espalda y una confianza que seguirá en su cargo hasta que él decida hacer la experiencia internacional.

Gallardo saltó todas estas vallas. Con las dos copas iniciales, se construyó una inmunidad que le permitió tener el tiempo suficiente para armar a River todo (Primera, inferiores, todo) a su imagen y semejanza. Y su imagen y semejanza es el orden, la evolución permanente, el cambio que busca una perfección que él mismo sabe que es inalcanzable. Por esa perfección que no llega ni llegará, Gallardo ganó confianza por la obtención de las dos primeras copas –en ambas dejó a Boca por el camino– pero armó su fortaleza a partir del trabajo y sus métodos. Esa edificación de poder y métodos trajo a colación un carácter más duro, una vida más alejada del resto de las personas y un respeto del medio que, no recuerdo, hayan tenido muchos en este mundo de irrespetuosos que es el fútbol. Marcelo no sólo ganó partidos. También ganó su intelecto, ganaron sus premisas, sus maneras y sus ideas. Ese es el mayor triunfo que puede tener un entrenador, que sus ideas y sus métodos se vean reflejados en el andar diario, ya no de un equipo, sino de toda una institución. Haber logrado esto es realmente fantástico. Saca al DT de la simple posición de armador del equipo y lo convierte en alguien más integral, mas consustanciado con la vida y la historia del club. Algunos ex jugadores y entrenadores de la vieja guardia dicen que esto “distrae a un técnico de su función, que es armar un equipo que gane el domingo”. Estoy de acuerdo con Gallardo en profesionalizar todas las áreas del club y ocuparse de eso. Finalmente, redundará en un fútbol profesional glorioso.

Que River tenga un futbolista en el campo con un brazalete de capitán, es una mera formalidad. El capitán de River fue, es y será Gallardo, sin que esto suene irrespetuoso para Maidana, Ponzio o quien haya tenido esa responsabilidad. Sobre todo, después de ganar Sudamericana ’14 y Libertadores ’15, Marcelo tomó muy fuertes las riendas y decidió cuestiones importantes. Esos dos títulos fueron obtenidos con casi los mismos jugadores, pero con diferentes equipos. En 2014 –equipo muy apreciado por aquellos que dicen ser “amantes del buen fútbol’— el juego estuvo marcado por Leonardo Pisculichi, uno de los dos refuerzos que pudo traer Gallardo (el otro fue Cherini, el arquero suplente) al inicio de su gestión. El equipo que tomó venía de ser campeón. Esto puede ser una carga o una ventaja, dependiendo de qué carácter tenga el DT o su llegada al jugador, dos ítems que Gallardo aprobó con creces.

SUDAMERICANA 2014. El primer equipo de Gallardo tuvo la brillantez del fútbol de Pisculichi como sello distintivo. Ese equipo fue reconocido muchas veces como “el mejor equipo de los que armó Gallardo”, pese a que después armó otros equipos para jugar de otras maneras diferentes. Arriba: Barovero, Vangioni, Maidana, Mercado, Ramiro Funes Mori, Kranevitter. ABajo: Teo Gutiérrez, Pisculichi, Mora, Ariel Rojas, Carlos Sánchez. Ponzio aparecerá tras una lesión de Kranevitter, pero en este esquema de un solo volante central, el titular fue el pibe tucumano.

EL ORÍGEN. La Sudamericana, el penal que Barovero le ataja a Gigliotti, el gol de Piscu. Esta fue la primera Copa. Después llegarían muchas más.

A Gallardo le jugó a favor, porque él ya tenía el carácter y la capacidad para tomar decisiones fuertes y claras. Pisculichi fue el único futbolista titular que llegó desde otro club, pero también puso en valor a Carlos Sánchez y a Rodrigo Mora, ambos descartados en el último ciclo de Ramón Díaz. Ese equipo ganador del Pelado tenía en el colombiano Carbonero a una de sus máximas figuras y su salida, recordemos, fue motivo de largas cavilaciones de Francescoli y los dirigentes. Sin embargo, Gallardo sabía de las virtudes de Carlitos Sanchez, futbolista traído por Almeyda para lograr el ascenso en 2011/2012. Rodrigo Mora y Leo Ponzio, otros dos descartados por Ramón, terminaron siendo pilares fundamentales en las primeras campañas de la gestión de Marcelo.

Eso ya parece muy lejano. Y es lejano, si tenemos en cuenta que durante el ciclo de Gallardo, hubo tres Presidentes de la Nación (final del ciclo de Cristina Fernández de Kirchner, gestión completa de Mauricio Macri, principio de Alberto Fernández), dos Mundiales y tres Copas América. Ese tiempo es el que Gallardo se está tomando para que River sea una potencia que sobreviva a su gestión.

Lo primero que hizo Gallardo, una vez asentado en su puesto, fue revaluar a esos jugadores. El club no estaba con su economía sana y no podía salir de shopping. Por eso, como quedó dicho, sólo llegaron Pisculichi y Cherini y hubo que darle continuidad a activos del club que estaban en distintos exilios y Gallardo necesitaba. Esa Sudamericana 2014 fue la piedra basal de todo lo que llegó luego.

PIEDRA BASAL. Esta foto es del 6 de junio de 2014, “cuando todo era nada, nada, el principio…”, como decía Vox Dei en La Biblia. Presidente, entrenador y manager. Esta trilogía exitosa empezó en un plano horizontal, pero, con el tiempo, Gallardo se convirtió en referencia absoluta. Con el nuevo orden, a seis años de aquello, todos están cómodos así. River se cubrió de gloria y dinero en estos años y revirtió la historia con Boca.
PRIMERA CONFERENCIA DE PRENSA. El 6 de junio de 2014, Marcelo Gallardo comenzaba su ciclo como entrenador de River. Hablaba de respetar la historia del club. La realidad superó sus sueños.

Desde esa Sudamericana, Gallardo nunca dejó de avanzar y de evolucionar en busca de un horizonte mejor. Su Cuerpo Técnico está compuesto por 19 personas y cada una de ellas es indispensable para el trabajo de todos los días. Marcelo es un obsesivo de su trabajo, aunque no es un término que le guste. Prefiere hablar de pasión. Como fuere, es capaz de estar en el club desde las 7 de la mañana hasta las 10 de la noche, atendiendo diferentes cuestiones. No es el único que lo hace, desde ya, pero si tenemos en cuenta lo que significa para River, la cantidad de gente que trabaja junto a él y la no obigatoriedad del asunto, tiene cierto mérito.

Después de esa Sudamericana, hizo un cambio clave que también definiría un rasgo saliente de su gestión: juega el que está mejor y si el cambio lo obliga a modificar sistema, se modifica sistema. Hay quienes juntan, por una razón de cercanía cronológica, al Campeón de la Sudamericana 2014 con el ganador de la Libertadores 2015. Pero son dos equipos diferentes. Alguna vez, Gallardo me dijo que “el que mejor representa mi idea es el de 2014”, pero el mejor partido de su ciclo, en términos de dificultad y rendimiento acorde, es el que ganó 3-0 en Belo Horizonte ante Cruzeiro, con una noche inolvidable de Teo Gutiérrez. Ese equipo era diferente al del 2014. Jugaba con un doble volante central, con Ponzio y Kranevitter. Había salido Pisculichi por bajo rendimiento. Tenía tendencia al 4-4-2, esquema que quedó claro en la revancha con Tigres, cuando jugaron Sanchez y Bertolo sobre los costados, Ponzio y Kranevitter de doble volante interno y Cavenaghi y Alario (dos delanteros centrales) en el ataque.

LIBERTADORES 2015. Arriba: Barovero, Vangioni, Maidana, Ramiro Funes Mori, Alario, Cavenaghi. Abajo: Mayada, Ponzio, Kranevitter, Bertolo, Carlos Sánchez. Esta es la formación de la final de vuelta con Tigres. Aparecen Bertolo y Mayada como caras poco frecuentes del equipo titular, falta Mercado. Armó un 4-4-2 clásico, con mucho juego por las bandas y dos goleadores. Cavenaghi jugaria su último partido en River. Esta es la formación del “Doble volante central”, formada por Ponzio y Kranevitter. Decayó el nivel de Pisculichi y decidió cambiar el esquema, aunque mantuvo el estilo agresivo que caracteriza a los equipos que formó Gallardo desde 2014.
GANÓ EN MADRID. Marcelo Gallardo, entre muchas otras cosas, fue el entrenador de River en la que, acaso, sea la victoria más trascendente de la historia: la obtención de la Copa Libertadores ganándole a Boca 3-1 en el estadio Santiago Bernabéu. Así lo festejo en el Monumental. Fue el pico máximo de su gestión.

Esa noche, aparecieron dos características en la forma de conducir de Gallardo, que lo acompañarían en estos seis años. Una de ellas, es la de sacar del equipo a un futbolista que le dio gran rendimiento y que, en algún momento, dejó de dárselo. Fue el caso de Pisculichi en 2015 y, actualmente, son los casos de Pratto y Juanfer Quintero. Estamos hablando de quien hizo el gol decisivo a Boca en la Semi de la Sudamericana ’14 y de los autores de dos de los goles mas trascendentes de la historia de River, en la final de la Libertadores ’18, ni falta hacer recordar a qué equipo se los hicieron.

Tanto Piscu como el Oso y Juanfer tienen su lugar privilegiado en toda esta historia, pero no pudieron sostener el rendimiento en el tiempo y salieron. Porque, para Gallardo, River está adelante de todo y la victoria es el desvelo colectivo, más allá de ambiciones individuales.

La otra cuestión que distingue a Gallardo es la de la exigencia de un compromiso total. Ariel Rojas había decidido irse de River, detrás de una buena oferta del fútbol mexicano. Asi se lo hizo sabe el jugador a Gallardo y el representante a los dirigentes. Marcelo no admite que un jugador no quiera estar en River, que vaya sólo detrás del dinero y no piense en la gloria. Sin embargo, Rojas le venía como anillo al dedo para ese partido con Cruzeiro. El ex Godoy Cruz era un volante izquierdo, en sus orígenes, y Gallardo formó una excelente dupla con Rojas y Vangioni. River había perdido de local y había que dar vuelta la serie.

  • Necesito que juegues contra Cruzeiro. Sé que te vas, pero quiero que juegues como si siguieras. ¿Podés hacerlo? ¿Podés jugar sin pensar en la transferencia ni en la guita?
  • Por supuesto, Marcelo. Todavía estoy en River. Voy a dejar todo.

Ese diálogo –que tal vez no sea textual, pero existió y giró sobre esos términos– fue determinante. Gallardo le pidió a un futbolista sentido de pertenencia, coraje y compromiso. Estos tres ítems son indispensables para un jugador de River. Se llame como se llame, si sólo falta uno de estos tres tópicos, no juega.

AMOR INCONDICIONAL. El de Gallardo es un caso muy curioso. A diferencia de Labruna o Ramón Díaz, no fue ídolo como futbolista. La gente de River lo quería, lo respetaba como producto genuino de las inferiores, pero estaba lejos de ocupar un lugar en el Olimpo de los grandes ídolos. Ese sitio recién lo consiguió como entrenador. Los hinchas millonarios lo aman con locura y él lo disfruta con esa felicidad que describe su sonrisa.

EXHIBICIÓN. El 28 de mayo de 2015, River ganó 3-0 en Belo Horizonte, dándole un baile inolvidable a Cruzeiro. Había perdido 0-1 en el Monumental y Gallardo recurrió a todo su armamento para llevarse una victoria clara. Incluso, convenció a Ariel Rojas de que juegue con compromiso, a pesar de que ya estaba concretada su venta a Cruz Azul. Los goles fueron de Carlos Sánchez, Jonatan Maidana y Teo Gutiérrez, que, esa noche dio cátedra y nunca más jugaría con la Banda Roja.

El final de esa historia es que River venció 3-0 a Cruzeiro con una actuación fenomenal de Teo, Rojas y todo el equipo y todos quedaron felices. El paso a Semis se había conseguido y ahora había que esperar el final de la Copa América de Chile para continuar.

  • Marcelo, lo pensé mejor. Quiero quedarme.
  • Ya me dijiste que te querías ir. Ahora andá a México, sacate las ganas y, si alguna vez existe la chance de volver, veremos. Gracias por lo de anoche.

Gallardo no le perdonó el haber dicho que no quería estar más. Pero Rojas volvió en 2017 porque se arrepintió y porque Gallardo le valoró aquella entrega contra Cruzeiro. En cambio, Marcelo nunca estuvo abierto a los regresos de Barovero, Vangioni y Teo Gutiérrez, por ejemplo. Se quisieron ir, sacaron ventaja de una situación compleja de sus contratos y dieron prioridad a otras cuestiones. Gallardo no les reabrió la puerta del club.

¿Esto está mal? Depende del prisma con el que se mire. Hay un tema de libertad individual, de trabajar donde mejor paguen, digamos. De hecho, Gallardo jugador se fue de River dos veces y terminó su carrera en Nacional de Uruguay. Pero aquí entra a tallar algo de lo que se habla mucho y en pocos lugares se ejerce, que es el sentido de pertenencia. Me parece muy bien que un entrenador, con funciones que van más allá de lo convencional, se afirme en esa idea de compromiso en tiempos de “futbolistas golondrina”.

Los méritos de Gallardo al frente de River en estos seis años de gestión se cuentan por cientos. Montiel central convertido en lateral de Selección Argentina, haber visto un año antes que los ciclos de Maidana y Pinola se iban cerrando y traer a Robert Rojas para que se adapte con tiempo, esperar el tiempo de maduración de Martinez Quarta, Borré, Nacho Fernández, las segundas partes de Casco que sí fueron buenas, dos bailes extraordinarios a Racing, grandes victorias en la Bombonera, muchísimo tiempo sin perder clásicos, Alario titular y debutante en semifinal de Copa con Saviola, Aimar y Cavenaghi en el banco, escuchar a Driussi cuando le pidió una chance como delantero, poner a Enzo Pérez de volante central tras esperarlo seis meses de adaptación, la recuperación de Sánchez, Ponzio y Mora, la elección de Armani, Saracchi jugó poco, bien y River lo vendió bárbaro, la paciencia y la constancia para encontrar el mejor rendimiento del Pity Martinez contra el murmullo de los hinchas, la gestión de los minutos de Juanfer Quintero pese a la impaciencia de la gente y el deslumbramiento de cierta prensa, la gradual aparición en Primera y posterior confirmación de Exequiel Palacios, el debut de 34 jugadores provenientes de las inferiores… Ni hablar de la final de Madrid.

Por supuesto, como la perfección no existe y una parte del trabajo a largo plazo en la prueba y error, también hay yerros o apuestas que no salieron bien, consagrados que no rindieron como se esperaba. Lollo y Larrondo –ambos sin revisión médica aprobada– por 7 millones de dólares, Bertolo llegó un año más tarde de su pico de rendimiento y aunque jugó la final de 2015, quedó la idea de que su mejor momento había pasado. Arzura, Iván Rossi, Arturo Mina, Nico Domingo, Tabaré Viudez, Lucho González, Saviola, Aimar, Auzqui… El cambio de Julián Alvarez por Nacho Fernandez en la final de 2019, poniendo a correr a un equipo que no podía correr más, la pérdida del último torneo local en la jornada final…

LA COPA SE MIRA Y SE TOCA. Madrid ya es un recuerdo imborrable y la foto es un símbolo. Gallardo comparte grito y trofeo con Maidana, Ponzio y Enzo Pérez, absolutos referentes de un equipo que suele ganar sin dejar dudas. “Me gusta que el equipo se merezca lo que consigue”, me dijo una vez el DT de River. En la final contra Boca, se dio el gusto de su vida.

SU OBRA MAESTRA. Acaso la victoria sobre Boca en Madrid sea el pico más alto de su trayectoria. Es difícil que suceda algo tan importante, tan perfecto, tan glorioso. River ganó la Libertadores, algo que le cuesta mucho siempre, y, además, se la ganó a Boca. Perdía 0-1, no la tenía fácil, pero Gallardo –que no estaba en el banco por suspensión– y su eterno compañero Matías Biscay, hicieron una jugada genial que cambió todo: entró Juanfer, salió Ponzio. Fue una patada al tablero, una revolución estratégica para un equipo que estaba navegando en la hibirdez táctica. Fue 3-1. Fue la victoria más trascendente de la historia de River.

Los seis años de gestión de Gallardo son brillantes. Brillante no es sinónimo de perfecto, ni de que se ganen todos los partidos, ni todos los campeonatos ni todas las copas. Brillante es pensar un equipo que juegue como el estilo que entrenador elija y lo haga, brillante es pensar una estructura que sirva para alimentar a ese equipo con chicos que lleguen a Primera sabiendo cuáles son los conceptos principales. Brillante es recorrer el club de punta a punta y ver que en cada rincón las cosas son y suceden como las planeó Gallardo.

A Marcelo Gallardo no le dieron la llave de River. Las tiene porque se las ganó y, como sabemos, está en las mejores manos.


TITULOS GANADOS POR RIVER CON GALLARDO COMO ENTRENADOR

2014 – 2020

  1. Sudamericana 2014
  2. Libertadores 2015
  3. Suruga Bank 2015
  4. Recopa Sudamericana 2015
  5. Recopa Sudamericana 2016
  6. Copa Argentina 2016
  7. Copa Argentina 2017
  8. Supercopa Argentina 2017
  9. Libertadores 2018
  10. Recopa Sudamericana 2019
  11. Copa Argentina 2019

Diego Chavo Fucks

Diego Chavo Fucks

Me llamo Diego Fucks, pero me dicen Chavo. Soy periodista de medios gráficos, radiales y televisivos desde 1982 y mi especialidad es el fútbol. Me encontras en: TELEVISIÓN Conductor de Tarde Redonda por FOX SPORTS de Lunes a Viernes de 17hs a 19hs. Columnista de 90 Minutos de Futbol por FOX SPORTS de Lunes a Viernes de 13 a 15hs RADIO Conductor de Rezo Por Vos de Radio Nacional AM 870 y Nacional Folklorica FM 98.7 de Lunes a Viernes de 9 a 12hs. LIBROS Eliminatorias 98, un camino largo y sinuoso (1997) Editorial Alfaguara El Libro de Boca (1999) Editorial Alfaguara El Libro de River (1999) Editorial Alfaguara Duelo de Guapos (2005) Distal Libros y Pensado Para Televisión. Tévez, La verdadera historia (2016) Ediciones B. Jugados (2000) EUDEBA -coautor- Esta página la he creado para que podamos comunicarnos mas asiduamente, para poder compartir mi trabajo con vos y que podamos, vos y yo, disfrutarlo. Podes opinar, sugerir y hacer consultas desde aquí. ¡Gracias por estar… una vez mas!

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